El hostelero que suma su tercer bar y apuesta por “para dar la oportunidad que a mí me dieron”
Llegó desde Senegal a los 12 años, con una maleta cargada de incertidumbre y una idea muy clara: trabajar. Hoy, casi tres décadas después de pisar España por primera vez, dirige tres bares en Gijón y da empleo a catorce personas, la mitad de ellos extranjeros. «A mí me dieron una oportunidad cuando llegué y no sabía nada. Ahora quiero hacer lo mismo», explica Max Ndiaye.
[–>[–>[–>La historia empresarial de este hostelero comenzó en 2017 en El Llano, el barrio donde abrió su primer local tras más de diez años como empleado en hostelería. Después vendrían el segundo bar en la avenida Portugal y el tercero, recientemente inaugurado, en la avenida Constitución. Pero el origen de todo, insiste, está en el barrio que le vio empezar. «El Llano me dio todo», desvela.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Sus primeros años en España no fueron dentro el mundo de la hostelería. Trabajó tres años como albañil. Más tarde, gracias a un amigo de su hermano, entró en un bar. «No sabía si valía para esto, pero me dije: si me gusta, voy a valer», recuerda. Aprendió el oficio desde abajo, con paciencia y disciplina. Agradece especialmente a quien le enseñó el trabajo y le dio confianza cuando no sabía ni por dónde empezar. «Es el que me hizo ser lo que soy hoy». Durante más de una década trabajó para otros hasta que decidió dar el paso. «El día que me marche será para montar lo mío», se prometió. Y cumplió. Hoy gestiona tres establecimientos y coordina a un equipo de 14 personas.
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Cuando habla de su plantilla, no lo hace en términos de negocio, sino de responsabilidad. Reconoce que siente un compromiso especial con quienes, como él en su día, necesitan una primera o segunda oportunidad. «Todo el mundo merece una segunda oportunidad. A veces alguien se equivoca, pero si quiere trabajar hay que darle la oportunidad», reflexiona. Defiende que el triunfo del negocio es cosa de equipo. «Nadie me regaló nada, pero para mí es muy importante la gente que tienes a tu lado. La gente piensa que el fruto es el dinero. No, el fruto es llegar a un país en el que no soy nadie y sembrar algo real. Somos catorce, pero somos familia», señala.
[–>[–>[–>En El Llano hay mesas que forman parte de la historia del negocio. Un grupo de clientas –Ramona Feito, Begoña Cotarelo, Sabina Covián, Loli Sánchez, Rosa Feo y Alicia Castro– acude a diario desde que abrió en 2017. «Venimos todos los días. Se merece haber podido abrir su tercer bar. Es muy buen chico, trabajador y profesional», confirman.
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Clientes que son como sus «abuelos blancos»
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Ndiaye las considera parte de su familia. Incluso bromea llamando «abuelos blancos» a algunos clientes mayores con los que mantiene una relación muy cercana. Cuando inauguró el tercer bar en la avenida de la Constitución, un grupo de dieciséis clientes habituales del bar de El Llano se presentó allí para acompañarlo. «Eso es muy bonito», confiesa, emocionado.
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[–>Habla de España con agradecimiento. Aquí ha construido su vida, ha trabajado y ha formado su proyecto. Reconoce que echa de menos Senegal, su pueblo y su familia, pero tiene claro que su presente está en Gijón. «Aquí me han abierto las puertas y me han dado la oportunidad de desarrollar mi talento. Porque esto es lo que me gusta, servir y atender a la gente es lo que me hace ser feliz», admite.
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Se define como obrero antes que empresario. Disfruta, tabla en mano, del trato directo con la gente. «El verdadero Max está aquí», asegura. No habla de hacerse rico ni de crecer sin medida. Habla de estabilidad, de hacer las cosas bien y de seguir dando oportunidades.
[–>[–>[–>Su historia empezó en El Llano y, aunque hoy sus negocios se reparten por otros puntos de la ciudad, el barrio sigue siendo su referencia. «Yo amo mis tres locales, pero mi corazón está en El Llano, porque aquí empezó todo, este barrio me lo dio todo». Aquí aprendió que una oportunidad puede cambiarlo todo. Y ahora intenta multiplicarla y, por supuesto, siempre tendiendo la mano a quien lo necesita.
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