más debate social que impacto real
Francia se convirtió en octubre de 2010 en el primer país europeo en prohibir el burka en los espacios públicos, exponiendo a quien lo lleve a multas de 150 euros. Una decisión que generó en su día una gran división de opiniones en el país, y que no se detuvo ahí; también se vetó su uso en competiciones deportivas de alto nivel.
[–>[–>[–>Años después, en agosto de 2023, tras varios incidentes graves en distintas escuelas, el Ministerio de Educación decidió prohibir el uso de la abaya –vestimenta de mujer– y el qamis –vestimenta de hombre– en los centros escolares. El ministro Gabriel Attal justificó esta medida como una manera de evitar discriminación y que en las escuelas se acoja a «todos los estudiantes bajo los mismos derechos y los mismos deberes, sin estigmatización«.
[–> [–>[–>La ley n.º 2010‑1192, no obstante, no es tan explícita, no menciona la palabra ‘burka’ y se limita a prohibir «cualquier prenda que esté destinada a ocultar el rostro», a excepción de aquellas «prescritas o autorizadas por la legislación (por ejemplo, cascos de seguridad), si están justificadas por razones de salud o necesidades profesionales, o si la prenda se lleva en el contexto de deportes, festividades, eventos artísticos o tradicionales».
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El Estado justificó esta decisión basándose en la ley de 1905 que establece el principio de laicidad en Francia buscando garantizar la libertad, y que instituyó la separación de la Iglesia y el Estado. Este veto consiguió ser avalado como legal por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que consideró en su día legítimos los argumentos de seguridad e identificación en los espacios públicos.
[–>[–>[–>Sin embargo, otros organismos, como el Consejo Europeo, han señalado que «la prohibición podría contravenir las normas europeas de derechos humanos, en particular el derecho al respeto de la vida privada y la identidad personal», insistiendo en que el Estado debería «evitar legislar sobre la vestimenta». Las ONG también consideran que estas medidas estigmatizan aún más a los 5,4 millones de musulmanes que residen en Francia, y alimentan discursos extremistas.
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2004, el año abrió la puerta al cambio
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Aunque la prohibición del burka no se aprobó hasta 2010, el primer paso se dio en 2004 bajo la presidencia de Jacques Chirac, cuando el país presentó la primera ley que vetaba cualquier signo religioso «ostentoso» en escuelas e institutos, afectando no solo al hijab, sino también a la kipá judía o a las cruces católicas. En el trabajo, si se trata de una administración pública tampoco se puede llevar el velo islámico en nombre de la neutralidad que deben respetar los funcionarios.
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[–>Desde entonces, difícilmente se puede cuantificar la influencia de estas prohibiciones en la sociedad francesa, puesto que el Estado no recopila estadísticas por religión o etnia. Se estima que más allá del debate generado no ha tenido un gran impacto, en lo que se refiere a sanciones administrativas. Aunque, en los últimos 20 años han nacido varios colectivos de resistencia, como Mamans Toutes Egales (Las mamás son todas iguales), que apoya a las madres que usan velo en la vida escolar de sus hijos, o ‘Les hijabeuses’, un equipo de fútbol femenino que usa hijab.
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Francia es uno de los países europeos con la normativa más estricta, pero a pesar de eso las cifras de violencia de carácter religioso no se han reducido, como pretendía la ley de 2004. En 2025, se cometieron 2.489 de estas agresiones, más de la mitad de carácter antisemita, y un 9% contra cristianos. Aunque el aumento más significativo se refiere a la comunidad musulmana, con un 88% en comparación con 2024. La última víctima se produjo el pasado 9 de febrero, cuando un grupo de jóvenes agredió a las puertas de un colegio a un alumno sirio de 17 años.
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