La isla intenta resistir entre apagones, precios imposibles y una emergencia energética sin precedentes
La política de Donald Trump asfixia a Cuba. Los cubanos ya afrontaban una situación crítica, marcada por apagones constantes, una inflación inasumible y la falta de electricidad, que agrava aún más las dificultades cotidianas en el país. «Para nadie es un secreto la situación que vivimos», afirma Eladio Pérez, residente en La Habana. Su abuelo, de origen español, llegó a Cuba con tan solo seis años. Aunque la capital cubana vive una realidad algo menos dura que la de las provincias, no se libra de los apagones recurrentes. Una precariedad que deja consecuencias cada vez más graves: «Llevamos meses de frío intenso,e con temperaturas que llegan hasta los cero grados». Pero la crisis energética –derivada del endurecimiento del bloqueo energético impuesto por el presidente de Estados Unidos, que restringe la importación de crudo– no hace sino profundizar estos efectos.
[–>[–>[–>Mientras una Cuba exhausta lucha por sobrevivir, la ciudadanía se enfrenta a una escalada constante de precios. «La mayoría de los productos hay que comprarlos en las Mipymes –negocios privados que comenzaron a autorizarse a partir del año 2021 como parte de las reformas económicas del Gobierno–, donde los precios son mucho más altos de los normal», explica Pérez. «Yo voy a buscar mi pan y, por ahora, lo consigo», añade, pero reconoce que hay muchas otras carencias a las que se enfrenta: «Uno trata de buscar variantes para salir adelante en esta situación». Esta realidad se repite en el ámbito sanitario, donde la escasez de medicamentos se ha convertido en otra de las dificultades cotidianas.
[–> [–>[–>El problema, resume Remigio Valdes –cubano descendiente de canario– es la «galopante inflación» que responde a la existencia de «un mercado ilegal de dólar» que compite con el tipo de cambio oficial y encarece los precios de casi todos los productos. «Hay tiendas que venden en dólares, pero a nosotros no nos pagan en esa moneda«, denuncia. Aunque en los pequeños y medianos negocios privados es posible encontrar productos, los precios resultan inasumibles para la mayoría de la población: «Le sangran el bolsillo a cualquiera, ese es nuestro día a día».
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El contexto internacional
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El contexto internacional, cada vez más inestable, agrava este escenario. Las medidas de contingencia aplicadas al consumo eléctrico, el transporte, el trabajo y la educación para hacer frente a la actual escasez de combustible que sufre el país caribeño han puesto en jaque al Gobierno cubano, que ha comenzado a dar algunos pasos para paliar la crisis energética. Los servicios vitales se han restringido. Los hospitales han reducido las intervenciones quirúrgicas no urgentes y las universidades han suspendido las clases presenciales para trasladarlas al formato telemático, con todo lo que ello implica: dificultades de conexión, falta de acceso estable a internet y dispositivos, y una brecha digital que deja a muchos estudiantes en clara desventaja.
[–>[–>[–>La crisis social golpea con especial dureza a los sectores más vulnerables, como las personas jubiladas. Remigio –que tiene 74 años– ha vivido todas las etapas de la historia reciente del país caribeño. Por su descendencia canaria llegó a desempeñarse como vicepresidente de la Asociación de Canarios en Cuba y sostiene que su pensión no le alcanza para «vivir como es debido». Así, se atreve a calificar esta etapa de Cuba como la peor que ha vivido la isla. Las medidas de Washington en relación con el suministro de petróleo son, directamente, «criminales».
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Más allá de la crisis social, las restricciones representan un mazazo para la economía cubana. El Gobierno de la Isla informó a las aerolíneas internacionales que no dispone de combustible suficiente para garantizar la aviación, lo que tendrá un impacto directo sobre el turismo, que representa uno de los principales pilares económicos del país caribeño. Entre las compañías más afectadas se encuentran varias estadounidenses, españolas, panameñas y mexicanas. A nivel mundial, explica Miossoty Paradelo, se está organizando el envío del primer barco de petróleo a Cuba, financiado por cubanos residentes en el exterior para asegurar que el combustible llegue a la Isla.
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[–>El futuro
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Pero las expectativas no son alentadoras. Aunque Cuba explora la posible utilización de sus reservas de crudo, el petróleo disponible solo permite cubrir el 37% del consumo diario del país. Esta cifra desciende hasta el 34% si se tiene en cuenta la aportación de la energía solar y otras fuentes fotovoltaicas. Los datos dejan al descubierto un déficit de alrededor del 30% del suministro energético necesario cada día. En este contexto, la dependencia de Estados Unidos se convierte en un arma de doble filo. La Casa Blanca ha amenazado con imponer aranceles a los países que suministren petróleo a la Isla y no hay previsiones claras sobre cuándo podría mejorar la situación. Luis Alberto, cubano y descendiente de canarios, vive en una provincia cercana a La Habana y describe un panorama desolador. «La situación es bastante mala», asegura, y se vuelve crítica si se tiene en cuenta que muchas familias cocinan con gas, lo que dificulta la preparación de alimentos. «Ahora queda esperar», resume.
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La respuesta internacional comienza a articularse. El Gobierno de Chile evalúa el envío de ayuda humanitaria a la Isla, mientras que México ya ha iniciado el traslado de asistencia y ha enviado dos barcos con 814 toneladas de alimentos y otros productos para paliar el bloqueo petrolero de Estados Unidos. Este bloqueo, además de aumentar la presión sobre La Habana, ha venido acompañado de declaraciones de Washington, desde donde se aseguró que Cuba tiene «los días contados» por la falta de combustible, por lo que se espera que la crisis conduzca a «un cambio de régimen». «Nunca pensé que esto pudiera llegar a suceder», reconoce Paradelo en referencia al aumento de la presión intensificada tras la intervención militar en Venezuela el pasado 3 de enero. «Es algo cruel para el pueblo cubano», concluye Paradelo.
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