el baile viral de unos robots en la gala del año nuevo chino dispara las ventas de estos androides
La gala televisiva de año nuevo en China es el programa más visto y más criticado del mundo. Tan obligatorio es verla durante la cena como lamentar el día siguiente otro anodino encadenamiento de números teatrales, musicales y presuntamente humorísticos. Este año, en cambio, la excitación desbordaba las redes sociales: los androides habían opacado el moho y la pedestre propaganda china.
[–>[–>[–>Docenas de robots ejecutaron complejas coreografías de kungfú y baile con la contundencia de Bruce Lee y la armonía de Nureyev. Se prodigaron en saltos, volteretas aéreas y otras cabriolas, blandieron katanas y nunchakos, siempre ágiles y armoniosos como humanos. Sirven para lo fino y lo grueso: otros robots mostraron habilidades domésticas como plegar camisas. Y en un ardid de realismo, una anciana controlaba un robot tan parecido a ella que confundía a su familia y audiencia.
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Los robots irrumpieron en la gala veinte años atrás y pocas veces han faltado. El pasado año también bailaron y saludaron con pañuelos rojos. Vistos hoy, provocan ternura. Se ha viralizado en las redes el contraste entre las actuaciones como corolario del gran salto adelante en la robótica. En los últimos años ha organizado China combates de robots o los ha puesto a correr maratones junto a humanos. Los avances son espectaculares pero son indulgentes los juicios con los tropezones y caídas. Esta vez no: lo visto empuja a preguntarse no por los límites futuros sino por los presentes. «Los humanoides chinos han pasado oficialmente de los prototipos de laboratorio a ocupar el centro del escenario global», certificó la prensa nacional.
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Ventas disparadas
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El clima ha disparado la demanda. Las búsquedas sobre androides en las webs de comercio digital aumentaron un 300% en las dos primeras horas de la gala, con parecido interés en las grandes ciudades y las provincias rurales. Antes de que terminara habían agotado las existencias los robots participantes en la célebre plataforma JD, según el medio oficial Global Times. En otras ediciones fue empujado al estrellato un artista ignoto, en esta se popularizaron las startups locales MagicLab, Noetix, Galbot y Unitree.
[–>[–>[–>La carrera espacial, los drones, la inteligencia artificial, los robots… Ha servido la gala durante cuatro décadas de escaparate tecnológico nacional y declaración de intenciones. La robótica ha entrado en una nueva era y lo más relevante ocurre en China. El plan quinquenal de 2021 preveía un aumento del 20% anual de robots, la iniciativa Made in China 2025 identificó la robótica como una de los diez sectores estratégicos de la nueva economía y el plan Robot+ señaló un centenar de aplicaciones prioritarias en agricultura, construcción, minería o sanidad. Sirve de termómetro la agenda de Xi Jinping, presidente chino: en el último año se reunió con cuatro fundadores de compañías de vehículos eléctricos, con otros cuatro de semiconductores y con cinco de robótica.
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Los robots participan en la celebración del nuevo año en China. / Associated Press / LaPresse
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Oportunidad económica
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Para aceitar la revolución ha destinado Pekín generosos subsidios y favorecido la apertura de fábricas cerca de los centros de investigación. China solo ve ventajas. Aumentan la productividad, incentivan la investigación en un sector estratégico y, tras décadas de sostenidas subidas salariales, frenan la deslocalización. También aliviarán los daños económicos de la crisis demográfica. China sufre un tenaz envejecimiento que recorta sin remedio la fuerza laboral y las proyecciones son catastrofistas: en la próxima década unos 300 millones de chinos que ahora tienen entre 50 y 60 años, el mayor sector social, se habrán jubilado sin que la declinante natalidad pueda reemplazarlos.
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[–>China y Estados Unidos se discuten el liderazgo global en IA. En robótica, en cambio, el dominio chino intimida. En China fueron instalados la mitad de los robots del mundo durante el pasado año, según la Federación Internacional de Robótica, y es el origen del 90% de los 13.000 vendidos en todo el planeta. EEUU apenas cuenta con el 13%. La industria vive en el frenesí. El jefe ejecutivo de Unitree, una de las compañías de la gala, aumentará su producción actual de 5.500 robots anuales hasta los 20.000. Morgan Stanley calcula que las ventas de androides chinos se doblará este año y alcanzará las 28.000 unidades. El camino hacia los hogares, sin embargo, es largo: son más difíciles los actos mundanos como servir un café que las coreografías de saltos.
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La asunción de la derrota estadounidense son sus denuncias de la política de subsidios en China que, llegado el momento, allanará el camino a los aranceles. Ya ocurrió con los vehículos eléctricos. La batalla está dispuesta de nuevo: frente a la avanzadilla china está el humanoide Optimus de Tesla. Años atrás desdeñaba Elon Musk con risas a los coches eléctricos chinos como rivales y en 2025 el fabricante BYD superó en ventas a Tesla. Aprendida la lección, recientemente señaló los robots chinos como su máxima amenaza. «La gente subestima a China, pero China es poderosa a otro nivel», dijo.
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