Dos asesinatos en 8 años en la misma finca de Valencia
El barrio de Benimàmet ha vuelto a teñirse de luto este domingo, 22 de febrero de 2026, reviviendo fantasmas que muchos vecinos daban por enterrados. Un nuevo episodio de violencia extrema ha sacudido los cimientos de una finca en la calle Gavarda, donde un hombre ha perdido la vida de forma violenta a manos de un vecino y sus padres. La víctima, identificada como Juan Carlos, de 58 años, ha muerto desangrada tras recibir numerosas puñaladas y ser golpeado con un bate.
[–>[–>[–>Los hechos han ocurrido alrededor de las 15.30 horas en el interior del inmueble. Según los primeros datos de la investigación, los tres presuntos autores de la agresión (y un hombre y sus padres), que residen en la puerta 8 del edificio, habrían atacado a la víctima, residente en la puerta 5, en el marco de una disputa vecinal que se prolongaba en el tiempo.
[–> [–>[–>El brote de 2018
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Para los residentes de la calle Gavarda, el despliegue policial y los precintos en el portal no son una imagen nueva. El edificio donde hoy ha muerto Juan Carlos arrastra una historia negra que se remonta a 2018, cuando la misma finca fue el escenario de un parricidio. En aquella ocasión, los hechos ocurrieron en la puerta 2 de ese número 14 de la calle Gavarda.
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Aquel crimen fue protagonizado por Iván R. C., un joven de 25 años que, hasta ese momento, era descrito por el vecindario como una persona educada y poco problemática. Sin embargo, un grave empeoramiento de su salud mental, que le llevó a mostrar comportamientos huraños y depresivos, terminó estallando una noche. Iván, que presentaba signos de un trastorno psiquiátrico y había llegado a manifestar ideas suicidas, fue llevado por su familia al Hospital Arnau de Vilanova un mes antes del suceso. Pese a la petición de ingreso de sus familiares, los médicos optaron por una cita ambulatoria con el psicólogo, que el joven decidió ignorar.
[–>[–>[–>Una convivencia imposible
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La tragedia de este domingo parece ser el desenlace fatal de una convivencia marcada por la tensión y el conflicto. Según han confirmado fuentes de la investigación, Juan Carlos había solicitado la intervención policial en numerosas ocasiones debido a los comportamientos incívicos y las molestias constantes generadas por sus asesinos. A pesar de estas llamadas, la situación nunca llegó a reconducirse, desembocando este domingo en una agresión mortal en plena escalera de la finca.
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Tras producirse el ataque, el teléfono de Emergencias 112 recibió una llamada de alerta informando de que un hombre se encontraba gravemente herido y se estaba desangrando. De inmediato, se desplazaron al lugar patrullas de la Policía Nacional, la Policía Local y medios sanitarios. Sin embargo, la gravedad de la herida en el cuello hizo que los facultativos no pudieran hacer nada por salvar la vida de Juan Carlos, que desangrado por la fortísima hemorragia.
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[–>El presunto autor del homicidio no huyó del lugar. Tras cometer el crimen, se refugió en su domicilio, donde esperó la llegada de los agentes para ser detenido minutos después. Efectivos del Grupo de Homicidios y de la Policía Científica se hicieron cargo del caso, realizando la inspección ocular y recogiendo pruebas en la escena del crimen. Horas después, los padres también fueron detenidos por colaborar con el asesinato.
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La sombra del pasado
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En 2018, sin embargo, los motivos fueron otros. La falta de tratamiento desencadenó un brote psicótico en la madrugada del sábado 13 de mayo de aquel año. Iván entró en el dormitorio donde dormían su madre, Mari Carmen Coronas, de 50 años, y el compañero sentimental de esta. Sin mediar palabra, asestó a su madre una puñalada por la espalda con un cuchillo de cocina que le seccionó la aorta y le perforó un pulmón, causándole la muerte casi instantánea.
[–>[–>[–>Posteriormente, el joven intentó degollar a su padrastro, quien logró sobrevivir al ataque tras un forcejeo, aunque quedó herido de gravedad con cortes profundos en el cuello. El horror de aquella noche finalizó con Iván intentando quitarse la vida, primero tratando de degollarse y luego intentando lanzarse desde la azotea del edificio, a la que no pudo acceder al no tener las llaves.
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Hoy, ocho años después de que Mari Carmen perdiera la vida en la puerta 2, la violencia ha vuelto a llamar a la puerta del número 14 de la calle Gavarda. El vecindario asiste con estupor a cómo, una vez más, la sangre mancha los rellanos de una finca que parece condenada a ser noticia por la tragedia.
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