Científicos descubren por qué sabemos en qué momento dejar de rascarnos cuando nos pica
La sensación de alivio al rascarse cuando pica una parte del cuerpo es una de las más placenteras del mundo. Pero el momento en el que dejas de sentir picazón y ya no necesitas frotarte no es aleatorio. Cuando te rascas, algo … Le dice a tu cerebro cuándo detenerse. Un grupo de científicos ha identificado un mecanismo molecular y neuronal clave detrás de este sistema de frenado incorporado, arrojando nueva luz sobre cómo el cuerpo regula la picazón y por qué este control falla en las enfermedades crónicas.
En un nuevo estudio del laboratorio de Roberta Gualdani, profesora de la Universidad de Lovaina en Bruselas, los investigadores revelan un papel inesperado del canal iónico TRPV4 en el prurito inducido mecánicamente. Los resultados se presentarán en la 70ª Reunión Anual de la Sociedad Biofísica en San Francisco, del 21 al 25 de febrero de 2026.
«Primero, estudiamos TRPV4 en el contexto del dolor. Pero en lugar de un fenotipo de dolor, lo que apareció muy claramente fue una alteración de picarmás específicamente, la regulación del rascado”, explica Gualdani.
TRPV4 pertenece a una familia de canales iónicos que actúa como un sensor polimodal en muchos tejidos humanos y responde a estímulos mecánicos (presión, estiramiento), térmicos (calor suave) y químicos.
Estos canales ayudan al sistema nervioso a detectar la temperatura, la presión y el estrés de los tejidos. Aunque desde hace tiempo se sospecha que TRPV4 está involucrado en la mecanosensibilidad, su papel en el prurito, particularmente el de tipo crónico, ha sido controvertido.
Para responder con precisión a esta pregunta, el equipo de Gualdani diseñó un modelo genético en ratones, eliminando selectivamente el TRPV4 sólo en las neuronas sensoriales. Este enfoque específico de neuronas evitó una limitación importante de estudios anteriores, en los que se eliminó TRPV4 de todos los tejidos, lo que dificultaba determinar con precisión dónde actuaba realmente el canal.
Utilizando una combinación de herramientas genéticas, imágenes de calcio y análisis de comportamiento, los investigadores demostraron que TRPV4 se expresa en neuronas clásicamente asociadas con el tacto, llamadas mecanorreceptores de umbral bajo Aβ (Aβ-LTMR), así como en subconjuntos de neuronas sensoriales vinculadas a las vías de picazón y dolor, incluidas aquellas que expresan TRPV1.
Cuando el equipo indujo una picazón crónica similar a la dermatitis atópica, los resultados fueron sorprendentes. Los ratones sin TRPV4 neuronal se rascaban con menos frecuencia, pero cada episodio de rascado duraba mucho más de lo normal. «A primera vista, esto parece paradójico, pero en realidad revela algo muy importante sobre cómo se regula la picazón», dice Gualdani.
Los datos sugieren que TRPV4 no solo genera picazón, sino que también ayuda, en las neuronas mecanosensoriales, a activar una señal de retroalimentación negativa, un mensaje neuronal que indica a la médula espinal y al cerebro que rascarse ha sido suficiente. Sin esta señal, la sensación de alivio se reduce y persiste el rascado excesivo. En otras palabras, TRPV4 forma parte de los circuitos internos del sistema nervioso para deja de rascarte.
«Cuando nos rascamos, en algún momento dejamos de hacerlo porque hay una señal de retroalimentación negativa que nos dice que estamos satisfechos. Sin TRPV4, los ratones no sienten esta retroalimentación y por lo tanto continúan rascándose mucho más tiempo de lo habitual», explica Gualdani.
Los resultados sugieren que el papel de TRPV4 en la picazón es más complejo de lo que se pensaba anteriormente. Mientras que el canal en las células de la piel parece desencadenar la sensación de picazón, el mismo canal en las neuronas parece ayudar a regularla y contenerla. Esta doble función tiene implicaciones importantes para el desarrollo de fármacos.
«Esto significa que bloquear ampliamente el TRPV4 puede no ser la respuesta. Es posible que las terapias futuras deban ser mucho más específicas, tal vez actuando sólo sobre la piel, sin interferir con los mecanismos neuronales que nos dicen cuándo dejar de rascarnos», dice Gualdani.
La picazón crónica afecta a millones de personas con afecciones como eczema, psoriasis y enfermedades renales; sin embargo, los tratamientos eficaces siguen siendo limitados. Comprender los mecanismos precisos que regulan la picazón, incluido cuándo dejar de rascarse, podría abrir nuevas vías para desarrollar tratamientos.
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