Según pase el año veré si sigo o no
- Publishedfebrero 19, 2026
Hay ciclistas que empiezan la temporada con la urgencia de afirmarse y otros que lo hacen con la serenidad de quien ya ha recorrido casi todo el mapa. Pello Bilbao pertenece a esta segunda categoría. El Gernikarra inicia la ruta con una idea clara: volver a disfrutar. Después de un año sin el brillo de sus mejores capítulos, el vizcaíno quiere resetear, mirar menos por el retrovisor y más en las sensaciones.
“Empecé con buenas sensaciones en Murcia”, explicó a MARCA tras sus primeros días de competición. El invierno, asegura, fue sólido. En casa ya he notado que mis piernas están respondiendo y, aunque todavía no hay mucho terreno que examinar en profundidad, la base está ahí. Más que resultados inmediatos, lo que desea es ver hasta dónde puede esforzarse nuevamente. “Con ganas de empezar y sobre todo con ganas de ponerme a prueba”, resume.
A sus 36 años, Bilbao ya no necesita demostrar que puede competir. Lo que busca es algo más íntimo: volver a tocar los límites. “Quiero olvidar lo que he hecho hasta ahora e intentar disfrutarlo, siendo consciente de que cada vez hay menos oportunidades de seguir en este circo”, confesaba hace unos días. No se trata tanto de acumular podios sino de sentir que todavía hay margen de mejora, que el motor interno sigue empujando.
Su calendario mantiene una línea clásica y reconocible. Tras este inicio, la atención se centra en la primavera italiana y vasca: Strade Bianche, Tirreno-Adriático y País Vasco Itzulia Están resaltados en rojo, antes de adentrarse en las Ardenas y, posteriormente, en el Tour de Francia. Optó por reducir ligeramente el número de días de competición para lograr cada objetivo al cien por cien. Menos dispersión y más precisión.
“Muchas veces tenemos piernas, pero no encontramos la oportunidad” pensar de manera realista. En el ciclismo hiperprofesionalizado y feroz de hoy no basta con ser fuerte: hay que dominar la jornada, el movimiento y el contexto. Aun así, parece competitivo. Sabe que sin piernas no se gana, pero también sabe que cuando las sensaciones le acompañan el instinto resurge. Y esto, en su caso, se traduce casi siempre en una presencia en carrera, en una atenta lectura de los momentos calientes.
Bilbao no rehuye sus ambiciones. Reclama una victoria. Sólo uno, dice, pero que tiene un peso emocional. Sueña con levantar los brazos en la Clásica de Donostia, volver a conquistar una etapa en la Itzulia o subir al podio en casa. No se trata de una obsesión, sino de un deseo ligado a su identidad y al público que le ha visto crecer desde Gernika hasta consolidarse como uno de los ciclistas vascos más fiables del pelotón.
Mirando hacia el futuro
En cuanto a su futuro, el discurso pretende ser cauteloso. Su contrato expira al final de la temporada y aún no ha tomado una decisión definitiva. “Ya veremos durante esta temporada”, desliza. No hay drama, solo la conciencia de que cada clase podría ser la última. Mientras tanto, el plan es a la vez simple y profundo: competir, sentir, disfrutar.
Pello, que ocupa un 4º puesto en la Vuelta a Murcia y un 6º en la última Clásica Jaén Paraíso Interior, no corre contra el calendario. Va en contra de sus propios límites. Y en esa pulsación íntima, más que tiempos o rankings, lo que está en juego es algo mucho más preciado: la chispa que le mantiene en la élite durante tantos años. “Sé que el trabajo que hice durante el invierno es bueno, ahora sólo tenemos que competir y ver cuál es mi verdadero nivel”. subraya el ganador de una etapa del Tour en 2023. Sea o no su último año, el vasco pretende aprovechar su plena competitividad como lo es en esta salida.
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