SALUD MENTAL NIÑOS | «El 50% de los trastornos psicológicos de adultos afloran antes de los 15 años. Es fundamental intervenir en los colegios»
Ansiedad, depresión, trastornos del comportamiento. Uno de cada 7 jóvenes de 10 a 19 años padece un problema de salud mental. Son datos muy recientes, de diciembre de 2025, que arroja la Organización Mundial de la Salud. En un mundo en el que la presión se impone, en el que el objetivo siempre es llegar a la excelencia (ya sea en ‘likes’ en redes sociales, en popularidad, en tener la mejor imagen o en no quedarse fuera), los adolescentes, los niños, aún inmaduros emocionalmente, responden como pueden: aislamiento, irritabilidad e, incluso, intentos autolíticos. Se disparan los casos en consulta y se disparan, también, los casos que no llegan a convertirse en trastorno como tal, pero que tienen una enorme factura. José Antonio Luengo, decano del Colegio de Psicología de Madrid, analiza en el blog de dicha institución un tema, a su juicio, tremendamente importante: la psicología educativa. La importancia de velar por el bienestar emocional en los colegios.
[–>[–>[–>“La vida en un centro educativo, en un colegio, tiene que ver con la vida de las personas”, afirma Luengo en un pódcast. “En cómo nos relacionamos, cómo aprendemos a convivir, aprendemos a situarnos ante los demás, a generar ese desarrollo de nuestra personalidad. Y hay que tener en cuenta que todos los niños, las niñas y los adolescentes pasan muchos años en un centro educativo. Desde los 3 años, cuasi obligatoriamente (obligatorio no es hasta los seis), pero prácticamente tenemos el 100% de los niños escolarizados desde los 3 hasta los 16, 18 años». José Antonio Luengo lo refuerza con números: «Son 6/7 horas al día, durante casi 180 días al año. Esto da razón de lo importante que es tener en consideración la vida de las personas, la vida del alumnado. Un alumno no es un ser al que se introduce en un aula para que aprenda una asignatura, sino que es un ser humano cargado de emociones, de sentimientos, de afectos, de vidas, de mil vidas, ¿no? El que los centros educativos consideren la salud mental como un elemento importante a la hora de elaborar sus proyectos, sus planes, sus maneras de generar convivencia en esa comunidad educativa, lo consideramos especialmente importante”.
[–> [–>[–>No es baladí, las consuencias pueden ser muy relevantes. «El 50% de los trastornos psicológicos que tenemos cuando somos adultos han aflorado antes de los 15 años», sentencia.
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La edad del agobio
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La pandemia del covid, las horas de encierro, aislamiento y el parón de la vida, tuvo un efecto devastador en muchos niños, hoy adolescentes. “Hemos encontrado un incremento de prevalencia en determinados trastornos, por ejemplo los trastornos de la conducta alimentaria, muy claros, muy evidentes. Hay parámetros indicadores que hacen referencia, por ejemplo, a cómo se han incrementado en los años 2021 y 2022 hasta el 100% las urgencias en los servicios de psiquiatría y psicología clínica infanto juvenil y hasta un 30% las hospitalizaciones en unas urgencias”, apunta Luengo. «Pero», amplía a lo largo de su conversación, “lo que nosotros estamos viendo desde antes de la pandemia, es cómo se van incrementando los casos en los que el profesorado, o bien las familias, detectan que sus hijos están pasando por situaciones muy inquietantes desde el punto de vista emocional».
[–>[–>[–>Fruto de su conversación con alumnos, Luengo hace una reflexión que comparte. «A la adolescencia yo le llamaría la edad del agobio. Es una de las palabras que más utilizan cuando hacemos referencia en distintos talleres sobre cómo nos sentimos en la vida, cómo interpretamos las cosas, cómo nos relacionamos con nuestros compañeros, con nuestros padres, cómo vemos el futuro y demás. Sin hablar de patología ni trastorno, la adolescencia es una edad muy vulnerable”.
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“Vivimos hoy en un contexto donde observamos con mucha facilidad que la población infanto-adolescente hace crack, quiebra desde el punto de vista de la gestión emocional»
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“Vivimos en una sociedad donde el difícil equilibrio entre bienestar-malestar emocional se quiebra con mucha facilidad hacia el malestar”, continúa el experto. “Donde observamos con mucha facilidad que la población infanto-adolescente hace ‘crack’, quiebra desde el punto de vista de la gestión emocional con cierta facilidad ante las adversidades que la vida les plantea. Y sin embargo, nos encontramos con una organización social, con un tejido cultural, que presiona de una manera muy significativa para el éxito, para alcanzar el máximo nivel de jerarquía en el grupo, en la comparación permanente con otros compañeros, los cánones estéticos… Es decir, estamos hablando de que hoy en día, desde hace 15 años para acá, la infancia y la adolescencia está sometida a una presión por cómo ser, cómo estar, cómo aparentar y cómo vivir como probablemente nunca antes se haya podido evidenciar».
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[–>A esta presión de ser el mejor, el más guapo o guapa y la que mejor físico tenga se añade, según Luego, un encapsulamiento para que «no vivan situaciones traumáticas que les pueda hacer daño o dañar su autoestima ni su identidad». Lo que agrava la situación. «Muchos de nuestros menores viven esta tensión sin la posibilidad de generar un contexto de diálogo y de conversación sobre lo que están viviendo y sintiendo que les permita afrontarlo y confrontarlo».
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El psicólogo es tajante. «Pocas conversaciones con los padres y madres, mucha conversación con los chicos y chicas, y muchos contenidos a los que accedes de manera libre y y normalmente en solitario a través de internet. Este es un cóctel, sinceramente, peligroso. Lo podremos decir más alto, pero no más claro, no estamos en un buen momento. Por eso es muy importante que a los centros educativos se les proporcione un estatus con recursos, con posibilidades organizativas, con autonomía, que les permita adueñarse de una nueva manera de concebir lo que es la enseñanza del siglo XXI y no del siglo XIX. No hemos evolucionado demasiado. Las tecnologías han entrado en las escuelas, pero estamos muy alejados de lo que probablemente necesite la población infanto adolescente para crecer de una manera saludable”.
[–>[–>[–>El valor de las distancias cortas: el colegio
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Baja autoestima, complejo de inferioridad, miedos, inseguridades, escasa relación con sus iguales… Son algunas de las señales de alarma que pueden ser detectadas en la escuela. El Colegio de Psicólogos de Madrid desarrolla desde hace unos años junto a otras entidades el Proyecto PSICE. Una investigación que se está llevando a cabo en toda España. El objetivo es generar evidencia científica sobre programas a desarrollar desde los centros educativos, que tengan impacto en el bienestar de adolescentes y jóvenes bajo la lupa emocional, no solo académica.
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La primera fase consiste en un cribado. «Ha sido revelador. La mayor parte de los chicos y chicas están bien. Hay un porcentaje pequeño, pero no poco importante, de chicos afectados por un trastorno, por una enfermedad psicológica o mental que están siendo atendidos, y también una franja de población que estimamos de entre un 10 y un 20% que cuenta con una vulnerabilidad psicológica notable». El reto del Proyecto PSICE es intervenir fundamentalmente con estos alumnos y alumnas.
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Padres, alumnos y profesores: diálogo
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No todo vale y no todo funciona. “Uno de los grandes problemas que tenemos con los programas que hay de gestión o de educación emocional es que pensamos que lo que tenemos que hacer es meternos en un aula y desarrollar talleres con los chicos y chicas. Esto funciona relativamente, como todas aquellas actividades que se basan en la idea de que yo transfiero una información porque yo lo sé y vosotros no sabéis”, matiza Luengo.
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“Los planes tienen que ser mucho más consistentes y estar elaborados por la comunidad educativa (padres, madres y alumnos). Encontrar las claves que nos permitan hablar, dialogar, pensar y debatir conjuntamente sobre lo que es el bienestar, sobre cómo podemos estar mejor en la vida, cuál es el papel que tengo».
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Autolesiones, dolor, frustración o incluso suicidio, sostiene el decano del madrileño colegio de psicólogos, no ha de ser un tabú. Todo lo contrario. “No estamos hablando de que en los centros haya que hacer terapia. Estamos hablando de lo que es la prevención, del trabajo cotidiano, de lo que es el trabajo con los chicos. Profesores, alumnos y progenitores han de estar implicados. Hay que hablar del bienestar psicológico, pero sobre todo hay que practicar una política de comprensión de lo que significa la pedagogía del cuidado”.
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Afrontar y confrontar situaciones complejas
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“Cuando hablamos de salud mental, podemos estar hablando del malestar psicológico y emocional, que forma parte de la vida, que te sitúa en una cierta inquietud, desasosiego, sin que podamos hablar de trastorno”, puntualiza este experto. «Todos sabemos muy bien que el sufrimiento entra y no sabemos cuándo sale, si es que sale, y es en esos momentos, cuando empieza a entrar, cuando tenemos que detectar rápidamente y generar buenos contextos de autocuidado y de cuidado. El malestar va a estar presente en la vida de todos ellos y es un elemento que las familias deberíamos tener muy claramente instaurado en nuestros modelos educativos. Hay que enseñarles a afrontar y a confrontar las situaciones complejas, sabiendo que te vas a ir a la cama un día llorando, que lo vas a pasar mal, pero que al día siguiente amanece y puedes volver a encontrar claves de relación que te hacen crecer. Claves para interpretar lo que te ha pasado, porque, aunque pueden hacerte sufrir al principio, te hacen percibir la realidad con mayor madurez pasado un tiempo”.
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