Yo no he cobrado ni un duro
Las jóvenes que estaban encerradas en el Juntas de Protección de Mujeres Fueron obligados a trabajar sin recibir ningún tipo de compensación. Consuelo García del Cid. afirma que eran «trabajos forzados» ya que no tenían opción a negarse.
«Explotación laboral total, porque no he ganado ni un céntimo», añade. bala blanca. Como se señaló carmen guillenlas mujeres que vivían allí eran utilizadas»como mano de obra gratuita«El día a día dentro de una de estas instituciones se podría resumir en silencio, religión y trabajo», indica.
Las jóvenes hicieron de todo: confección de muñecas, tejido, confección, estampación y bordado. «Tengo bordados capotes de torero, trajes de torero, casullas de cura, manteles, de todo», recuerda el escritor. Paca dice que en el Patronato donde estuvo sábanas o manteles bordados.
Loli Gómez, otra de las supervivientes, recuerda que unos cuantos cajas de carton que tuve que pegar con pegamento. «Nosotras, las mujeres embarazadas, inhalamos la cola», dice.
Consuelo recuerda que estaba en el taller de muñecas y que tuvieron que coser unos payasos que estaban rellenos de dulces. «Dentro de los cuerpos de esos muñecos metíamos papeles: ‘Por favor, sáquenme de aquí'».Padre Damián, 52 años, Madrid‘, ‘Ven a buscarme que me voy a morir'», explica.
Y, mientras eran explotados, los las monjas se quedaron con los beneficios. «La gente siempre creyó que las dulces monjas hacían ajuares de novia… ¡No! ¡Nosotros lo hicimos! Y lo vendieron por una fortuna», denuncia García del Cid. «Esos manteles y esos juegos de sábanas Lo que decían de los ajuares de las niñas ricas, bordados por monjas… que sepan que son bordados por monjas. por mal camino«, concluye Paca.
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