redes internacionales, famosos e impunidad
El caso Epstein ha vuelto al primer plano por la desclasificación de nuevos documentos, que reabre la pregunta de qué se sabía, quién protegió al depredador sexual y por qué la justicia sigue sin actuar con firmeza. Cada nueva tanda añade piezas del puzle, desconcierto y también indignación pública.
[–>[–>[–>El alcance va mucho más allá de Epstein: su red se sostuvo en un ecosistema de contactos —famosos, empresarios y figuras con acceso al poder— mientras él y sus asociados violaban y explotaban sexualmente a al menos 1.000 niñas y mujeres. La sensación de impunidad persiste incluso tras su muerte en 2019, y la versión oficial del suicidio fue cuestionada por algunos forenses.
[–> [–>[–>A continuación, las claves para entender qué son los llamados ‘papeles de Epstein’ y por qué el caso sigue abierto en la opinión pública.
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Los papeles de Epstein son 3,5 millones de páginas procedentes de dos grandes bases de datos: una investigación del Congreso de EEUU y el Departamento de Justicia. Incluyen documentos judiciales, informes policiales, correos, agendas, registros de vuelos, fotografías y material incautado. El caso estalla ahora porque la desclasificación saca a la luz nombres, rutas y relaciones antes ocultas, aunque no todas las evidencias prueban delito. En ese vacío prospera el mito de una “lista de clientes” definitiva, cuando lo que aparece suelen ser trazas y menciones.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>En Florida (2005–2008) se fraguó el trato de favor. La policía de Palm Beach abrió la investigación tras la denuncia de una menor de 14 años y detectó un patrón con decenas de posibles víctimas. En 2007, la Fiscalía federal del sur de Florida cerró un acuerdo de no procesamiento. En 2008, Epstein se declaró culpable y recibió 18 meses, con un cumplimiento excepcionalmente benévolo. Muchas víctimas no fueron notificadas, lo que desató litigios años después.
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Donald Trump aparece mencionado más de 6.000 veces en los papeles del caso. Vecinos de las élites de Nueva York y West Palm Beach, en Florida, mantuvieron una relación habitual en los años 90, hasta que —según la versión de Trump— se distanciaron en 2004, cuatro años antes de la primera condena del financiero.
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[–>Entre los últimos documentos desclasificados, el FBI recopila acusaciones públicas de abusos sexuales contra el actual presidente y otros papeles mencionan un supuesto episodio en Mar-a-Lago en los 90 con una menor. El presidente sostiene que no cometió ningún delito, aunque sus esfuerzos por evitar la publicación de documentos han levantado sospechas de lo contrario.
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El caso desvela toda una constelación de facilitadores y fallos institucionales. Abogados, bancos que se beneficiaron de los altos ingresos del magnate, fiscalías que pactaron, y élites que siguieron tratándolo como un VIP incluso después de la primera condena. La pregunta de fondo deja de ser quién cometió delitos y se amplía a quién hizo posible que sucediera. Ahí entra el sistema:
[–>[–>[–>En los nuevos documentos desclasificados, Barcelona aparece como campo base europeo para reclutar mujeres, con ayuda de dos hombres en Europa: Daniel Siad, establecido en España, y Jean Luc Brunel, en Francia. La capital catalana fue así una plataforma de captación y tránsito que conectaba el este de Europa con el circuito de poder y explotación del magnate.
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Las víctimas eran a menudo mujeres muy jóvenes, algunas menores, captadas por vulnerabilidad. Los papeles describen perfiles del este de Europa y de entornos de bajos recursos. La captación se apoyaba en promesas (modelaje, oportunidades) que desembocaban en prostitución, violaciones y dependencia. Por eso muchos documentos aparecen tachados: para evitar identificación y una segunda violencia.
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La pareja de Epstein, Ghislaine Maxwell, fue también colaboradora clave. Según la justicia, facilitó la captación y sostuvo el sistema. Miembro de la alta sociedad británica, operaba como puente entre la vida de lujo y el engranaje de abuso: reclutaba, organizaba y normalizaba el acceso a chicas. Su condena es el único gran cierre penal del entorno, pero no despeja el conjunto: el caso deja la sensación de que se castigó a una pieza relevante sin desmantelar del todo la trama.
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Los papeles vuelven a arrastrar a figuras conocidas, con vínculos de naturaleza muy distinta. Aparece Elon Musk por contactos y correos en años posteriores a la primera condena de Epstein. Bill Clinton figura por vuelos y fiestas; su entorno sostiene que no conocía los delitos y que cortó relación cuando se supieron. Se citan además el cineasta Woody Allen, el ilusionista David Copperfield, el multimillonario fundador de PayPal, Peter Thiel. Entre los españoles, quedan salpicados el expresidente del Gobierno, José María Aznar, y la actriz y presentadora de televisión Ana Obregón, que al aparecer mantuvo una relación con Epstein y que le define en sus memorias como su “ángel de la guarda” y le ha defendido recientemente en público.
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El caso alcanza a monarquías europeas. En el Reino Unido, la sombra más conocida es la del príncipe Andrés, asociado durante años al entorno del magnate y señalado en el debate público por su relación con él, con un coste reputacional enorme para la Casa Real. En Noruega, los papeles mencionan una relación estrecha de la princesa heredera Mette-Marit con Epstein cuando ya estaba condenado, incluyendo estancias en su mansión de Palm Beach y una profusa correspondencia en la que debatían la educación sexual que la ahora princesa le daba a su hijo adolescente.
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La impunidad nace de una suma de factores: acuerdos tempranos que recortaron el alcance penal, investigaciones fragmentadas, prescripciones y, sobre todo, la muerte de Epstein antes del juicio que debía fijar hechos con una sentencia. Por su parte, Maxwell fue condenada, pero no hubo una depuración amplia del ecosistema que lo sostuvo. Por eso los papeles de Epstein importan tanto: no cierran el caso, señalan lo que nunca llegó a resolverse en los tribunales.
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