La frialdad hacia aquel 23F
Observé cierta frialdad a la hora de recordar el 23 de Febrero de 1981. Notaba bastante indiferencia a la hora de comentar lo ocurrido aquella fecha tan importante en nuestra democracia. Los tertulianos de hoy, los comentaristas que estos días recordaban aquel 23F lo hacían con escasa viveza, con una distancia impropia a la hora de recordar una amenaza como aquella
[–>[–>[–>Claro que a la hora de señalar sus vivencias alegan que tenían seis, siete… nueve años. Tampoco menciona ninguno a personajes que estuviesen en la otra parte del suceso, los que impidieron o trataron de impedir la tragedia que representaba Antonio Tejero. Ni mencionan la importancia de José Juste, Antonio Pascual Galmés, Jaime Milans del Bosch, Juan García Carrés, Sabino Fernández Campo, Juan Carlos I…
[–> [–>[–>Creo que faltan voces que vivieron y sufrieron aquella fecha, quienes no tenían esos seis o nueve años, quienes pensaron enseguida en esconderse, huir. Porque el panorama anunciaba intranquilidad, al menos en los demócratas, en quienes creíamos en la democracia. Ya había habido algún intento anterior aunque había sido abortado a tiempo. En el recuerdo la llamada Operación Galaxia, es decir, una reunión de militares en una cafetería madrileña, en la que se estudió una conspiración. Fue en el año 1978, unos días antes del tercer aniversario de la muerte de Franco, el 17 de noviembre de ese año.
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En alguna tertulia se preguntaban quiénes eran Tejero y sus guardias civiles. Si esos eran los golpistas porque el asalto al Congreso no parecía obra de un autobús lleno de guardias civiles mandados por un «conocido» teniente coronel. Y es que, además de algunos de los conspiradores de la Operación Galaxia, había una trama civil, que ahora se espera aparezca en los archivos que se desclasifican. También había conspiradores de otros cuerpos militares, aunque no salieron a la luz más que algún nombre y sin ningún mando.
[–>[–>[–>Poco se habla hoy día de dos militares que, personalmente, creo fueron claves en esa historia. Por una parte el general de división José Juste, ex gobernador militar de Asturias que en febrero de 1981 estaba al mando de la llamada División Acorazada Brunete, con base en El Goloso, en las afueras de Madrid. Era la mejor dotada fuerza de Tierra del Ejército y los golpistas pretendían que fuese la que «tomase» la capital del Reino. Pero el general Juste, se encontró con antiguos compañeros dentro de su cuartel que no tenían en él destino y sospechó de su presencia cuando le anunciaron la operación que debían «cumplir», ocupar La Zarzuela. Juste, que conocía a Sabino Fernández Campo, llamó a la Zarzuela y preguntó si estaba allí Alfonso Armada (antiguo instructor de Juan Carlos y exsecretario general de la Casa del Rey), lo que confirmaría la evolución del golpe militar. Pero el jefe de la casa militar del Rey, el ovetense Fernández Campos, le contestó con una frase que ha quedado para la Historia: «Ni está ni se le espera», lo que reveló a Juste que no era cierto lo que le habían contado los conspiradores. Entonces ordenó a la Acorazada, que ya estaba en camino hacia Madrid, que regresara a sus cuarteles y frustró lo programado por los generales rebeldes.
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Otro de los nombres contrarios a la rebelión fue el general Antonio Pascual Galmés, monárquico y de ascendencia noble, entonces Capitán General de la III Región Militar, con sede en Barcelona. Consultado por el Rey, el que fuera coronel del Tercio Gran Capitán Primero de la Legión, fundado por Franco, con sede en Melilla, se mostró fiel al rey y negó estar en el golpe, lo que indicó a Sabino Fernández Campos que la conspiración no contaba con importantes miembros. Solamente Jaime Milans del Bosch, capitán general con sede en Valencia, había sacado los tanques a la calle y el golpe, en el que presumiblemente estaban, el sindicalista vertical Juan García Carrés y otros civiles o militares retirados, no fructificó.
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[–>José Juste falleció en enero de 2010; Antonio Pascual Galmés, en 2005. El rebelde Jaime Milans del Boch falleció en 1997; Antonio Tejero falleció el pasado miércoles día 25 de febrero de 2026; Alfonso Armada, indultado por Felipe González, falleció en 2013.
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