Rendimiento no es igual a salud. El fútbol dejará de compensarme pronto
Marcos Llorente Se ha consolidado como una de las voces más singulares del fútbol español en lo que respecta a la salud y los límites dentro de la élite.
A sus 31 años, el jugador Atlético de Madrid Aprovechó una serie de preguntas con sus seguidores para poner en blanco sobre negro algo que muchos piensan y pocos se atreven a decir: el fútbol profesional no está diseñado para cuidar el cuerpo a largo plazo, sino para desbancarlo.
Cuando se le preguntó si para él el fútbol era una cuestión de salud o si había cosas que cambiar, su respuesta fue directa: «No. Es rendimiento. Y rendimiento no es lo mismo que salud«. Esta frase, simple y directa, resume el choque entre la industria y la visión de un futbolista obsesionado con su bienestar futuro.
Llorente detalla a continuación los resultados de esta actuación. Habla de «estrés físico extremo, viajes, presión mediática, microlesiones continuas, ritmos circadianos alterados, activación simpática casi permanente» y señala un tema tabú en el vestuario: «Por no hablar de aquellos que necesitan con frecuencia analgésicos para poder jugar».
Este diagnóstico lleva a una crítica abierta al propio sistema: “Esto no está diseñado para optimizar la longevidad.. «Está diseñado para ganar».
Marcos Llorente, desanimado
Reuters
En pocas líneas, el centrocampista desvela la lógica de un calendario que crece cada temporada mientras los discursos se llenan de palabras como bienestar o cuidado del futbolista.
Cuando se le pregunta qué cambiaría, Llorente se centra en dos factores que los jugadores llevan años destacando en privado: «Está claro, los horarios y el número de partidos».
Pero la cosa no termina ahí. Describe el fútbol actual como una dinámica que se retroalimenta: «Es una bola de nieve que se hace cada vez más grande.“El que quiera aguantar, que aguante, y el que no quiera, que se vaya”.
Su pensamiento rompe con la idea de que todo el mundo está obligado a permanecer al volante hasta que el cuerpo diga basta. Afirma tener la capacidad de decidir cuándo bajar antes de que el precio suba demasiado.
La parte más reveladora llega cuando habla de su propia escala personal. “Al final, se trata de sopesar la balanza y ver si vale la pena”, explica, antes de admitir que ya sabe hacia dónde se inclina la balanza: “Soy consciente de que un día (tarde o temprano) dejará de compensarme«.
¿Cerca de la jubilación?
En plena madurez deportiva y con un papel importante en el Atlético, Llorente deja saber que su retirada podría llegar antes de lo que dictan los tradicionales cánones de la élite.
No lo presenta como una amenaza o un desafío para el club, sino como una decisión íntima, basada en la coherencia con el estilo de vida que lleva años construyendo.
Sus palabras encajan con la imagen de un jugador meticuloso en alimentación, descanso y preparación física, que ve la salud como un proyecto a largo plazo y no sólo una herramienta para rendir el domingo.
En un entorno donde la mayoría se limita a repetir mensajes de compromiso y ambición, Llorente abre una pregunta incómoda: hasta qué punto vale la pena seguir encadenando temporadas al máximo nivel cuando el cuerpo acumula golpes y la mente vive en alerta permanente.
Su mensaje no sólo refleja su forma de entender la profesión; También nos invita a mirar con nuevos ojos el coste real del fútbol, que ha hecho del rendimiento su único lenguaje.
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