RECURSOS GROENLANDIA | Groenlandia: ¿Realmente es viable extraer sus riquezas minerales?
Groenlandia es un lugar rico. Quizás no en el sentido convencional de la palabra, porque ni en población (solo 57.000 habitantes, ocupa el puesto 209) ni en producto interior bruto (3.052 millones de dólares) ni en exportaciones (el 49ºdel mundo por volumen total), puede competir con los gigantes que dominan la economía mundial. Pero debajo de las toneladas de hielo que recubren su territorio se encuentran auténticos tesoros de valor inestimable para la transición hacia modelos más sostenibles: tierras raras, oro y minerales críticos. Pero también petróleo y gas natural. Una gran parte del potencial de la isla más grande del mundo está aún sin explotar.
[–>[–>[–>Las tierras raras, esas que últimamente están en boca de todos, son, según la definición que aporta el Colegio de Geólogos, un grupo muy variado de 17 elementos químicos que, pese a lo que se cree, no son tan escasos en la Tierra. Y, además, «no aparecen aislados en la naturaleza, sino en forma de multitud de minerales y compuestos de estos, fundamentalmente óxidos». Sus aplicaciones industriales son infinitas: se emplean en potentes imanes que permiten el desarrollo de motores eléctricos, posibilitan el almacenamiento de datos informáticos en equipos cada vez más pequeños y de mayor capacidad, o resultan elementos clave para las aleaciones metálicas espaciales. Por mencionar solo algunas de sus bondades.
[–> [–>[–>Una gran cantidad de reservas
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De acuerdo con estudios llevados a cabo por el Servicio Geológico de EEUU, Groenlandia es el octavo territorio del mundo con mayores depósitos de tierras raras. Según sus estimaciones, sus reservas superarían las 1,5 millones de toneladas. Por delante estarían China, Vietnam, Brasil, Rusia, India, Australia y el propio Estados Unidos. La Unión Europea también ha difundido informes que van en la misma dirección: expertos comunitarios han hallado en este gigante helado 25 de las 34 materias primas que consideran esenciales para la transición ecológica.
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Ubicación de los principales depósitos en Groenlandia. / Gobierno de Groenlandia/Agencias
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A esto habría que sumar los 31.000 millones de barriles de petróleo que el Servicio Geológico de Estados Unidos estima que se encuentran intactos en la zona noreste de la isla. También los diques de kimberlita y lamproíta que se han localizado en el oeste y serían una fuente importante de diamantes.
[–>[–>[–>Esa ha sido la excusa que ha encontrado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para justificar su cruzada para hacerse (con dinero o por la fuerza, según él mismo ha amenazado) con la isla más grande de la Tierra. El magnate asegura que sus minerales son vitales para su economía y para la seguridad nacional. «Estados Unidos considera que la propiedad y el control de Groenlandia son una necesidad absoluta», espetó en uno de sus discursos. El 85 por ciento de los groenlandeses rechazan de plano estas aspiraciones colonialistas.
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Habitantes nativos de Groenlandia / Shutterstock
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Pero, a pesar de que nadie duda del potencial de las reservas naturales que alberga Groenlandia, la realidad es que poder extraer esos inmensos bancos de litio, cobre o zinc se topa con dificultades técnicas que, al menos a día de hoy, son insalvables. Y el gasto desmesurado que eso supondría sería incalculable. Según los últimos datos accesibles (actualizados en enero de 2025), el territorio autónomo danés cuenta con más de 1.100 sitios minerales identificados. Pero, al mismo tiempo, solo existen dos minas activas y apenas hay ocho licencias de explotación en vigor.
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[–>Minerales muy difíciles de extraer
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No en vano, algunos científicos han llegado a afirmar que, en términos de extracción minera, Groenlandia es un entorno aún más complejo que la Luna: el 80 por ciento de su extensión está cubierta por una capa de hielo que puede alcanzar varios kilómetros de espesor. Así lo corrobora Santiago Giralt, investigador del CSIC y director del Geociencias Barcelona. En estos momentos se encuentra preparando su siguiente campaña en tierras groenlandesas, hacía donde partirá en abril. «Para acceder a los recursos que hay debajo del hielo, primero hay que quitarlo todo, y habría que meterlo en algún sitio. En el escenario de que fuésemos capaces de fundirlo, eso supondría que el nivel del mar subiría seis metros. Ningún puerto del mundo sería capaz de aguantarlo», indica.
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En términos de extracción minera, Groenlandia es un entorno aún más complejo que la Luna: el 80% de su extensión está cubierta por una capa de hielo que puede alcanzar varios kilómetros de espesor
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Giralt recuerda también que las duras condiciones meteorológicas propias de este entorno («temperaturas de hasta -50 grados y vientos de más de 100 kilómetros por hora», recuerda), hacen inviable poder sostener una explotación minera durante todo el año. «Es el alto Ártico, allí solo hay sol durante seis meses», añade. Y para reforzar su tesis pone el ejemplo de Canadá, el estado con mayor número de empresas mineras y que cuenta con una parte de su territorio con condiciones muy similares a Groenlandia, tanto en cuestión de clima como de disponibilidad de tierras raras o metales críticos: «También es una zona rica en recursos y no la están explotando prácticamente nada. ¿Por qué será?», subraya.
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La población de Groenlandia es muy pequeña: poco más de 50.000 personas. / Agencias
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Otra de las características que elevan el valor de Groenlandia para los científicos es que se comporta, en esencia, como un laboratorio del calentamiento global en vivo y en directo. Santiago Giralt, que dedica su investigación al diseño de modelos climáticos, considera que el conocimiento que se extrae de su frío entorno es fundamental: «Una de las cuestiones que más nos interesa es ver qué está pasando allí arriba para entender los fenómenos extremos que llegan aquí, a la Península Ibérica», explica.
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Sin embargo, la incertidumbre global pone en serios aprietos su labor. «Si EEUU se hace con el territorio, puede poner las reglas que quiera, podría vetar la entrada a los científicos europeos. Colegas estadounidenses han sufrido en sus carnes cómo se recortó la financiación de la que disponían a cero de un día para el otro porque Trump les dijo que el cambio climático era mentira», denuncia, aunque a su vez confía en que, en esta ocasión, y tras lo ocurrido en el Foro de Davos, el presidente estadounidense no pueda cumplir sus amenazas.
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El verdadero interés de EEUU
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Todo esto lleva a pensar a los expertos que la extracción de petróleo, minerales y metales es solo una excusa del inquilino de la Casa Blanca para ocultar sus verdaderos propósitos. En concreto, el control del paso del noroeste, la ruta marítima estratégica que bordea Canadá y Groenlandia y conecta el Ártico y el Pacífico a través del océano Índico. El mismo que Trump aspira a cerrar a los barcos procedentes de China.
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«Acortarían tiempo, ahorrarían combustible y no dependerían de Suez o Panamá. Estados Unidos quiere evitar así que los chinos se hagan con el mercado europeo y el norteamericano», concluye Giralt.
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De este modo, las verdaderas razones de las ansias norteamericanas consistirían en controlar las nuevas rutas que se abren a causa del derretimiento del Ártico, antes impracticables y ahora cada vez más navegables.
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………….
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ENTREVISTA. Efrén López-Blanco, investigador en Groenlandia:
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«Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico»
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Efrén López-Blanco es investigador de modelos climáticos de ecosistemas árticos en el departamento de Ecociencia del Arctic Research Center y en el Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia.
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Efrén López Blanco / ARC
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-¿Por qué lo que pasa en Groenlandia es tan importante para el resto del planeta?
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-Por dos motivos: porque allí el clima cambia más rápido y eso activa ‘feedbacks’ fuertes; y porque lo que pasa allí tiene efectos globales, empezando por el nivel del mar, afectado por la pérdida de hielo. También importa por su papel en el sistema climático: el deshielo cambia el albedo y, por tanto, el intercambio de energía con la atmósfera. El aumento de agua dulce al Atlántico Norte se sigue de cerca por sus posibles efectos en la circulación oceánica regional y, con ello, en el clima.
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-¿Y para la investigación?
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-En el Ártico es fácil sacar conclusiones con información incompleta, porque el sistema es tremendamente sensible, complejo y heterogéneo. Pequeñas diferencias de nieve, agua o vegetación pueden cambiar el funcionamiento de todo el sistema. Incluso en un sitio tan remoto y retador como Groenlandia existen programas de observación a largo plazo que la convierten en un laboratorio natural excepcional. Por ejemplo, el Greenland Ecosystem Monitoring, con el que yo trabajo, lleva casi 30 años produciendo datos integrados y de alta calidad. Ese tipo de continuidad es justo lo que permite calibrar y validar modelos, reducir incertidumbre de verdad y hacer que esos modelos, que son mi herramienta principal, no sean ejercicios teóricos, sino herramientas constreñidas a observaciones.
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-¿En qué consiste su labor en Groenlandia?
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-Trabajo en esa unión: usar observaciones largas para evaluar modelos y poder extrapolarlos con confianza a zonas sin datos o a periodos futuros. Esto es especialmente valioso en un ecosistema tan frágil y expuesto, donde antes se asumían cambios centenarios y ahora sabemos que hay cambios de régimen que ya se pueden observar a escala humana.
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-¿Qué supondría que cayese en manos de un Trump abiertamente declarado negacionista del cambio climático?
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-Cambio climático y geopolítica no son necesariamente buenos compañeros porque el primero no entiende de fronteras ni de colores. Todo está conectado, lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico. La utilidad de Groenlandia como ‘termómetro’ depende de eso: si de un día para otro cambian las reglas de acceso, se interrumpen las series largas o se corta la financiación, perderemos la capacidad de detectar tendencias y atribuir causas como fiabilidad. Y las proyecciones se volverían más débiles e imprecisas.
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