Economia

Productividad, asignatura pendiente – José T. Raga

Productividad, asignatura pendiente – José T. Raga
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  • Publishedfebrero 27, 2026




No es la única asignatura pendiente del presidente Sánchez en su accionar como gobernante. Las farsas, los bulos, los clichés, los viajes por continentes, no son más que anécdotas, tal vez para distraer a la clientela, porque los frutos tangibles no aparecen por ningún lado. Se verá por qué, siguiendo el viejo refrán, El que ríe último reirá mejor.

Aunque no es nada de qué reírse. El señor Sánchez, nuestro Presidente del Gobierno, sigue lanzando sus máximas de éxito de gobierno -no dice nada que ni siquiera se le cita en Europa-, afirmando en su sonido que la economía de la nación española va como un cohete.

¿Puede haber salud económica, no sólo crecimiento económico saludable, cuando la productividad está por los suelos? El espejismo de un crecimiento basado fundamentalmente en la creación de empleo, sin preocuparse por qué tipo de empleo estamos creando, es un narcótico que adormece los problemas en lugar de resolverlos.

Estamos hablando de la productividad que, de manera muy breve, pero elocuente, fue definida por el «Diccionario Breve de Economía» de Lozano Irureste como «Cantidad de producto por unidad de factor productivo utilizado, generalmente el factor trabajo«. La propia Real Academia Española define productividad, en su segunda acepción, como «Capacidad o grado de producción por unidad de trabajo, superficie de tierra cultivada, equipo industrial, etc.«.

Según estas definiciones, ¿podemos decir que en España priorizamos la calidad del recurso productivo, sobre su cantidad indiferenciada? No hay crecimiento económico serio y solvente que pueda considerarse en el largo plazo que no esté basado en esta mayor productividad de los recursos productivos.

Dicho esto, cabe recordar al presidente del Gobierno, y al coro que lo rodea, que el ciclo político que comienza en España el 2 de junio de 2018 había recibido en 2017 índices de productividad superiores a la media de la Unión Europea de los 27 países (101,9), siendo la UE (100,0).

El semestre del nuevo Gobierno hace que, en 2018, estemos ligeramente por debajo de la media (99,8), profundizando en años sucesivos: año 2019 con (98,5), año 2020 con (92,8), año 2021 con (93,7), año 2022 con (94,7), finalizando el año 2023 -último año publicado por EUROSTAT- en un (97,0).

Muy por detrás quedan países como Bélgica, Alemania, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria y Suecia, todos ellos por encima de la media europea (100,0), algunos, como Irlanda, con un índice de (200,3). ¿Será que pertenecemos a otro club? con: Chequia (85,2), Estonia (77,5), Chipre (89,2), Lituania (80,9), Polonia (82,7), Portugal (80,5), Rumanía (84,2)… Países con una larga trayectoria, pero con problemas de eficiencia productiva.

En este escenario, los costes laborales unitarios, especialmente salarios y cotizaciones sociales, respecto a otros países competidores, crecen sin tener en cuenta la productividad laboral, lo que reduce nuestra competitividad, como ha reconocido el Ministerio de Economía, ya a lo largo del año 2025.

¿Cómo podemos seguir predicando que vamos como un tiro? Con el anuncio provocaremos la burla, no el engaño. Aunque seguiremos intentándolo.



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