Milei inaugura la Asamblea Legislativa con una catarata de insultos e improperios
Al calor de sus últimas victorias parlamentarias, Javier Milei inauguró la Asamblea Legislativa de 2026 con una dosis de trumpismo recargada y una metralleta de insultos sin precedentes contra sus adversarios. «Ladrones, ignorantes, la justicia social es un robo, delincuentes», vomitó a los opositores. «Kukas (peronistas), me encanta domarlos», se mofó. «Oligarca disfrazado de pordiosero», espetó a un diputado. El ultraderechista habló por una hora y 40 minutos durante los cuales pasó por instantes de auto indulgencia, los datos falsos y la promesa de avanzar por la senda política y económica iniciada en diciembre de 2023. El presidente argentino no perdió la oportunidad de alinearse con la reciente intervención militar de Estados Unidos e Israel contra Irán. «Estamos en el siglo de las Américas, de Alaska a Tierra del Fuego», dijo el anarco capitalista y se permitió una arenga en inglés: «Make America great again». A los que cuestionaron los ataques los acusó de haber sido complacientes con el régimen iraní y Venezuela. «Ustedes estaban con los que le colocaron dos bombas, manga de asesinos y chorros (ladrones) «, señaló sobre los dos atentados de carácter antisemita perpetrados en la ciudad de Buenos Aires en 1992 y 1994, que en total dejaron casi 100 muertos.
[–>[–>[–>«Tenemos el Congreso más reformista de la historia», se jactó el ex tertuliano televisivo y adelantó que, tras abolir el régimen laboral de décadas, que abarata los despidos y habilita trabajar 12 horas, el Gobierno, dijo, profundizará esa dirección en áreas como la impositiva, electoral, civil, comercial, aduanero y hasta judicial.
[–> [–>[–>MIlei celebró la baja de la edad de imputabilidad a los 14 años en un país donde menos del 1% de los menores ha cometido delitos. «El que las hace las paga”, dijo. Otra vez reivindicó la “motosierra», la apertura de las importaciones, la ratificación del acuerdo Mercosur-Unión Europea y la política de privatizaciones. Ante las expresiones de desaprobación, respondió: «soy presidente de ustedes, que no les guste. Ustedes no pueden aplaudir porque se les escapan las manos en bolsillos ajenos».
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En un curce con un legislador, Milei calificó de falsos los audios que involucran a su ex abogado y examigo personal, Diego Spagnuolo, en los que habla sobre un sistema de corrupción en la Agencia de Discapacidad (Andis) que dirigía. Spagnoulo vincula a Karina Milei, hermana del presidente, en esa trama. Semanas atrás fue procesado por la justicia.
[–>[–>[–>El aultraderechista prometió defender a rajatabla el ajuste «y una política monetaria restrictiva para terminar para siempre con la inflación». Calificó de «corruptos» a los empresarios que se quejan de la apertura irrestricta de importaciones. «Quiero argentinos produciendo, no argentinos parásitos», dijo. En casi 30 meses han cerrado 30 pequeñas y medianas empresas por día. «Estamos saliendo del pozo», aseguró, no obstante. Y definió a su ministro de Economía, Luis Caputo, como «el mejor del mundo».
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El Gobierno de La Libertad Avanza pudo revertir el pronóstico sombrío que se insinuaba en las elecciones parlamentarias de octubre pasado a partir del apoyo de Donald Trump. La victoria del oficialismo permitió cambiar las relaciones de fuerza en el Congreso y acelerar la agenda del Gobierno. El magnate republicano, destacó Mileio, «acudió en ayuda de nuestro país y no fue por cuestiones económicas sino para defendernos contra el embate desestabilizador de los representantes del antiguo régimen». Acto seguido gritó: «o sea, de ustedes, los golpistas de siempre». En la actualidad, «tenemos la fuerza para hacerle frente a cualquier golpe que quieran llevar adelante».
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[–>«MIlei en llamas», tituló el diario La Nación. Fue un «stand up institucional y amenazante que abre la campaña a la reelección». Para Ámbito Financiero, los argentinos vieron a «un Milei desencajado». Según Clarín, el presidente estuvo “enardecido”.
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El jefe de Estado se permitió las distorsiones históricas: «Los fascistas son socialistas que entendieron que el camino no era la violencia». Pero, sobre todo, el arte de la irritación. Por eso le dijo a los opositores: «Me encanta hacerlos llorar».
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