Sembrando igualdad en el medio rural
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha declarado a 2026 como «Año Internacional de las Mujeres Agricultoras»; una iniciativa para reconocer el papel de las mujeres en la producción de alimentos y sostenimiento de lo rural. Este reconocimiento tiene una carga simbólica enorme, pero también práctica al poner en el centro del reconocimiento social a las mujeres rurales.
[–>[–>[–>Las mujeres constituyen un pilar fundamental en la fuerza laboral agrícola a nivel mundial. Según la ONU, las mujeres representan alrededor del 40% de la fuerza laboral agrícola, llegando a más del 50% en determinadas partes de África y Asia. Son mujeres que siembran, cosecha, cuidan del ganado, administras pequeños comercios y transmiten sus conocimientos sobre semillas, suelos o ciclos naturales. Sin embargo, su contribución ha sido invisibilizada, subvalorada y, en muchas ocasiones, no remunerada. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), si ellas tuvieran el mismo acceso que los hombres a la tierra, a la tecnología, a los créditos bancarios y a la educación, la producción agrícola podría aumentar del 20% al 30 % y el número de víctimas del hambre, reducirse entre 100 y 150 millones.
[–> [–>[–>En España, las agricultoras y ganaderas han venido reclamando mayor reconocimiento, visibilidad y apoyo institucional. En comunidades como Asturias, las mujeres son necesarias para el equilibrio territorial y la continuidad de nuestros pueblos y aldeas. En cada rincón de Asturias, de oriente a occidente, hay una historia de mujer detrás de cada explotación agrícola o ganadera. Mujeres que combinan el trabajo del campo con los cuidados a sus mayores y la crianza de los hijos/as. Mujeres que organizan ferias, que mantienen vivos los saberes y tradiciones, y que al mismo tiempo impulsan la innovación, la producción ecológica, la venta directa y la aplicación de nuevas tecnologías al medio rural. Sus aportaciones a la economía local no tienen lugar a duda, aunque todavía son demasiadas las que desarrollan su labor en la invisibilidad. No cotizan, no figuran en los registros, y ello les priva de futuros derechos sociales. La llamada «titularidad compartida» avanza con lentitud, pero gracias a la determinación de muchas de ellas, empieza a abrirse camino.
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El 8 de marzo, el movimiento feminista saldrá a la calle para recordar también que la igualdad no se construye sin justicia territorial. La igualdad efectiva no es un privilegio urbano y debe aterrizar en cada aldea, en cada parroquia, en definitiva, en el mundo rural. Defender también los derechos de las mujeres del campo es defender el futuro de la tierra y la sostenibilidad de los territorios. Las asociaciones rurales asturianas, como la Asociación de Mujeres Campesinas de Asturias (AMCA-FADEMUR), lleva años impulsando diversas iniciativas para el desarrollo sostenible del medio rural. A través de la plataforma de autoempleo «Ruraltivity», promueve talleres de competencias digitales aplicadas a la comercialización online y la gestión de proyectos, la agricultura regenerativa y las prácticas agropecuarias sostenibles. Asimismo, fomenta la creación de cooperativas y redes de colaboración entre mujeres de distintos concejos, favoreciendo así la formación, el intercambio de recursos y el apoyo mutuo.
[–>[–>[–>El Proyecto de Ley del «Estatuto de las Mujeres Rurales», actualmente en proceso de tramitación en el Parlamento asturiano, es una oportunidad histórica para dignificar el papel de las mujeres en el medio rural. Sin embargo, el éxito de dicho Estatuto no se medirá solo por sus enunciados, sino por su capacidad de dar respuesta a la pluralidad y diversidad real del territorio y de transformar la realidad laboral y social del campo asturiano. Frente a los discursos de crisis y abandono, las mujeres del medio rural asturiano representan esperanza. Sin ellas, muchos pueblos ya serían apenas un recuerdo. Cada paso que dan estas mujeres hacia la igualdad es una semilla de esperanza para la Asturias rural. Esperemos que este año sirva para escuchar más sus voces, valorar su trabajo y garantizar que puedan seguir viviendo de lo que aman, con más explotaciones dirigidas por mujeres, con más proyectos locales y con más juventud quedándose en los pueblos.
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Este 8 de marzo reivindicaremos que 2026 sea mucho más que el «Año Internacional de las Mujeres Agricultoras»; porque sin mujeres rurales no hay igualdad posible y sin ellas Asturias no progresa.
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