Agilizar La Vega
Hablar hoy de La Vega exige una precisión básica: agilizar no es correr a ciegas, sino resolver primero aquello que condiciona todo lo demás. Y en La Vega hay una tarea crítica –o dos, si tenemos en cuenta la descontaminación– previa e ineludible: saber con rigor qué hay en su subsuelo. No como ejercicio académico ni como estrategia política, sino como condición necesaria para que cualquier proyecto urbano sea viable, legal y estable en el tiempo.
[–>[–>[–>Durante año y medio ha existido margen suficiente para hacerlo bien. Existe un convenio, un informe técnico que marcaba una metodología clara y hacia una advertencia explícita sobre el riesgo arqueológico de determinadas áreas. Sin embargo, en lugar de completar ese trabajo esencial, se optó por hacer lo mínimo: un sondeo parcial con georradar por 17.000 euros. El resultado no ha sido avanzar más rápido, sino llegar a un punto de incertidumbre que ahora algunos pretenden minimizar retóricamente.
[–> [–>[–>Saber qué hay en La Vega no es un freno: es la forma más potente de acelerar el proyecto. Diseñar sin información completa implica el riesgo cierto de tener que rehacer planeamientos, modificar propuestas ganadoras, indemnizar retrasos o paralizar obras una vez iniciadas. Eso sí es ralentizar un proyecto y una ciudad.
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Hacer los estudios arqueológicos previamente no es una anomalía ni una excentricidad; es una herramienta de planificación. Y más en un ámbito con el valor histórico y simbólico de La Vega, aplicar el principio de cautela no es una opción ideológica, sino una obligación legal y técnica.
[–>[–>[–>Plantear que resolver ahora esta incógnita supone «paralizar» el proyecto es invertir la lógica. Lo verdaderamente dilatorio es avanzar sin haber despejado las variables críticas. Lo responsable –y lo ágil– es cerrar primero el capítulo arqueológico con métodos adecuados y alcance suficiente, y hacerlo de una vez, no a base de parches.
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La Vega no necesita épica ni ansiedad política. Necesita certezas. Y esas certezas solo pueden venir del conocimiento. Agilizar La Vega significa exactamente eso: resolver antes lo que condiciona todo lo demás. Agilizar La Vega es apostar por consolidar desde ya las naves para usos culturales, para ferias, para las primeras empresas… Son todos usos que no requieren de un concurso de ideas ni afectan a los trabajos arqueológicos.
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[–>En una ciudad como Oviedo, construir futuro exige primero comprender el pasado. No por nostalgia, sino por eficacia. La Vega no es un solar cualquiera. Es un ámbito estratégico con potencial para redefinir Oviedo. El rigor ya no es una cuestión de buena fe: es una obligación. No hay nada peor que seguir sin mirar, que seguir de frente, hablando de pisar el acelerador cuando se puede chocar contra un muro. Incluso que este muro figurado, pueda ser real y prerrománico. Cualquier grupo que tenga un proyecto alternativo para esta ciudad lo debería tener claro. El Grupo Municipal Socialista lo tiene.
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