Siempre se repite la misma historia
El sábado en Anoeta volvió a repetirse la historia. El Real Oviedo se puso 0-2 por delante ante la Real Sociedad y acabó rescatando un punto que sabe a poco, en un córner, en el 94. Décima vez esta temporada que el equipo azul golpea primero. Solo una acabó en +3. Décima vez que demuestra que tiene argumentos para competir en cualquier escenario. Y, sin embargo, otra vez se escapó. No fue un accidente aislado. Fue un déjà vu. Un partido calcado al de Girona FC hace meses. Entonces pensamos que era cuestión de aprendizaje. Que dolería, pero serviría para crecer. El problema es que el tiempo ha pasado… Y el desenlace es el mismo. Eso es lo que más inquieta. El Oviedo tiene carácter. Tiene orgullo. Tiene tramos de fútbol valientes, ordenados y ambiciosos. Sabe competir. Sabe sufrir. Sabe adelantarse. Tiene un gran delantero centro. Pero no sabe cerrar. Y en Primera –o en cualquier categoría profesional– los partidos no duran 70 minutos. Se deciden en los últimos 15. Ahí es donde se exige pausa, gestión emocional, lectura del ritmo, pequeñas faltas tácticas, interrupciones inteligentes, colmillo… Decisiones más valientes defensivamente, hablando desde el banquillo, quizá nos hubieran acercado más a sumar de tres.
[–>[–>[–>No es una cuestión de actitud. El equipo no se cae, no se entrega, no desaparece. Es una cuestión de oficio. De saber cuándo el partido pide pausa y cuándo pide colmillo. De interpretar que con 0-2 fuera de casa no siempre hay que ir a por el tercero, sino a proteger lo construido. De entender que el reloj también juega. La sensación es amarga porque el Oviedo está siempre cerca. No es un equipo desbordado ni inferior. Compite de tú a tú. Pero la clasificación no entiende de sensaciones. Y la situación es muy complicada. Los puntos que se escapan por detalles son los que luego pesan toneladas en mayo. Lo más preocupante no es la remontada en sí, sino que meses después seguimos viendo el mismo patrón. El equipo ha mejorado en intensidad, en compromiso colectivo, en presencia ofensiva. Pero no ha evolucionado en la gestión de ventajas. Y en este nivel, evolucionar es sobrevivir.
[–> [–>[–>Ahora llega el sábado, por fin a las 21:00, en el Carlos Tartiere ante el Atlético de Madrid, entre partidos de Champions y semifinal de Copa, y en un horario grande. Un rival grande. Un contexto perfecto para que el estadio vuelva a rugir y el equipo vuelva a creer. Porque si algo tiene este Oviedo es orgullo. Y si algo tiene el Tartiere es memoria. El equipo está en la UCI, pero está vivo. Está cerca. Está compitiendo. Pero necesita dar ese pequeño salto mental que convierte el 0-2 en victoria y no en lamento. La situación es difícil. Muy difícil. Pero no queda otra que insistir. Ajustar. Aprender. Y volver a intentarlo. El sábado habrá otra oportunidad. Y mientras haya oportunidad, habrá esperanza.
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¡Hala Oviedo!
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