Emérito
Aunque entonces tenía apenas treinta años, había vivido el camino desde la dictadura franquista hasta la entonces tambaleante democracia y, al escuchar por la radio de mi coche, poco antes de las siete de la tarde, que se estaba perpetrando un golpe de Estado, sentí ansiedad. Al principio no pude evitar pensar que SM el Rey, sin duda la máxima autoridad militar, debería haber sabido que el acontecimiento iba a ocurrir. En la madrugada del día 24, poco después de la una, don Juan Carlos, con uniforme de capitán general, pronunció su discurso en defensa de la Constitución y trató de tranquilizar a los ciudadanos. Me alegré de que nuestro Jefe de Estado estuviera del lado de la libertad. Sin embargo, había muchos que todavía pensaban que el Rey, si no de forma activa, sí pasiva, podría tener alguna implicación en el acontecimiento. Y aún hoy hubo sectores que lo mantuvieron. Hemos sabido que la desclasificación de los documentos del 23F ha apoyado la idea de que el Rey era el garante democrático en tal evento. La democracia que hoy hace posible que la libertad nos acompañe es en gran medida gracias a Don Juan Carlos I. Y ahora parece que son innumerables los sectores que se oponen a su presencia en nuestro país. ¡Bien! Sus errores garrafales tienen mucho que ver con sus actitudes como persona, pero su actitud como Jefe de Estado exige respeto por parte de todos. Para la mayoría de los que compartimos esos momentos difíciles sería un honor tenerlo entre nosotros.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí