«Un salvavidas para este sistema»
Llegado el siglo XXI, muchos nos hemos hecho conscientes de las consecuencias no deseadas del capitalismo y también del comunismo como grandes concepciones económicas. Y en este antagonismo entre el capital y lo público (lo común) se deshacen las esperanzas de una ciudadanía que no ve la salida de esta situación. La economía debería permitirnos vivir con cierta comodidad, cierto orden y cierta coherencia, pero no es así, al revés, cada día estamos más estresados y vemos menos soluciones. Puede haberla, si creemos en ella.
El capitalismo genera valor pero, en su peor versión, exacerba la codicia por el beneficio, lo hace exprimiendo recursos naturales, humanos y promoviendo el puro consumismo. Y con la especulación financiera, no digamos, y no se detiene, sigue ambicionando más y más. Por otro lado, el comunismo no genera valor, la rotunda evidencia de su fracaso es palpable: el monopolio del estado lo ahoga todo. A pesar de las consecuencias no deseadas de ambos sistemas y aunque su formulación fuera positiva inicialmente, los defensores de uno y otro siguen defendiendo lo indefendible: la verdad objetiva no les interesa. Seamos claros: el foco en el capital y el foco en lo público no dan más de sí, y la idea de mezclar capitalismo salvaje con estados enormes tiene lo malo de cada sistema. Lo que se requiere es una reacción química, que humanice el nuevo sistema.
En un mundo de innovaciones continuas ¿acaso no cabe innovar también en el sistema económico? ¿O todo se reduce a la IA y a la tecnología? Proponer la generación de valor, el valor, como nuevo eje, ofrece una esperanza posible: ya no exprimimos el beneficio a costa del planeta y las personas porque éstas no están al servicio del primero, el valor es sistémico. Cuando ponemos el valor como eje, no creamos macro estados porque la libertad y la justicia no sobreviven en ellos. Cuando pensamos en el valor de las cosas, apoyamos a los agricultores porque el campo es valioso e imprescindible; ningún millonario tecnológico desayuna dólares. Cuando pensamos en valor nos inquieta la pésima gestión del tiempo en el ámbito público. Valor es sencillez en trámites administrativos, recobrando la vida que se nos va en burocracia mal concebida. Valor es prohibir tanta violencia en el ocio porque no se puede hablar de cooperación y sociedades pacíficas cuando la infancia y la juventud se alimenta de modelos violentos a los que emular. Valor es ejercer el gobierno con responsabilidad callada, con cuidado y buena letra.
Decía que poner el foco en el valor, valuismo, ofrece una esperanza posible. Caer en buenismos como el amor o la justicia social perjudican el funcionamiento del sistema, no son variables económicas sobre las que articular el sistema. Pero el término aportar valor ya está presente cuando se quiere ir más allá del beneficio y está bien considerado. Disponer de una palabra, una inspiración, una guía, es un punto a favor. Tras pensarlo durante mucho tiempo, no veo otra idea capaz de transformar el sistema económico global. Se habla de cambio climático, de los vaqueros que consumen cantidades ingentes de agua para ser producidos, de la obsolescencia programada y no pasa nada, porque las leyes y el pensamiento siguen priorizando el capital. Los objetivos de desarrollo sostenible se ejecutan sin acierto y sin lograrlo, porque permanece el paradigma que otorga confort al no exigir el esfuerzo que se requeriría.
¿Y cómo cambiar el foco? Con convicción y pensamiento limpio, porque nada es llegar y besar el santo y porque la mente se vuelve sistemáticamente a lo que conoce. La vivienda, por poner un ejemplo: hagamos el diagnostico sin mentiras ni excusas, empecemos por el principio, diseñemos a largo plazo, impulsemos la cooperación, pasemos a la acción y vayamos evaluando. Sin embargo, negamos haberla desatendido, empezar por el principio supone demasiado trabajo, el largo plazo no da votos para las próximas elecciones y para ganarlas mejor no colaborar, mejor polarizar para blindar el voto de los nuestros.
Nuestro problema son nuestros valores caducos, y nuestra esperanza promover un cambio de pensamiento. El valor es un eje salvavidas, lanzarlo al agua es lo primero, lo segundo es querer agarrase a él.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí