Dios sabe cómo escapamos anoche. Justo antes de salir nos alcanzó un proyectil
No era un déjà vu. La población libanesa se ha visto de nuevo repitiendo tragedias pasadas. De madrugada y con lo que han podido recoger al vuelo, decenas de miles de personas han abandonado sus casas. Hizbulá había entrado al Líbano en la brutal guerra regional iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Con unos cohetes lanzados hacia el norte de Israel, que no han causado heridos ni daños, la milicia chií, respaldada por Teherán, ha precipitado a la población libanesa a un escenario tan conocido como lamentado. De nuevo, la violencia israelí no se ha hecho esperar. Los bombardeos sobre el sur del Líbano y los suburbios de Beirut han matado a 31 personas y herido a decenas más.
[–>[–>[–>En paralelo, y sin ser novedad, los libaneses han emprendido la huida para salvar la vida. Otra vez el desplazamiento de la población usado como arma de guerra para presionar a Hizbulá. «Menudos idiotas metiéndonos en esto de nuevo; no encuentro otra palabra para describirlos», reconocía una joven libanesa de madrugada, desvelada por el sonido de los bombardeos y el miedo. Ese miedo otra vez. «Ahora, tenemos que mirar a su gente huyendo de las calles y muriendo”, lamentaba a este diario. «La entrada de Hizbulá en la guerra es una decisión notablemente imprudente, incluso suicida«, denuncia el analista libanés Michael Young en ‘X’, alertando de los resultados inesperados que puede tener entre su electorado chií que “ha soportado muchos meses de sufrimiento”. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, ha dicho que el Líbano prohibirá las actividades militares de Hizbulá.
[–> [–>[–>El refugio de las calles beirutíes
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Por el momento, la decisión del grupo chií ha vuelto a convertir las calles en una instantánea tomada en el trágico otoño del 2024. Entonces, la ofensiva militar israelí se cebó con el este y el sur del Líbano, y los suburbios sureños de Beirut, matando a miles de personas en apenas dos meses y arrasando sus hogares. Ahora, aquellos que huyeron lo han tenido que volver a hacer. Esta madrugada de lunes el Ejército israelí ha ordenado la evacuación de 53 pueblos y ciudades del sur del Líbano. De nuevo, sin un lugar en el que cobijarse, las calles beirutíes se han convertido en su refugio. También las mismas escuelas que les albergaron hace poco más de un año. Las autoridades dificultan el acceso de la prensa a estos centros educativos reconvertidos en albergues temporales.
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«Somos de un pueblo de la frontera del Líbano, pero hace dos años y medio que no podemos volver, porque nuestras tierras han sido ocupadas y nuestras casas están destruidas», reconoce Mariam, que prefiere no compartir su nombre real. Aunque opta por no especificar su aldea natal, declara que «solo hay una franja de tierra entre nosotros y el enemigo israelí». Desde el inicio de los enfrentamientos transfronterizos el 8 de octubre de 2023 entre Hizbulá e Israel, tuvieron que desplazarse a Nabatiye, la principal ciudad de interior en el sur del Líbano, a 13 kilómetros del límite fronterizo. Pero, otra vez, la guerra les ha obligado a huir. Para llegar a la seguridad de la intemperie beirutí, han tardado nueve horas en un trayecto que no suele llegar a la hora y media. «Ya no podemos soportar más lo que nos ha pasado, lo que nos han hecho, y no sabemos adónde vamos ni qué tiene Dios reservado para nosotros», lamenta, con lágrimas en los ojos, desde la plaza de los Mártires de Beirut.
[–>[–>[–>“Seguimos en guerras y guerras”
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Como tantos otros libaneses, desplazados en más de una ocasión, Mariam y su familia de seis se sienten al límite. «Hemos pasado, por tanto, y seguimos en guerras y guerras, y no hay descanso«, constata. Junto a tres de sus hijas, esta madre de familia se refugia en la sombra, mientras su marido y su hijo duermen en el coche. «No hay otro sitio adónde ir, y, cuando pasa algo, todo el mundo se vuelve codicioso y suben los alquileres«, explica. «La habitación más barata cuesta 1.700 dólares, y es una habitación vacía, sin nada dentro», añade. Expulsada por segunda vez de su tierra, Mariam no sabe a quién recurrir. «Desde la guerra, nos han dominado la amargura, el calor y el miedo, y estamos en un estado mental muy malo», afirma, antes de reconocer que «solía ir mucho al hospital psiquiátrico por esta situación».
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La frustración de esta nueva ofensiva es mayor al haber sido iniciada esta vez por Hizbulá, y no por Israel. Pero nadie quiere hablar de ello. Rana Akal se cierra en sí misma al preguntarle qué piensa sobre las acciones de la milicia chií. «Yo de eso no sé nada», afirma esta madre de cinco hijos, originaria de la ciudad siria de Alepo, pero que lleva 14 años viviendo en los suburbios sureños de Beirut. «Dios sabe cómo escapamos anoche, porque justo antes de salir, nos alcanzó un proyectil; algunos murieron, otros sobrevivieron, pero no estamos seguros de quiénes», dice esta mujer siria de 40 años a EL PERIÓDICO. Su pequeña de apenas seis meses de edad llora hasta que Rana la coge en brazos. El cielo está despejado y un sol de escándalo indica que la primavera está al caer. Podría ser una buena noticia para aquellos que probablemente tengan que dormir en la calle esta noche.
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[–>Continúan los bombardeos
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Durante la ofensiva del 2024, prevaleció una norma no escrita de las autoridades libanesas que impedía la entrada de la población siria a las escuelas reconvertidas en refugios. «Estamos cansados de la guerra, nos han obligado a abandonar nuestras casas varias veces», lamenta Rana. Pagaron un millón y medio de libras libanesas, unos 15 euros, para poder huir de las bombas en un trayecto menor a los diez minutos. Tuvieron que hacerlo en varios taxis, porque, junto a su hermana y su cuñada, son unas 20 personas tiradas sobre mantas bajo el sol. «No sabemos si vamos a estar aquí varios días, o meses, o ¡años!», afirma indignada. «Queremos quedarnos en nuestros hogares, no tenemos por qué sufrir esta humillación», añade, antes de indicar que, para ellos, no hay posibilidades de volver a Siria.
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Esta mañana de lunes, otro bombardeo ha alcanzado los suburbios sureños de Beirut, donde Rana había vivido los últimos 14 años, mientras se sucedían en el sur del país. De momento, se desconoce si hay víctimas mortales ni quién ha sido el objetivo del ataque. El Ejército israelí está «no solo a la defensiva, sino también a la ofensiva», ha dicho el general Eyal Zamir. «Debemos prepararnos para muchos días de combate», ha añadido. A su vez, el ministro de Defensa, Israel Katz, ha dicho que Hizbulá «pagará un alto precio por disparar contra Israel». «Naim Qassem, secretario general de Hizbulá, quien decidió disparar bajo presión de Irán, es a partir de ahora un objetivo claro para su eliminación», ha añadido en una publicación en ‘X’. En el camino, probablemente, volverá a ocurrir lo mismo que en el otoño más frío de los últimos años en el Líbano. La población civil, que no escogió ir a la guerra, será quién pague el precio más elevado.
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