el verdadero dilema no es solo financiero para sus pensiones
Europa afronta decisiones difíciles sobre sus pensiones, pero en países como España el verdadero dilema no es solo financiero: seguimos organizando la vida como si fuera corta tras la jubilación, cuando ya no es así.
[–>[–>[–>Un reciente análisis del Financial Times advertía que Europa —y especialmente países como España— afronta decisiones difíciles si quiere mantener sistemas de pensiones de reparto viables a largo plazo. El diagnóstico es correcto. Pero el debate habitual no contempla todos los ángulos del problema.
[–> [–>[–>En España hablamos de pensiones casi exclusivamente en términos contables: gasto sobre PIB, déficit de la Seguridad Social, edad ordinaria y efectiva de jubilación o número de cotizantes por pensionista. Todo ello es relevante. Sin embargo, detrás de esas cifras hay una cuestión más profunda: seguimos organizando la vida como si fuera corta tras la jubilación, cuando ya no lo es.
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Durante décadas hemos vivido bajo un esquema lineal: estudiar, trabajar intensamente durante un periodo relativamente limitado y retirarse de forma definitiva. Ese modelo funcionó cuando la esperanza de vida al nacer rondaba los 75 años (allá por 1979) y las trayectorias laborales eran estables. Hoy, en un país donde la esperanza de vida supera los 84 años y las carreras profesionales son fragmentadas, ese diseño se ha vuelto disfuncional. El problema no es solo demográfico; es también cultural y organizativo. Seguimos planificando la vida con criterios temporales del pasado.
[–>[–>[–>La nueva longevidad no sólo ejerce presión sobre las pensiones: nos obliga a repensar cómo distribuimos el trabajo, el aprendizaje y la jubilación a lo largo de una vida más larga. / IA/T21
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Aritmética vital
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La aritmética vital propone un cambio de enfoque: no pensar la vida desde la edad cronológica, sino desde la perspectiva realista del tiempo que nos queda por vivir. Esta mirada altera la comprensión del trabajo y de la jubilación. Introduce una lógica de ajuste permanente y sitúa en el centro algo que el debate clásico suele ignorar: las transiciones.
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En España, la jubilación continúa tratándose como un evento puntual. Pero es una de las transiciones más profundas de la vida adulta. Cuando se gestiona de forma abrupta genera costes económicos y sociales: pérdida de capital humano, mayor gasto público y desafección social. A ello se suma una cultura empresarial poco habituada a gestionar la última etapa profesional con una visión de ciclo vital. Un sistema que solo gestiona estados —activo o pensionista— y no procesos termina produciendo ineficiencias estructurales.
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[–>Es cierto que para sostener los sistemas de reparto será necesario trabajar más años y elevar la edad efectiva de jubilación. En España, donde esta sigue siendo inferior a la ordinaria —aunque la brecha se ha reducido—, la cuestión es especialmente relevante por nuestra elevada longevidad. Pero existe una condición imprescindible: solo es viable trabajar más tiempo si se trabaja de otra manera.
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Tomás Arrieta es Ingeniero, Doctor en Economía. Carlos María Alcover es Catedrático de Psicología de Grupos y Organizaciones en la Universidad Rey Juan Carlos. Ambos son patronos de la Fundación AGE (Activos de Gran Experiencia).[–>[–>[–>–>[–>
Trayectorias flexibles
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Alargar carreras rígidas y continuas es una receta para el fracaso. No se trata de imponer una prolongación uniforme, sino de permitir trayectorias más flexibles: reducir intensidad progresivamente, facilitar la transferencia de conocimiento, incluida su integración con la IA, fomentar el aprendizaje continuo y compatibilizar pensión y empleo. Se trata de sustituir salidas bruscas por transiciones graduales.
–>[–>[–>[–>–>[–>Este enfoque aliviaría la presión financiera sobre el sistema y contribuiría a reducir tensiones intergeneracionales. Permanecer activos más tiempo —total o parcialmente— no es solo una decisión individual, sino una forma de corresponsabilidad social, especialmente con las nuevas generaciones.
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Nueva longevidad
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El conflicto no es entre jóvenes y mayores. Es entre vidas diseñadas con esquemas obsoletos y sistemas que no se han adaptado a la nueva longevidad.
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La sostenibilidad no se logrará únicamente ajustando parámetros. Se alcanzará cuando el sistema encaje con la forma real en que vivimos y queremos vivir; cuando reconozca que el resto de nuestra vida no comienza el día que dejamos de trabajar, sino mucho antes, al decidir cómo distribuimos nuestro tiempo a lo largo de las décadas adicionales que nos ofrece la nueva longevidad.
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No es que España no pueda pagar sus pensiones. Es que no puede seguir concibiendo la jubilación como un final definitivo, plano y lineal. La aritmética vital no sustituye el debate económico; lo hace más coherente con la realidad demográfica y la longevidad.
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Porque la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿tomaríamos las mismas decisiones si repensásemos el resto de nuestra vida?
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