Confidencias sobre la disfunción eréctil
El aroma a café recién molido y el murmullo de la cafetera llenaban el local. Antonio removía la sacarina con un nerviosismo inusual, evitando mirar a los ojos de su amigo de la infancia, Fernando, que además de compañero de fatigas, era urólogo de prestigio.
[–>[–>[–>–Fernando, te he pedido quedar porque… bueno, creo que tengo un problema. Y no es de los que se arreglan con una palmadita en la espalda –soltó Antonio, bajando la voz.
[–> [–>[–>Fernando dejó su taza sobre el mármol de la mesa y sonrió con calma, esa que dan los años de práctica en la consulta médica.
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–Dime, Antonio. ¿Es por lo que hablamos el otro día? ¿Temas de «alcoba»?
[–>[–>[–>–Exacto. Llevo un par de meses que… nada. O, a medias. Al principio pensé que era el estrés del cierre de trimestre, pero ahora, incluso cuando estoy tranquilo con Elena, el «motor» no arranca. Me siento como si tuviera ochenta años. Me da hasta vergüenza decírtelo.
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–Pues, lo primero que tienes que saber, –respondió Fernando, acercándose un poco a su interlocutor– es que, en esta misma cafetería, ahora mismo, debe de haber al menos tres o cuatro hombres con el mismo problema que me estás comentando. En España se calcula que hay algo más de dos millones de varones con algún grado de disfunción eréctil. Las estadísticas nos dicen que lo padecen entre el 25% y 30% de las personas mayores de 50 años, y un 50% en personas mayores de 60 años, así que, calcula… No es falta de virilidad, Antonio; ni es un tema tabú. Es un síntoma de un problema subyacente de salud que hay que investigar.
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[–>–Pero ¿por qué ahora? Yo me encuentro bien –protestó Antonio.
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–Mira, Tony, el pene es como el «chivato» del coche. No es un músculo, es un sistema hidráulico. Para que funcione, las arterias tienen que dilatarse y llenar de sangre. Los dos cuerpos cavernosos. Las arterias del pene tienen un diámetro de apenas uno o dos milímetros. Son las más pequeñas del cuerpo –las arterias coronarias del corazón vienen a tener entre 2 y 3 mm–. Entonces, si las arterias del pene se empiezan a obstruir o a perder elasticidad, son las primeras en avisar.
[–>[–>[–>–¿Avisar de qué? –preguntó Antonio, ahora más serio.
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–De que tu corazón o tu circulación sanguínea general pueden estar sufriendo. La disfunción eréctil es el «canario en la mina». A veces aparece tres o cuatro años antes de un susto cardiovascular; de una angina o un infarto de miocardio. Por ejemplo, ¿cómo vas de tensión arterial y de azúcar en la sangre?
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Antonio se encogió de hombros.
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–Bueno, ya sabes… la cervecita, el tabaco, algo de sobrepeso… Lo normal a nuestra edad.
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–Pues ahí lo tienes. El tabaco obstruye las arterias y las hace más rígidas, lo que entendemos por arteriosclerosis. Y el azúcar alto daña los nervios de pequeño calibre, que, en el caso del pene son los que envían la señal de «encendido». No es que te hagas viejo, es que tu sistema necesita una puesta a punto.
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–¿Y ahora qué? ¿Tengo solución? ¿Me vas a dar pastillas milagrosas? –preguntó Antonio con un deje de ironía.
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–Las pastillas son una ayuda, como un empujón para arrancar un coche en punto muerto. Hay pautas de fármacos que pretenden oxigenar los tejidos del pene para intentar revitalizarlos y mejorar la calidad de las erecciones. Pero mi trabajo es ver porqué el coche no arranca solo. Quizá necesites ajustar la dieta, dejar de fumar, o hacer más ejercicio. Pero lo importante en estos momentos es que te hagas una analítica sanguínea completa.
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–¿Sabes qué? Me daba, al mismo tiempo, un poco de vergüenza y pánico decírtelo, pero escucharte me alivia, porque me hace pensar que esto tiene arreglo.
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–Lo tiene, amigo. Pero prométeme una cosa: deja de buscar «remedios milagrosos» en internet y ponte en manos de un profesional de verdad.
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Antonio suspiró, más aliviado. El peso que llevaba en los hombros parecía haberse disipado en el fondo de la taza de café.
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