Economia

El gran mito de la izquierda se derrumba: la riqueza está más repartida que nunca

El gran mito de la izquierda se derrumba: la riqueza está más repartida que nunca
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  • Publishedfebrero 21, 2026




¿Es mala la desigualdad? Bueno, no está tan claro. Como dijo un famoso economista, «nadie murió de desigualdad, pero muchos han muerto de pobreza». Sin embargo, a pesar de esta evidencia, durante las últimas tres décadas, el debate económico en Europa ha desplazado su foco de la lucha contra la pobreza a la denuncia de una supuesta creciente desigualdad. Este giro discursivo, alimentado por tesis como las de Thomas Piketty (en su famoso libro, El capital en el siglo XXI), sostiene que el capitalismo tiende inevitablemente a concentrar la riqueza en unas pocas manos. Algo que resulta peligroso por la tensión social que se genera y porque perjudica el crecimiento en el medio y largo plazo.

El problema es que no es cierto. Es decir, aquí no estamos discutiendo si la desigualdad es buena o mala. O si tiene los efectos que afirma Piketty. Lo que decimos no es cierto es que vivimos en una época de creciente desigualdad. En realidad, datos históricos y nuevas investigaciones académicas, como la del economista sueco Daniel Waldenström en su libro Más ricos y más iguales (Deusto), que acaba de publicarse en España, contradicen esta narrativa. Las sociedades actuales no sólo son más ricas, sino también más igualitario en casi cualquier variable que analicemos.

De hecho, como nos explican Nuria Richart y Domingo Soriano en el episodio de esta semana de Economía para quedarse sin amigosEl análisis de las métricas de bienestar revela una convergencia sin precedentes entre diferentes clases sociales. Si indicadores como alfabetismoLa esperanza de vida, el consumo o incluso la altura media –estrechamente ligados a la nutrición–, las brechas que separaban a ricos y pobres hace un siglo se han reducido drásticamente. Mientras que en la Inglaterra de finales del siglo XIX la mortalidad infantil afectaba dos veces más a las familias humildes que a las ricas, hoy esa diferencia es prácticamente nula. Este ecualización real en las condiciones de vida es el resultado de un proceso de creación de riqueza que ha permitido a mayorías sociales acceder a estándares de consumo y salud previamente reservados a una élite mínima.

la riqueza

Uno de los pilares de esta transformación es que la riqueza ya no es estática y está ligada a la tierra. En las sociedades preindustriales, la propiedad de la tierra era un juego de suma cero en el que él patrimonio de la terratenientes Permaneció inamovible a través de generaciones y en el que lo que uno poseía no estaba disponible para otros. Por el contrario, en el sistema capitalista moderno, la riqueza es de naturaleza cambiante y creativa; Se genera a través de la innovación y la actividad empresarial. Los grandes activos actuales suelen estar compuestos por activos productivos (especialmente acciones de empresas) y no mediante acumulaciones pasivas de dinero o metales preciosos. Evidentemente, esto cambia mucho nuestra visión de la riqueza. Por poner un ejemplo bien conocido: Amancio Ortega tiene actualmente las mismas acciones en Inditex que hace cuarenta años; Es cierto que estos títulos ahora valen mucho más, pero ni a nadie le ha quitado ese valor ni su posesión me impide acceder a otras formas de riqueza.

De hecho, este cambio ha beneficiado sobre todo a las clases medias, ya que ha permitido el surgimiento de lo que se llama “riqueza de clase media”. En el último siglo, el porcentaje de activos nacionales en manos del 90% menos rico de la población ha crecido de manera constante, mientras que la concentración en el 1% más rico ha caído significativamente. En países como Reino Unido, hace cien años el 1% de la población poseía el 75% de la riqueza total, cifra que hoy ha caído a niveles cercanos al 20%. ¿Y cuáles han sido los impulsores de esta democratización patrimonial? Pues fundamentalmente dos: el acceso generalizado a propiedad de la vivienda y participación en los mercados financieros a través del ahorro para la jubilación.

Patrimonio y libertad

El valor de la riqueza para las familias de ingresos bajos y medios trasciende las meras estadísticas contables. Tener una pequeña cantidad de capital o ser propietario de una casa actúa como un trampolín social y una red de seguridad que permita a los ciudadanos asumir riesgos, emprender proyectos o negociar sus condiciones laborales con mayor margen de maniobra. En este sentido, las críticas a la acumulación de capital ignoran que la capitalización es, precisamente, la herramienta más poderosa para mejorar la situación económica de los menos afortunados.

En comparación con los modelos de pensiones de reparto, que dependen de la demografía y la gestión política, los sistemas de pensiones capitalización Permitirían que los trabajadores se beneficiaran de los mismos rendimientos del capital que históricamente han enriquecido a los grandes inversores. La evidencia sugiere que, si se facilitara el acceso de las clases populares a estos instrumentos de inversión, la tendencia hacia la igualdad sería aún más pronunciada.



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