«Sólo una fracción de la población tendrá trabajo; el resto lo asumirá la IA»
Omar Hatamleh y Michael Lewrick, comparten en Inteligencia Artificial e Innovación (Deusto), una guía para aprender a utilizar la IA de forma consciente y estratégica, maximizando su potencial y minimizando sus riesgos.
Vivimos un momento de gran euforia en torno a la inteligencia artificial. ¿Qué te llevó a escribir este libro precisamente ahora y no antes?
La inteligencia artificial se ha estado desarrollando desde la década de 1950, pero el verdadero punto de inflexión llegó con los modelos de lenguaje a gran escala, popularizados por ChatGPT. Eso cambió completamente la conversación. Hasta entonces, la IA estaba limitada a personas con alta capacidad técnica; Hoy en día, cualquiera puede conversar con una inteligencia artificial y extraer un valor enorme. Ese cambio es radical.
Ya no hablamos de una tecnología singular, sino de una tecnología compleja y profundamente transformadora, quizás la más transformadora de la historia. En 2016 comencé a ver claro que esto iba a ser diferente, y por eso escribí mi primer libro, Between Brains, donde me anticipé a muchos de estos temas. El segundo libro, Esto es diferente, es más filosófico: se centra en cómo esta tecnología afecta a las personas y cómo puede amplificar nuestras capacidades. El motivo de este libro es que estamos viendo que mucha gente está utilizando la inteligencia artificial de forma incorrecta, incluso negativa. Queríamos en qué deberían centrarse, cómo crear una sinergia real entre la capacidad humana y la inteligencia artificial para generar un valor mucho mayor.
Dice que la gente y las empresas no lo están utilizando bien. ¿Cuál es el mayor malentendido que habéis detectado?
Empiezo por las personas, porque las empresas están formadas por personas. Lo que vemos es que muchas personas hacen una pregunta, obtienen una respuesta y se van, sin reflexionar sobre lo que significa esa respuesta. Se quedan con una única opción, sin contraste. Esto reduce la capacidad de pensar críticamente. Estamos acostumbrados a una barra de búsqueda tipo Google, pero estos sistemas no están diseñados para eso, sino para tener conversaciones profundas, cuestionar respuestas, incluso discrepar: “No estoy de acuerdo, ¿por qué dices esto?”. Ahí empieza lo interesante.
Además, es clave contrastar: utilizar varios sistemas, comparar respuestas, acudir a libros, otras fuentes. Crea un ecosistema de información que te permita destilar tu propia opinión sin perder capacidad cognitiva. Algo parecido ocurre en las empresas. Muchos usan la IA simplemente para “marcar la casilla” y decir que la están usando. Pero hay áreas donde la IA no es necesaria y otras donde puede transformar completamente el trabajo. Él El reto es distinguir dónde aporta más valor el ser humano y dónde la inteligencia artificial, e integrarlos con criterio. También es fundamental empezar con pequeños pilotos y trabajar en la cultura. Mucha gente ve la IA como una amenaza, cuando en realidad es una herramienta que puede amplificar sus capacidades y convertirlos en profesionales mucho más poderosos.
¿Qué implica este cambio de mentalidad para los líderes y las organizaciones?
Lo primero es entender que la inteligencia artificial no es una herramienta tecnológica más. Tiene la capacidad de transformar empleos, sectores y, en última instancia, a la humanidad. Hemos pasado de una IA excelente en tareas específicas a sistemas capaces de asumir funciones enteras e incluso departamentos enteros gracias a la computación agente. Esto ya afecta a los puestos de nivel inicial y llegará a roles superiores, directivos y ejecutivos. Una diferencia clave es el aprendizaje colectivo: si mil sistemas aprenden algo, todos lo aprenden. Debaten entre ellos, destilan información y operan a una velocidad incomparable a la velocidad humana.
¿Cuántos puestos de trabajo crees que destruirá la IA?
Depende del sector. No será un impacto homogéneo. Los centros de llamadas, el transporte o los empleos altamente automatizables se verán afectados antes. Los sectores que requieren intuición, empatía o pensamiento crítico tardarán más. A largo plazo, si miramos hacia 2050, creo que sólo una fracción de la población tendrá empleos significativos tal como los entendemos hoy. El resto lo asumirán los sistemas de inteligencia artificial. Esto nos llevará a modelos como renta básica universal. El verdadero problema no será económico, sino identitario. Nos definimos por nuestro trabajo. Cuando eso desaparezca para miles de millones de personas, tendremos una profunda crisis de significado.
¿Qué riesgos éticos deberíamos empezar a abordar, especialmente en salud?
Los dilemas éticos son incluso más complejos que los tecnológicos. Por ejemplo, si un sistema debe decidir a quién salvar en una situación extrema, ¿cómo se programa esa decisión? No hay una respuesta sencilla. En medicina, los avances son extraordinarios: diagnóstico predictivo, análisis de retina para detectar enfermedades, implantes que permiten a los pacientes de ELA comunicarse, descubrimiento acelerado de fármacos, impresión 3D de órganos. Esto nos llevará a una sociedad mucho más larga. El desafío no será sólo vivir más tiempo, sino redefinir sistemas como la jubilación y repensar el papel del ser humano en una vida más larga y saludable.
¿Qué debería cambiar en el sistema educativo?
Más allá del coeficiente intelectual, debemos mejorar la inteligencia emocional, la adaptabilidad y una educación polimática: historia, filosofía, ciencia, ingeniería. Esta diversidad de pensamiento será una ventaja clave en la transición que estamos viviendo.
Si alguien pudiera tomar solo una idea de tu libro, ¿cuál sería?
Que aprender a utilizar correctamente la inteligencia artificial es fundamental para amplificar nuestras capacidades humanas y minimizar sus efectos negativos. Este libro ofrece una guía para comprender cómo hacerlo y por qué es crucial comenzar ahora.
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