Presta saber que aquellos veranos en Bustapena le marcaron tanto
«La agonía tiene forma de león; la ternura, silueta de dama, de mi madre en Asturias con las piernas cruzadas», dice la letra de «Ángulo muerto», que Miguel Conejo, más conocido como «Leiva» (Madrid, 1980), lanzó a principios del año pasado. Aunque la canción habla de un gran desamor, también lo hace de la huella que dejaron en el cantante madrileño los veranos pasados en el Principado. Su lugar especial es Bustapena, una pequeña localidad de Villanueva de Oscos, que constituye un privilegiado balcón a esta comarca del Occidente asturiano y donde sus vecinos reciben con una mezcla de orgullo y sorpresa las cariñosas menciones del artista.
[–>[–>[–>«Íbamos los cuatro hermanos a una aldea en el valle de los Oscos que se llama Bustapena, preciosa. Solo había una casa con objetores de conciencia y una mujer que ordeñaba vacas. En ese momento era una gozada, no había nada, ni nadie«, dijo recientemente el cantante en una entrevista en el programa de radio El Faro de la Cadena Ser. Estas declaraciones, de las que se hizo eco LA NUEVA ESPAÑA, colapsaron durante unos días los móviles de los vecinos del concejo. Y no han caído en saco roto. El propio alcalde de Villanueva, Abel Lastra, envió una invitación formal al cantante para que regrese: «Vimos la entrevista y nos enorgullece, así que queremos que venga a recordar Bustapena y a conocer el concejo. Una promoción así no surge todos los días».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>El vecindario no tiene un recuerdo claro de la presencia de la familia de Leiva en la zona, pero sí Alfredo Arruñada, que durante años fue el máximo responsable de la Sociedad Cooperativa Bustapena, un complejo ahora abandonado con ganadería, chacinera y turismo rural que dio mucha vida a esta localidad. Alquilaban varias viviendas y una de ellas fue la que alojó a los Conejo. «Aún conservo el teléfono del padre de Leiva. Trabajaba en el Ministerio de Agricultura y por mediación de la Consejería de aquí supo que alquilábamos una casa. Vino dos años a veranear con la familia», señala.
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Leiva en el concierto de Oviedo 2022. / IRMA COLLIN / LNE
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Primera vez con llovizna
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Cuenta Arruñada que la primera vez que llegaron los Conejo hacía un día feo, lloviznaba. «Medio me disculpé y me dijeron que ellos buscaban eso, escapar del calor de Madrid. Eran gente encantadora y quedaron enamorados de la zona», relata este hombre afincado en Castropol. Explica que la casa que alojó a la familia de Leiva, conocida como casa de Urbana por el nombre de su primera propietaria, estaba junto a otra en la que vivían los objetores de conciencia que recuerda el cantante. Uno de ellos, un hombre guapo «con pinta de rockstar», según Leiva, le enseñó a tocar al exlíder de Pereza la canción «Always on the ground» de Lenny Kravitz.
[–>[–>[–>Los objetores trabajaban en labores forestales en fincas experimentales del Banco de Tierras en la zona de Pastur (Illano) y se alojaban en esta vivienda de Bustapena. «Venía gente de toda España», añade. Tino Montes vive ahora en esta casa y señala que no hay verano que no se encuentre a alguien despistado por los alrededores de la casa. «Yo cuando los veo ya salgo a su encuentro. Tienen buenos recuerdos de su estancia aquí», precisa. A su lado, añade su hija Bibiana: «Leiva no es el único que tiene buenos recuerdos aquí».
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A la izquierda Bibiana Montes, Marta Malneira, Amparo Iglesias, Tino Montes, Urbano Fernández y Miriam Guerin. / T. Cascudo
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Marta Malneira nació en Gijón, pero tiene raíces en Bustapena, donde ha pasado todos los veranos de su vida y a donde se escapa en cuanto puede. Su hija estaba en el concierto de Leiva del pasado verano en Gijón cuando el cantante dijo a los cuatro vientos lo de sus veranos en Bustapena. «Cuando lo oyó dio un grito», bromea, al tiempo que espera que esta repentina popularidad no llene de curiosos su lugar especial en el mundo. «Cuando el Premio al Pueblo Ejemplar y también cuando lo de Zapatero se notó muchísimo, no paraba de venir gente», apunta.
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[–>«Nos hace ilusión y nos presta que tenga un recuerdo bonito de Bustapena y que aquellos veranos lo marcaran tanto, pero este es un pueblo con mucha personalidad que no necesita la promoción de Leiva«, bromea Bibiana Montes acompañada de Amparo Iglesias, que reside en el pueblo desde 2012. Precisamente su pareja, Gustavo Sánchez, descubrió Bustapena cuando vino a realizar la prestación social alternativa al servicio militar. «La objeción de conciencia hizo mucho aquí por el despoblamiento, muchos se quedaron», apunta Amparo y Marta asiente: «La experiencia en el pueblo fue muy buena».
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Fiestas de San Antonio
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Regresan a la invitación a Leiva. Sería buen momento por las fiestas de San Antonio, que este año celebrarán el 18 de julio. «Antes era un fiestón, venía mucha gente, había tres días de actividad», recuerda Marta Malneira. Todos coinciden en que Bustapena es especial, un pueblo vivo y con mucha unión, donde residen de continuo alrededor de treinta personas. La prueba es que todas las casas están ocupadas. «Además, hay gente muy variada, de Francia, Bélgica, Valencia, Madrid… es un crisol de culturas y se ha formado una comunidad muy chula«, señala Amparo.
[–>[–>[–>En lo que también están de acuerdo los vecinos es en el papel que jugó en el desarrollo del pueblo una persona y no es Leiva. Es Enrique López, que fundó Confecciones Gijón, fabricante de las famosas camisas Ike en la España de los 60 y 70, y de Industrias Lácteas Monteverde (Quesos Tres Oscos). Natural de Bustapena, suma 103 años y nunca se olvidó del pueblo, ni de sus vecinos. Así lo recuerda una placa en el centro de este bello paraje, de verde infinito.
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La placa que recuerda a Enrique López. / T. Cascudo
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El privilegio de tener a Enrique López
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«Creo que fuimos privilegiados gracias a tener a Enrique», cuenta Marta, que aún recuerda cuando gracias al empresario llegó la luz al pueblo. Una cosa que destacan es que Enrique dio empleo a mucha gente del pueblo y la zona. Muchos se fueron a Gijón, pero regresaron: «Hubo retorno, la gente volvió e hizo aquí su casa, porque es un pueblo que tira, hay mucho sentimiento de ser de aquí».
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«Este es el pueblo más chulo de los Oscos. Hay niños, hay vida«, sentencia Miriam Guerin, francesa afincada en la localidad y que llega en moto al centro social donde tiene lugar esta conversación. Este espacio, convertido en punto de reunión, está justo en frente a la casa que acogió a Leiva en aquellos veranos de principios de los noventa del pasado siglo. Juntos bromean y sueñan con un concierto allí del popular músico. «Hay que liarlo, le hacemos una parrillada», bromean. Ojalá sea posible un directo de Leiva en este balcón de los Oscos.
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