Examen de democracia
He navegado por la documentación desclasificada del 23F accesible en la página web de La Moncloa. Documentos mecanografiados, alguno manuscrito, convertidos hoy en archivos PDF descargables de los que irán saliendo retazos de intrahistoria de aquel episodio negro. Nos lo hemos contado una y otra vez, se convirtió en un hito, pero también hemos arrastrado dudas, lógicas o interesadas. Han empezada a despejarse. La sensación es la de un círculo que se cierra con esta caja documental que se abre. Mucho más para quienes tenemos memoria de aquello en nuestras vidas.
[–>[–>[–>Durante unas horas, mis padres volvieron a hablar entre susurros. Era una adolescente, pero conservaba el recuerdo infantil de aquellas conversaciones bisbiseadas, especialmente en la larga agonía del dictador. Porque hubo un tiempo en que las paredes oían. Y lo dicho y escuchado podía llegar a insospechadas instancias. Eso lo aprendí sin que nadie me lo contara.
[–> [–>[–>Sucedía entonces -y siguió pasando después- que ni en el colegio ni en el instituto llegábamos nunca a la historia reciente de España. Mientras con gran esfuerzo alcanzábamos a dar todos los contenidos del resto de materias, la parte última de nuestros libros de Historia quedaba siempre intacta, con su brillo y aroma de imprenta. Una materia fantasma que no entró en examen alguno. Así que, desde una mirada adolescente, cómo dar contexto personal a aquello, un golpe de estado. Fueron largas horas de radio que desembocaron en el mensaje televisado del rey. Fundido a negro.
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Pero sucedió entonces, aquel martes después del lunes, que llegamos a clase en el recién estrenado IES Padre Feijoo, y hubo una clase única, continua, alumnado y profesorado alrededor de un transistor que emergió de la nada. No se abrieron libretas ni libros de texto, la pizarra quedó intacta. Y entonces sí, algunos de nuestros profesores de entonces hablaron del tema fantasma, dieron contexto. Personal y colectivo.
[–>[–>[–>Aquella semana se cerró con una manifestación memorable, imposible de imaginar hoy. Parecía literalmente haber vaciado todas las casas y parado todos los tiempos particulares para hacernos confluir en un único presente consciente. Pude reconocer en la multitud las caras de algunos y algunas de mis profes. Ese día hubo lección magistral de Historia.
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Imposible el pensamiento crítico si nos hurtamos nuestro pasado. Imprescindible para hacernos enteramente con él, tener acceso a sus claves. Es tan obvio. Que no se nos escape.
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[–>Navego en el empacho inicial de documentos desclasificados, voy de conversaciones telefónicas entre golpistas a informes policiales y de inteligencia. De pronto, me conmueve el registro de llamadas a la centralita del Congreso aquella noche larga. Esposas, madres, novias, algún padre, piden hablar con los suyos, militares, guardias civiles sublevados. Intuyendo gradualmente la encerrona. Su angustia congelada nos recuerda que cada gran capítulo de la Historia es un crisol de vidas anónimas.
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