partidarios y detractores entre quienes la ven a diario
La división política que se ha generado en torno a la retirada o permanencia de la escultura dedicada a los «Héroes del Simancas», que adorna la fachada del colegio de la Inmaculada, también tiene su reflejo en las calles. La postura ciudadana no es unánime. Entre los vecinos del entorno afloran muchas voces partidarias de dejar el monumento como está, aunque también hay otras que creen que la obra de Manuel Álvarez Laviada debe ser retirada. En el medio, no pocos a los que les es indiferente.
[–>[–>[–>Francisco Gallardo y Carmen Bacalú. / Marcos León
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«¿Para qué gastar dinero? La historia está ahí, lo que hay que hacer es admitirla, no querer cambiarla. El monumento ha estado siempre aquí, mi familia vive enfrente desde hace más de 80 años y mi padre trabajó en la reconstrucción del edificio después de la Guerra Civil», reflexionaba Francisco Gallardo. «Nunca ha molestado, no sé qué símbolo tiene para poder quitarlo, tan solo son ángeles con una cruz, que yo vea», añadía.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Más combativa se mostraba ayer por la mañana su compañera, Carmen Bacalu. «¿Cómo que van a quitarlo? Si hace falta, es para hacer una sentada en la que nosotros participaríamos» para impedir la retirada del monumento que plantea ahora la Consejería de Ordenación de Territorio, Urbanismo, Vivienda y Derechos Ciudadanos del Principado de Asturias, que lidera Ovidio Zapico, de Izquierda Unida, y a la que se opone el Ayuntamiento de Gijón al advertir que el monumento está protegido por el Catálogo Urbanístico.
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Virginia Gil Torrijos. / Marcos León
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En una línea similar se posicionaba Carlos García. A su juicio, los dirigentes políticos «lo que plantean hacer aquí es para tener entretenida a la gente, en vez de dedicarse a lo que importa». O Javier Garnang, quien rechazaba que se retirase el monumento «porque forma parte de la historia». «Lo que creo es que deberían limpiarlo, está en un estado lamentable», advertía este gijonés. «Ya está aquí y no molesta, y no creo que colocando una placa se evite la polémica, porque siempre va a haber alguien que no quede contento», añadía, por su parte, Álvaro Ramos.
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Fernando Vázquez frente a la sidrería «El Pegoyu» / Marcos León
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Otros vecinos reflejaban cierta indiferencia ante la polémica originada. Antonio López es antiguo alumno del colegio de la Inmaculada. «No me estorba si lo dejan, pero si lo quitan, tampoco me importa nada», aportaba. Una opinión compartida por su mujer, Margarita Rodríguez: «A mí me da igual». Respecto a la polémica que se ha levantado en torno al monumento, coincidían en que una fórmula que contemplar podría ser zanjarla «colocando una placa como recordatorio y en la que se cuente lo que pasó, la historia».
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Carlos García paseando a su mascota «Chuski». / Marcos León
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Pero el debate proveniente de la política va más allá de los vecinos, y también opinan quienes tienen un negocio en el entorno del centro de la Compañía de Jesús. Cerca del monumento está, por ejemplo, la sidrería El Pegoyu. El hostelero Fernando Vázquez tiene claro que la idea «no me parece bien». «A mí no me estorba, lo que tienen que hacer es limpiarlo, porque es cultura. Lo que hay que hacer es olvidar lo pasado. ¿O también van a pedir demoler los pantanos y las casas para mineros que hizo Franco?», reflexionaba en voz alta el empresario.
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Javier Garnang. / Marcos León
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«Trasladarlo a un museo»
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Y entre las voces contrarias, la de la escritora asturiana Virginia Gil Torrijos, uno de cuyos abuelos y un tío abuelo formaron parte del grupo del miliciano Higinio Carrocera, que en agosto de 1936 tomó el cuartel del Simancas. «¿Los verdaderos héroes quiénes fueron, los que estaban dentro o los que se jugaron la vida para desarmar a unos militares golpistas?», se preguntaba Gil Torrijos, que abogaba por que se retire el monumento «y se traslade a un museo con simbología de uno y otro bando y se explique la historia».
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Chus Bernabé. / Marcos León
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También a favor de su retirada aportaba su visión Chus Bernabé, vecino de Ceares. «No cumple con los requisitos de la Memoria Histórica, y si no cumple, hay que quitarlo», remataba.
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Álvaro Ramos. / Marcos León
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