Misoneísmo y tenaz resistencia
Es posible que todo el mundo tenga algunos motivos o algunas razones. Es posible, por otro lado, que esos motivos o razones tengan un fundamento mayor o menor. Pero lo que es evidente es que existe en nuestra sociedad, en la española en general, un fuerte misoneísmo, una oposición decidida a las novedades que vengan a alterar el panorama industrial, paisajístico o de los servicios. Ese misoneísmo viene, con frecuencia, adobado con una falacia argumental, la de «non na mio quintana», esto es, «no estamos en contra de que se instalen tales industrias, equipamientos y servicios, pero no aquí», y, claro, cada nuevo «aquí» es un «no aquí».
[–>[–>[–>En otros casos, el argumento es que los nuevos servicios van a significar un deterioro o una merma de los servicios públicos. Uno no entiende, en verdad, salvo que vayan a recibir dineros que se detraigan de la red sanitaria pública, cuál es el problema de que se instalen hospitales privados. Es más, contribuirán a aliviar la carga que pesa sobre la sanidad pública cuando acudan a ellos los que puedan costear el servicio (por cierto, es ya muy alto el número de los que recurren actualmente a instituciones sanitarias privadas ante la demora en la red pública). Ocurre lo mismo con los centros de enseñanza universitarios privados (ya existe, lo recuerdo, una amplia red de centros privados en la enseñanza primaria, en la básica y en el bachillerato). La oposición a su instalación es muy amplia, a veces desde los gobiernos, desde las universidades públicas, desde los sindicatos. Pero reitero la idea: salvo que detraigan fondos de lo actualmente existente, no creo que esa concurrencia dañe a lo público, es más, seguramente lo depurará.
[–> [–>[–>El campo español y asturiano, así como algunos partidos y sindicatos, muestran una oposición sin matices al nuevo tratado de Mercosur, que recuerda en nuestro caso, como ha señalado acertadamente LA NUEVA ESPAÑA, la oposición de 1933 al tratado con Uruguay. Contrasta esa postura con las estimaciones, decisiones y argumentos de los partidos mayoritarios españoles y europeos y con los razonamientos públicos de algunos diputados, como los que el socialista Jonás Fernández ha publicado en este periódico y en otros medios españoles. Claro que yo entiendo la rocea de los campesinos y ganaderos, el que sus dedos se les vuelvan huéspedes, ya que son con cierta frecuencia vapuleados y ninguneados.
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En materia de instalaciones eléctricas y fuentes de suministro nos encontramos con idéntico problema. Tenemos problemas de producción y suministro, hasta el punto de que algunas industrias o ampliaciones de las existentes no pueden darse de paso (piénsese que una de las últimas resoluciones de Mittal para preferir una nueva instalación en Francia, y no en España, es la seguridad del suministro que proporcionan las centrales nucleares). En ese sentido, los parques de baterías son necesarios para almacenar energía desde que se produce hasta que se requiera para su consumo. Pues bien, hay una sistemática oposición tanto de los vecinos como de los ayuntamientos a su construcción: no valen en el campo ni tampoco en los polígonos industriales, siempre entrañarían algún riesgo. Como hemos dicho arriba, «non na mio quintana», todo el mundo a favor, pero no aquí. Supongo que tampoco en lo alto de los montes –si es que se propusiese– porque ahí habría algún animal o planta perjudicados.
[–>[–>[–>Uno de los casos más llamativos es en la actualidad la oposición al paso de camiones hacia el puerto de El Musel. Existe un fuerte movimiento vecinal, es decir, un insistente movimiento vecinal, que alega razones de salud y de peligro por el tipo de mercancías que se transportan. Verdad es también que se han anunciado distintas alternativas viarias que han sido una tomadura de pelo: el nuevo vial de Xove soterrado prometido por el Gobierno, del que, como del «pobre Fernández», nunca más se supo, o la solución que el Gobiernu, a través de su consejero Alejandro Calvo, prometió para finales del 2024, que también «fernandezó». Recientemente, el Gobiernu, también por medio de su consejero de Fomento instó al Ayuntamientu de Xixón a tomar medidas para limitar la circulación por La Calzada hacia el puerto industrial. Ya saben «consejos vendo que para mí no tengo».
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En fin, en Madrid llevan xiblando a les barbaes desde tiempo inmemorial con respecto a las alternativas viarias hacia El Musel, en un claro desprecio hacia Xixón, hacia los problemas de esos tráficos y hacia el empleo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta dos cuestiones: el puerto, en el que se han invertido muchos miles de millones, es un importante centro de operaciones y lo puede aún ser más; por otro lado, cualquier alternativa viaria, al margen de los costos, tardará años. Por eso, las palabras del Ayuntamiento xixonés en boca de su alcaldesa, «Moriyón pedirá acabar con los camiones en La Calzada por ‘motivos de salud’ ciudadana», nos parecen de una imprudencia tremenda.
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[–>Sin olvidar que, sin movilizarse de momento, los vecinos de otras zonas por las que podría pasar una alternativa viaria hacia El Musel ya han anunciado que por su quintana, tampoco.
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Sobre El Musel, su actividad, sus comunicaciones y su importancia, les recomiendo a todos este artículo de Ignacio García-Arango y Avelino Acero: https://www.lne.es/opinion/2025/10/26/salvemos-gijon-123026059.html n
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