La conspiración
¿Está el presidente Barbón espiando a la oposición? ¿Y a su propio partido? ¿Tiene un infiltrado en ese grupo de empresarios que patrocina una formación alternativa? ¿Provocará el alcalde de Siero una escisión en el PSOE? La política asturiana está alcanzando unos tintes propios de la Guerra Fría, de una novela de John Le Carré o Graham Greene.
[–>[–>[–>La semana pasada, el presidente denunciaba que tenía constancia de movimientos para «desajustar todo el espectro parlamentario asturiano», que había empresarios impulsando una operación en la sombra, que podría dar nombres pero no los da, que algunos de los implicados se lo han confirmado. Y cuando recalcó que «esto existe, esto es real», a uno ya le hizo sospechar que, una de dos, o de verdad hay una conspiración o Barbón se ha vuelto conspiranoico.
[–> [–>[–>Tal vez el presidente necesite un CNI asturiano. A la vez que uno conocía los movimientos en la sombra de la política asturiana, descubría que, tras estallar nuestra Guerra Civil, el lehendakari Aguirre había creado el Servicio Vasco de Información (SVI), más conocido por un nombre vulgar que definía sus funciones: «sector servicios». En suma, una inteligencia vasca, al margen de Madrid, que llegó a trabajar, ya en la posguerra mundial, con el FBI y la CIA y cuyo espía más famoso fue el Galíndez que inmortalizó Vázquez Montalbán.
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Ignoro si el País Vasco o Cataluña tienen en la actualidad un servicio de inteligencia, aunque sospecho que sí. No hay más que revisar el secretismo de algunos episodios del procés o la discreción de ciertas maniobras para liberar a presos de ETA sin levantar mucho ruido. No se antoja muy prudente pedir abiertamente a Madrid las transferencias del espionaje a cambio de, por ejemplo, votar a favor de los presupuestos.
[–>[–>[–>Es comprensible que cundan los nervios en Moncloa y en el palacio de Trece Rosas. Dados los últimos resultados electorales del PSOE en Extremadura y Aragón, la inquietud se empieza a percibir dentro del partido. El lastre del Gobierno de Sánchez para las federaciones autonómicas, el sacrificio de las aspiraciones de sus barones y candidatos a mayor gloria de Moncloa, cuando no en favor de las concesiones a catalanes y vascos, minan hasta la fe del más devoto.
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Babón se ha apresurado a anunciar una «asturianización» del partido en el Principado. No hace falta ser un lince para interpretarlo. Basta ponerlo en pasiva: se necesita una desSanchicización, un distanciamiento de Ferraz, poner tierra por medio, porque el inquilino de Moncloa se ha convertido en una mala influencia.
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[–>Por si fuera poco, el flrente del miedo a la extrema derecha no está dando el resultado previsto. Es más, desde que se ha puesto en marcha, Vox ha doblado su influencia y ha pasado de ser una excusa recurrente a convertirse en un peligro real. Cualquiera diría que más que miedo lo que se ha conseguido es simpatía.
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Aquí, al otro lado del Negrón, ya se empiezan a publicar noticias sobre cómo el comportamiento del Gobierno central está contribuyendo a un posible retroceso electoral también de los últimos feudos socialistas: Castilla-La Mancha y, sorpresa, Asturias. Es más, hasta se llega a sugerir que, en los próximos comicios, los liderazgos de Page y Barbón estarían en peligro.
[–>[–>[–>Hay que advertir de que las noticias proceden de encuestas internas del Partido Popular y de que es de rigor coger con pinzas sus resultados. Vamos, como si fuera el CIS, pero de Génova. Según sus resultados, el PP de Asturias sería, por primera vez en casi tres décadas, la primera fuerza del Principado, y podría arrebatar, con la ayuda de Vox, el Gobierno al PSOE.
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Si esto es así, o incluso solo parecido, es para preocuparse. No es de extrañar que el presidente atienda a las provocaciones del alcalde de Siero -ya le ha autorizado la instalación de Costco-, cuando hace solo un año las hubiera ignorado. O, incluso, que esté pendiente de lo que se dice en las tertulias afterwork de los empresarios. La debilidad y la inseguridad en el poder comienza por la visión de conspiraciones.
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