No sentí que heredara culpa, pero sí una responsabilidad
Un día, hace 13 años, Alexandra García Tabernero estaba comiendo con su familia en Barcelona cuando alguien habló casualmente de un pariente en Argentina. Ella tenía entonces 23 años, y se le activaron las alarmas cuando supo que ese familiar tuvo un hijo que se hizo militar y había tenido “problemas de esos” con la justicia. Poco después pudo comprobar que el caso entroncaba con sus inquietudes profesionales: fascinada con los juicios de Núremberg, García Tabernero había decidido primero estudiar Derecho y después trabajar en el Tribunal Penal Internacional analizando delitos como el genocidio o los crímenes de lesa humanidad. Justamente los que se cometieron durante la dictadura argentina que empezó en 1976 y duró hasta 1983, y en los que pudo estar implicado, pronto lo descubriría, el hijo de un hermano de su tatarabuelo, el coronel Reinaldo Tabernero.
[–>[–>[–>“Si investigas, no te va a gustar”, le advirtieron en su familia. Pero no les hizo caso, y Alexandra García Tabernero acaba de publicar ‘Carta al coronel’ (Debate), un libro que recoge sus pesquisas sobre Reinaldo Tabernero, que fue subjefe de la policía de la provincia de Buenos Aires durante el año 1977. A estas alturas de la vida, la autora ya es fiscal de la Audiencia Provincial de Barcelona y profesora de Derecho Penal en la UB y en la Escuela de Policía de Catalunya, aunque escribir este libro no ha tenido nada que ver con escribir un alegato para un juicio, explica.
[–> [–>[–>Un manto de silencio
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“Escribí el libro para ordenar los pensamientos y para reunir información sobre una cosa que me estaba inquietando, sobre todo por la paradoja que generaba con mi cargo y con mi trayectoria”, dice García Tabernero. Después de aquel comentario casual en una comida familiar, al que pronto se trató de ocultar bajo un manto de silencio, se obsesionó con la historia de ese pariente al que nunca conoció y que murió en prisión en 2007, mientras esperaba ser juzgado por su papel durante la dictadura.
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El libro tiene forma de carta porque en principio estaba pensado para plantear esa conversación imposible con un familiar muerto, pero, conforme se implicaba en la historia, la autora lo concibe también con una “voluntad reparadora” a varios niveles. “Una reparación personal, para cerrar una herida; una reparación intrafamiliar, porque hay personas dentro de mi familia que no han recibido reparación en Argentina; y en última instancia por el valor que pueda tener para una sociedad que se vio completamente zarandeada por los crímenes de la dictadura”, dice García Tabernero en una entrevista con este diario.
[–>[–>[–>Argentina aprobó dos leyes, la de Obediencia Debida y la de Punto Final, que pretendían enterrar la responsabilidad penal de esos crímenes después de que, en 1985, el juicio a las Juntas acabara con la condena de los principales responsables del régimen, empezando por el dictador Jorge Rafael Videla. Pero, a diferencia de lo que sucedió en España, esa amnistía fue finalmente derogada. “En Argentina se optó por procesos penales con consecuencias punitivas. La pregunta sobre qué modelo es mejor deben responderla las víctimas; en el caso español, las víctimas del franquismo y de la Guerra Civil. Son ellas quienes deben decir si les basta un modelo que no contempla castigo penal. El libro también sirve para preguntar a la sociedad española si le basta con lo que tenemos, y señala que había otra forma de hacerlo”, subraya la autora.
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El sueño de la fiscal
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Quien busque en el libro un juicio sobre el coronel Reinaldo Tabernero no lo va a encontrar; la autora tampoco buscaba decidir si debía perdonar o no a su pariente, que al fin y al cabo no pudo ser juzgado. “No hablo en términos de perdón, sino de responsabilidad. No sentí que heredara culpa, pero sí una responsabilidad reforzada por mi posición. No podía recibir esa información y pasar página sin hacer nada”, explica. La historia la persiguió de tal modo que incluso soñó con ella. “Y es curioso, porque yo nunca recuerdo mis sueños. Ese día me desperté nerviosa: me veía sentada en el estrado, con la toga puesta, y el coronel estaba en el banquillo vestido de uniforme. El juez me daba la palabra para pedir su condena o su absolución, pero yo me quedaba bloqueada y entonces me desperté angustiada”, recuerda.
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[–>El libro llega “todo lo lejos que puede” para que “el lector alcance su propia conclusión”, habida cuenta de que la justicia argentina no pudo llegar a la suya. No hay en los archivos públicos ninguna acusación directa de participación en torturas contra Reinaldo Tabernero, pero su cargo de número dos de la policía de la provincia bonaerense hace difícil pensar que fue ajeno a los crímenes. Y más teniendo en cuenta que su jefe, el siniestro general Ramón Camps, reivindicaba y justificaba incluso después de la dictadura la “desaparición de los subversivos”, el secuestro de sus hijos y la tortura como una forma rápida y legítima de obtener información de los enemigos políticos.
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Sí recorren las páginas de ‘Carta al coronel’, en cambio, algunos de los crímenes más espantosos de la dictadura argentina: las torturas sistemáticas, los ‘vuelos’ que empezaban con los “subversivos” narcotizados y terminaban arrojándolos al mar, las violaciones, los bebés robados y adoptados por algún jefe militar. La fiscal García Tabernero viajó a Argentina y habló con numerosas víctimas de esas atrocidades. “En mi trabajo me entrevisto con víctimas a diario. Pero esta vez fue distinto, porque no podía separar el pensamiento de que quizás mi tío tuvo algo que ver en su sufrimiento”, explica. Y quizás por ello el libro se lee de forma distinta a otros textos –jurídicos, históricos o periodísticos- sobre la época.
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