FÚTBOL ARGENTINA | Crónica desde Buenos Aires: los clubs de barrio agonizan
Suele decirse que las historias que vemos en el cine imitan a la realidad. Pero también la realidad, en un juego de retroalimentaciones, se mira en el espejo de aquellas películas. Veintidós años atrás se estrenó en esta ciudad ‘Luna de Avellaneda’. La comedia dramática coescrita y dirigida por Juan José Campanella y protagonizada, entre otros, por Ricardo Darín, tuvo un éxito fulminante, incluso en España.
[–>[–>[–>La historia se conectaba con la crisis argentina: un club de barrio, en este caso Juventud Unida de Llavallol, ubicado en la castigada periferia bonaerense, corre el peligro de desintegrarse por problemas económicos. Con dudosas intenciones filantrópicas, una empresa quiere comprar el predio para convertirlo en casino. Román, el personaje que encarna Darín, y sus amigos emprenden una cruzada grupal para impedirlo y preservar el legado social, deportivo y cultural en el que crecieron. “Los sueños no se compran”, dice Román. La venta se evita, y casi todos quedan contentos.
[–> [–>[–>Dos décadas más tarde, suele decirse que la misma Argentina es un casino sin ruleta: el reino de la especulación financiera, lo que en la calle se llama ‘la timba’ y en los bancos se conoce como ‘carry trade’. Mientras suben las apuestas y las empresas cierran, 30 por día, porque es mejor jugar con las tasas de interés que producir, los clubes de barrio, otra vez, como en ‘Luna de Avellaneda’, se encuentran en una situación de riesgo y sin posibilidades ciertas de llegar al final feliz de aquella película taquillera.
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A lo largo y ancho del territorio nacional funcionan unas 20.000 entidades, algunas grandes, otras pequeñas y hasta testimoniales: una casucha, un campo de fútbol, acaso un bar y una mesa de billar. La ciudad de Buenos Aires cuenta con unos 500 clubes. El 40% de ellos asegura estar “peor” económicamente que en 2023, cuando comenzó la era del ultraderechista Javier Milei. De acuerdo con una encuesta de ‘Táctica, laboratorio del deporte argentino’”, el 75% de esos clubes decidió aumentar su cuota social por debajo de la inflación para evitar que la membresía deserte más de la cuenta. Actualmente, se paga de 6 a 14 euros por socio. Casi nada si se tiene en cuenta que los precios de la tarifa de electricidad, gas y agua se incrementaron respectivamente un 300%, 748% y 350%. Las instituciones de menos recursos debieron reducir un 30% su personal. Un 60% de los colaboradores honorarios decidieron quedarse en sus casas. Solo el 26% de los clubes recibieron aportaciones públicas.
[–>[–>[–>Lugar de encuentro
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De acuerdo con la politóloga María Magliore existe un consenso social sobre la importancia de estos espacios barriales. Son constructores de comunidad, propician lazos entre miles de personas que, de otra manera, son tragados por la soledad; contienen a aquellos que pertenecen a las familias más golpeadas por la pobreza. ‘Un pibe más en el club, un chico menos en la calle’, suele pintarse en algunas de sus paredes. Pero ese acuerdo compartido sobre el significado de esos territorios de encuentro, no garantiza por estos días su funcionamiento. “Los clubes hoy lo están pasando mal”, señala Migliore.
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La Asociación de Fomento Parque Chas cuenta con una cancha de fútbol, dos modestos camarines, y un lugar de reunión. El exbarcelonista Javier Saviola se inició en su equipo infantil y es un conocido aportante de fondos al club. Otros jugadores del seleccionado campeón mundial en 2022 como Enzo Fernández, Guido Rodríguez y Exequiel Palacios tienen la misma prosapia barrial. Algunas de estas estrellas han donado dinero o casacas deportivas. Pero no todos los clubes capitalinos cuentan con esa suerte ni la tradición de “cantera”. Por lo tanto, agonizan o les cuesta respirar.
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[–>El Gobierno acaba de extender por 90 días el plazo para que las instituciones soliciten la incorporación a un régimen de subsidios de electricidad y gas. Pero se estima que el 30% de esas asociaciones civiles carecen de personalidad jurídica y no están en condiciones de recibir el beneficio estatal.
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Actividades culturales en una discoteca de barrio de Buenos Aires / Abel Gilbert
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El fútbol es un organizador de la vida de los clubes. Será lo último que se pierda. Pueden quedar en el camino otras actividades, entre ellas el baile, los talleres culturales o la comparsa de carnaval, pero nunca el deporte patrio por excelencia.
[–>[–>[–>“La gente solía ir al club para reunirse con sus amigos y preocuparse por los demás; eso era vivir, no sobrevivir”, se escucha decir en ‘Luna de Avellaneda’. La sentencia podría repetirse hoy sin quitarle una coma. Pero no hay Darines que acudan a la ayuda de los necesitados.
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