45 años del 23-F, la noche en que la democracia se puso a prueba
Esa tarde, durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno, Un grupo de guardias civiles armados irrumpió en el Congreso de los Diputados. Durante horas, el país contuvo la respiración sin saber si el proceso democrático iniciado en la Transición sobreviviría. Cuatro décadas después, el 23-F sigue siendo una fecha que explica quiénes éramos y por qué seguimos siendo una democracia.
Cuando el ruido rompió la palabra
A las 18:23 cuando entró en la sala el teniente coronel Antonio Tejero al frente de aproximadamente 200 guardias civiles. “¡Quédense todos quietos!” » » grita desde las gradas antes de que los disparos al techo congelen la escena. Los diputados se tiran al suelo mientras el Congreso está bajo el control de los agresores. La imagen de escaños vacíos, agujeros de bala en el techo y tensión reprimida dentro del Parlamento se ha convertido en el símbolo de un intento de golpe destinado a detener al liderazgo político del país.
Miedo, incredulidad y horas interminables
Dentro del hemiciclo la confusión es total. Muchos diputados Al principio pensaron que se trataba de un incidente aislado.; otros comprenden inmediatamente que se enfrentan a un intento de golpe de estado. La confusión dio paso al miedo: nadie sabía cuánto duraría el secuestro ni qué pasaba afuera. Tumbados en el suelo, escuchando órdenes y disparos, viven horas de incertidumbre donde el futuro de la democracia parece pender de un hilo.
La balanza se inclina hacia la Constitución
La clave de esta velada estuvo frente al Congreso. En la madrugada del 24 de febrero, el rey Juan Carlos I apareció en televisión vestido con uniforme militar para defender el orden constitucional y repudiar el levantamiento. Su mensaje es decisivo para poner fin al apoyo dentro de las fuerzas armadas y aislar a los golpistas. La intervención del jefe de Estado inclina la balanza hacia la legalidad democrática y marca el desenlace del intento de golpe de Estado.
El peso de la ley
Tras el intento fallido, los principales autores fueron detenidos y juzgados por el Consejo Supremo de Justicia Militar. Antonio Tejero es condenado a 30 años de prisión por rebelión militar, al igual que el general Jaime Milans del Bosch. Alfonso Armada recibe inicialmente una pena menor, luego agravada por el Tribunal Supremo. Las condenas confirman que el Estado de derecho responde con instrumentos legales, no con venganza o atajos.
La noche que hizo más fuerte la democracia
Paradójicamente, el 23-F acabó consolidando la democracia española. El rechazo mayoritario de la sociedad, la firmeza institucional y el fracaso de los golpistas reforzaron el apego a la Constitución de 1978. Este intento de derrocamiento muestra claramente que el pasado no tiene lugar en el nuevo marco democrático. Desde entonces, esta noche ha servido de recordatorio de que la democracia no es irreversible, pero también de prueba de que, puesta a prueba, España optó por defenderla.
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