Pasé toda mi infancia cenando con hombres mayores, mientras yo permanecía como un mueble
Durante años, España pensó que sabía marisol. Ella era la chica luminosa que cantaba, bailaba y nos hizo olvidar, durante una hora y media de película, el gris del cielo. periodo de posguerra.
Detrás de esa imagen perfecta estaba Pepa Flores (78 años), una niña barrio humilde que demasiado pronto cambiaron los juegos de la calle por los focos de un plató y las conversaciones familiares por cenas rodeadas de hombres mayores que hablaban de negocios.
Pepa nació en 1948 en un corral de málagaen plena posguerra y en un entorno de escasez donde el talento funcionaba casi como la única vía de escape.
Desde muy pequeño destacó en el canto y el baile y terminó integrando los Coros y Danzas de la Sección Femenina, la gran muestra folclórica del régimen.
Allí empezó a llamar la atención por su desparpajo y, en una actuación en Madrid, un productor la vio en el escenario y decidió que aquella chica anónima cumplía los requisitos. molde estrella lo que buscaba la industria.
El cambio de vida fue tan rápido como llegó. El productor viajó a Málaga para convencer a sus padres, una familia trabajadora y sin muchas oportunidades, de que dejaran ir a la chica a la capital.
Renombrada Marisol, con el pelo aclarado y una imagen minuciosamente diseñada, Pepa se instaló en la casa de aquel hombre y empezó a vivir»como otra hija«, aunque sometido a un disciplina de hierro donde todo giraba en torno a rodajes, contratos y planes de carrera.
La chica de corrala quedó atrapada en un mundo de oficinas, focos y estudios en el que la ternura familiar fue sustituida por la exigencia y los resultados.
Su debut cinematográfico se convirtió en un éxito inmediato y la elevó al rango de chica prodigio que el régimen de Franco necesitaba.
Su cara fue utilizada para vender un Una España moderna, amable y sin conflictos. Las películas se enlazaron, las giras se multiplicaron, los viajes al extranjero se normalizaron y las entrevistas se volvieron rutinarias.
La agenda de Marisol estaba llena, mientras el calendario recordaba que aún era menor de edad. A los ojos del público vivió un sueño dorado, con premios internacionalesportadas y ovaciones.
En su día a día, la infancia se disolvía entre dias de maraton y el sentimiento permanente de trabajar siempre para los demás.
Años más tarde, ya adulta, Pepa explicó lo que significó crecer en ese ambiente. «Soy una joven que pasó toda su infancia cenando en compañía de hombres mayoresescuchando sobre negocios, contratos, filmando… mientras yo quedó como un mueble«, confesó en 1973.
Esa frase desnuda la decoración. Mientras el país la adoraba, la muchacha se sentaba en las mesas donde Nadie preguntó por sus miedos ni por sus juegos.sólo por cifras, estrenos y proyectos que lo convirtieron en un activo más. Él estuvo presente, pero su voz apenas contó.
Además, la maquinaria no se detuvo. Su cuerpo comenzaba a cambiar y, a su alrededor, trató de congelar el imagen de niña eterna lo bien que funcionó en taquilla.
La actriz y cantante Pepa Flores, alias Marisol, posa vestida de chulapa en la Cava de San Miguel. pic.twitter.com/05xSTyyGxF
— El Sereno de Madrid – Sonia Taravilla (@Unsereno) 15 de mayo de 2020
La obsesión por mantenerla en ese papel de infancia perpetua profundizó la fractura entre el personaje de Marisol y la persona de Pepa Floresquien asumió cada vez más responsabilidades y agotamiento emocional sin haber tenido la oportunidad real de ser una niña como las demás.
Cuando se apagaron las luces, el peso de todo lo vivido se hizo más evidente. Él desarraigo por haber abandonado tan pronto su entorno, la distancia de su familia y la presión de sostener un personaje que no había elegido del todo marcó esa etapa.
Vista hoy, la historia de la infancia de marisol Ya no se interpreta como un cuento de hadas, sino como el retrato incómodo de una menor talentosa convertida en ícono de un país que la amaba mucho, pero no sabía cómo protegerla.
Ponen el mundo a los pies de Pepa y, al mismo tiempo, robaron algo irreparable: la época de ser niña.
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