Superávit habitacional
Leía con asombro un titular que hablaba de un cierre positivo por parte de la Empresa Municipal de Vivienda superior a 400.000 euros. Un remanente que irá destinado a provisiones. Una gestión económica digna de alabar si no fuera por la realidad que vive nuestra ciudad. La sostenibilidad representada en una cuenta de resultados es inversamente proporcional a la sostenibilidad que viven tantas familias en nuestro querido Gijón. Una insostenibilidad que degrada la posibilidad de contar con una vivienda a jóvenes, mayores, familias… donde desarrollar un proyecto vital.
[–>[–>[–>Ante el incremento de los precios de los alquileres o de compra/venta… esta bonanza privada parece verse reproducida en un instrumento público que no debería obviar cuál es su propósito: «promocionar el acceso a la vivienda a los gijoneses» (estatutos dixit). ¿Qué ocurre cuando un instrumento no responde a su objeto, a su propósito? Deja de ser útil y se vuelve prescindible. Por ende, deja de ser sostenible.
[–> [–>[–>La noticia me animó a indagar en las cuentas de la empresa. Los datos eran contundentes: esta tendencia de cierres positivos no es una excepción. El buen hacer económico durante todos estos años sitúa la hucha de Emvisa en más de 1.500.000 euros. ¿Y ahora qué?
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Si volvemos a repasar qué puede hacer nuestra empresa ante el reto y objeto que la motiva, leemos con una lagrimilla en los ojos una cantidad nada desdeñable de verbos que señalan directamente a la vivienda como objeto directo y a los habitantes de nuestra querida villa, como objeto indirecto. Gestionar, administrar, promover, construir, arrendar, incentivar, intermediar, adquirir, transmitir… viviendas propias, municipales, ajenas… para fines sociales, priorizando colectivos desprotegidos, facilitando el acceso a la vivienda. Maravilloso. Sobre el papel.
[–>[–>[–>Entiendo que ante esta senda de consolidación que ha ido viviendo Emvisa, toca dar un paso al frente y abordar con decisión y valentía una de las cuestiones más delicadas, complejas y necesarias que vivimos en nuestra ciudad. No hacerlo sería vivir de espaldas a la realidad; una pérdida de oportunidades para dotar de utilidad y reconocimiento a la acción política en el ámbito municipal.
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Toca invertir y promover vivienda. Vivienda pública. Toca abrir una nueva vía que suponga una alternativa a la deriva desmesurada de un mercado que parece no saciarse ante la rentabilidad inmediata. Toca abrir los ojos ante la precariedad manifiesta a la que estamos abocando tantos proyectos vitales en nuestro municipio.
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[–>Mientras tanto, jóvenes que encadenan contratos precarios y destinan más del 40% de su salario a un alquiler compartido. Familias que viven hacinadas para tener un techo al que acogerse. Pensionistas que ven deteriorarse su hogar sin posibilidad de acometer obras necesarias. Más de 300 personas que sufren la realidad del sinhogarismo… Porque no hay superávit posible cuando el derecho a la vivienda sigue en números rojos.
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