DOBLE CRIMEN MACHISTA | El asesino machista de Xilxes (Castellón) escondió el teléfono de su exmujer en su piso de Valencia
Abdelkader B., ex marido y padre, respectivamente, de la mujer y la niña de 12 años acuchilladas y degolladas en su piso de la calle Cova Santa de Xilxes entre la noche del domingo y la madrugada del lunes ya no tiene escapatoria. El doble asesino machista no solo se llevó consigo el teléfono de su exesposa, María José Bou, de 48 años, para enviar mensajes a varios de sus contactos con fotos de los cuerpos de ambas víctima, sino que los mandó casi 48 horas después de cometer los crímenes y desde una ubicación muy concreta, la habitación que tenía alquilada en el tercer piso del número 11 de la calle El Sauce, en el barrio de Benicalap de València. Y ahí es donde los investigadores de la Guardia Civil han encontrado este jueves el teléfono móvil de la víctima, una de las mejores pruebas en contra del criminal, durante el registro practicado en el inmueble en presencia del detenido.
[–>[–>[–>Ese registro comenzó pasadas las 13.30 horas y se centraba especialmente en la habitación de Abdelkader B., que ocupaba desde hacía medio año -antes vivía en otro piso de alquiler no muy lejano, en el barrio del Calvari-, pero también en las zonas comunes, ya que se trataba de ver si el detenido, que será puesto a disposición judicial este viernes, se había deshecho del arma homicida o de cualquier otra evidencia que le incriminase en cualquier punto del piso. Como el teléfono de María José.
[–> [–>[–>ANTE LA VIOLENCIA SEXISTA, 016
Él El teléfono 016 atiende a víctimas de violencia de género las 24 horas del díatodos los días del año. En este teléfono encontrarás la ayuda de especialistas en múltiples idiomas. Si usted o alguien que conoce es víctima de violencia física, psicológica, sexual, económica o de cualquier otro tipo, llame: el número no está registrado en la factura telefónica.
Si necesitas ayuda urgente, los equipos de Emergencias te atenderán rápidamente en el 112.
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Gritos e insultos al criminal
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Abdelkader B. llegó desde los calabozos de la Comandancia de Castellón, fuertemente escoltado en un furgón de la Guardia Civil, acompañado de agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia (Usecic), especializada en dar respuesta rápida en situaciones de alto riesgo. Con ellos, agentes del grupo de Homicidios y del laboratorio de Criminalística de Castelló, así como su abogado y la letrada de la Administración de Justicia de la plaza 2 de la Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Nules, cuya titular lleva la causa de momento, aunque se inhibirá en breve en favor del juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vila-real al tratarse de un doble crimen de motivación machista.
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El registro se prolongó por espacio de tres horas -el presunto asesino machista salió, fuertemente escoltado y con la cara tapada, entre gritos e insultos del vecindario, pasadas las 16.15 horas-, e incluyó el pequeño balcón de la vivienda que recae a la calle lateral, la del Obispo Puchol Montis. Durante esa intensa inspección, los agentes no consiguieron localizar el cuchillo empleado para arrancarle la vida a su exmujer, María José, y a su hija, Noemí, pero sí el teléfono de la primera, desde el que envió esos mensajes y fotos en un intento por construirse una coartada considerada absurda, por increíble e incongruente, desde el primer momento.
[–>[–>[–>Una esvástica, pero mal hecha
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El primer signo que llamó la atención de los investigadores y puso a Abdelkader en la diana, al margen de haber averiguado que ese hombre que gritaba en la calle porque decía que acababa de descubrir los cuerpos degollados de su exmujer y de su hija tenía antecedentes policiales y penales por maltrato y una orden de alejamiento plenamente en vigor, fue el escenario del doble crimen. Para empezar, en la pared de la habitación donde yacía muerta María José, había dibujados, con pintura negra, dos símbolos nazis, uno de ellos, una esvástica. Pero no una cualquiera, sino una esvástica tan equivocada en la forma, tan mal hecha, en definitiva, que difícilmente podía haber salido de la mente de un fanático de las tesis de Hitler.
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Para seguir, los cuerpos de ambas víctimas presentaban fenómenos cadavéricos, incluido el estado de coagulación de las manchas y depósitos de sangre en la vivienda, que denotaban claramente que los crímenes habían sido cometidos con mucha antelación y no esa misma tarde, como pretendía aparentar el sospechoso. Había otros indicadores: ambas estaban, además, en pijama, la madre con las zapatillas puestas y la niña, descalza, por lo que la pequeña debió ser sorprendida en la cama y María José, muy cerca de la hora de acostarse. La autopsia lo confirmó: los forenses han establecido la data de las muertes entre las últimas horas del domingo y las primeras del lunes, concretamente, entre las 22.00 y las 6.00 horas. Dicho de otro modo, entre 36 y 48 horas antes del hallazgo.
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[–>La versión del presunto verdugo hacía aguas por todas partes. Según él, alguien, el asesino, en su teatralizada versión de los hechos, le había enviado desde el teléfono de su exmujer una foto de ella y otra de la niña, ya muertas y un supuesto selfi de ese mismo asesino, encapuchado. Eso mismo le fue enviado al jefe de la Policía Local de Xilxes y a otros contactos guardados en la agenda del teléfono de María José, teléfono que no estaba en la casa.
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El primo que no era
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El martes, a media tarde, justo después de que se produjeran los envíos de los wasaps, se plantó en la casa de su exmujer, en Xilxes, y tumbó la puerta a patadas. Luego, simuló un gran estado de agitación y así bajó a la calle. Entre gestos y aspavientos -tiene discapacidad auditiva- pidió a una vecina que llamase a la policía -tenía el retén de la Local a 35 metros exactos, pero decidió no ir-. Al primero que trató de convencer, después de los policías locales, fue al alcalde Xilxes; incluso antes que a la Guardia Civil. Le enseñó las fotos y le dijo que sabía quién era el asesino: un primo suyo.
[–>[–>[–>Fue de error en error. Los agentes de Homicidios, que ya sabían que las víctimas llevaban más de un día y medio muertas, por lo que esos mensajes no cuadraban temporalmente, no tardaron en descubrir primero, que el encapuchado no podía ser en absoluto el primo al que estaba acusando -había evidentísimas diferencias físicas-, y segundo, que la foto del encapuchado la había sacado de TikTok -en sus redes sociales no es la primera vez que utiliza fotos y vídeos para componer algún reel rudimentario usando una IA de baja calidad; incluso se presenta como creador de contenido digital-.
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Y, mientras, el teléfono de María José, el utilizado para esos envíos, seguía sin aparecer, así que su hallazgo, junto con el arma homicida, pasó a ser la prioridad número 1 de los investigadores una vez detenido Abdelkader B. por el doble asesinato.
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La llave de la habitación: otra clave
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Así, los agentes, con el mandamiento judicial en la mano, trasladaron al detenido y, en presencia de su abogado, realizaron el registro en el piso de Benicalap. Acertaron de lleno: allí encontraron, escondido, ese teléfono, que ahora es una de las principales pruebas de cargo en su contra, ya que él es la única persona con acceso a la habitación alquilada tras la que se ocultaba el terminal.
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Ese móvil ya está en manos de los especialistas de Criminalística para realizar, por orden judicial, el volcado y la recuperación de todo el contenido y los mensajes que, a buen seguro, habrá borrado o manipulado el sospechoso.
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