Cálculos electorales
Pedro Sánchez no disuelve el Congreso. Es extraño, porque el Gobierno está en minoría, apenas puede dar un paso, y según las estimaciones del CIS, entidad pública integrada en el organigrama de la administración del Estado, aventaja en diez puntos al PP y tendría por tanto todas las posibilidades de ganar. Pero parece que nadie piensa en otra cosa que las próximas elecciones generales. Se extrapolan los resultados de las autonómicas a la arena nacional. Vuelan los pronósticos con indicación de vencedores y derrotados. Corren rumores de quién será candidato. Se ponen en porcentajes los votos que los partidos arrebatarán o perderán. Se hacen sumas de los escaños que faltarán o sobrarán para formar gobierno. Está en estudio la manera de obtener el máximo rendimiento del sistema electoral. El efecto de los escándalos en el electorado femenino se calibra con sumo cuidado. En fin, todo lo que hacen o dicen el Gobierno y los partidos está sometido a una evaluación de su impacto electoral. La precariedad del Gobierno ha alterado la agenda política del país. Los partidos están dedicados a los preparativos electorales. Tratan de elevar sus expectativas para cuando sean convocados, que puede suceder en cualquier momento.
[–>[–>[–>En la derecha, la dirección del PP está inquieta por la fuga de votos hacia Vox y emite mensajes en distinto tono y volumen, según hable Feijóo o Ayuso. El empeño de Abascal en liderar un partido sin fisuras es perturbado por las sospechas en torno a la contabilidad interna, tensiones locales y repetidos conflictos abiertos con los fundadores, que proyectan una imagen de organización poco transparente, oscura. Los problemas de la izquierda son mayores. El cisma entre el núcleo dirigente del PSOE y sus dos líderes históricos de este período democrático es un hecho. Que Felipe González haya manifestado en público que ha decidido en firme votar en blanco no es una anécdota. Las encuestas y el escrutinio de las elecciones autonómicas celebradas reflejan que muchos votantes socialistas tienen la intención de cambiar su voto para abstenerse o votar a diferentes partidos. La impasibilidad de Pedro Sánchez ante el desgaste de su Gobierno, da igual lo que ocurra, augura un fuerte revés en las urnas a su partido.
[–> [–>[–>La situación es más complicada en el costado del PSOE. Las escisiones en Sumar han dividido a la izquierda radical y, lo que es peor aún, han causado desconcierto y desánimo. La ausencia de un liderazgo claro y las dificultades para seguir una línea política coherente en el seno de la coalición del gobierno ha sumido al segmento de los electores posicionados a la izquierda del PSOE en una total confusión, que Gabriel Rufián ha llevado al paroxismo con su estrambótica propuesta. El portavoz de ERC, independentista catalán desautorizado por su partido, ha postulado en abstracto una idea que es impracticable en los términos expuestos e inaceptable para las fuerzas políticas concernidas. Ninguna la ha tomado muy en serio. Un hipotético acuerdo supondría la desaparición de algunas siglas de la izquierda. Los partidos independentistas, que recibirían los votos de otros partidos en casi todas las provincias donde presentan listas sin aportar los suyos en el resto de España, donde no concurren, ya exprimen el fruto del sistema electoral en sus circunscripciones. Y los antecedentes de ofertas electorales pactadas entre los partidos han arrojado un balance negativo.
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Es llamativo que una izquierda piense en la manera de obtener la máxima producción en escaños del sistema electoral, en vez de competir para ampliar su porcentaje de votantes. Y Sumar ha iniciado una refundación en sí misma que no ha levantado gran entusiasmo y que, además, pasa por encima de una cuestión crucial que todavía estará ahí después de que este gobierno se haya ido, cual es la relación de la izquierda estatal con el nacionalismo soberanista de las tres primeras comunidades autónomas en constituirse. La dispersión del electorado de izquierdas responde a las divergencias ideológicas y políticas acumuladas durante un siglo, pero también, coyunturalmente, a la constante fragmentación organizativa de la que los principales responsables han sido sus dirigentes. A la izquierda discurre un caudal electoral al que afluye en torno a un 15% de los votantes. Del número de diputados que envíen al Congreso podría depender la reelección de Pedro Sánchez. Esta es la simple evidencia que ha visto Rufián. Pero la concertación de la izquierda radical se antoja improbable. Pedro Sánchez tiene previsto que finalmente no se logre y está listo para salir a la captura de ese voto.
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