una gymkana de autobuses, aeropuertos y billetes por las nubes bajo un cielo lleno de cazas y misiles
Este domingo por la noche, en el desierto de Jordania, con todo el peso de la incertidumbre de no saber cómo volver a casa, y sin cobertura en los teléfonos, se pusieron a contar los cazas que pasaban atronando sobre sus cabezas. Contaron más de 40 aviones de combate. Y en el cielo, además, no dejaban de dibujarse estelas luminosas. Parecían fuegos artificiales si no fueran misiles o drones explosivos. Ahora que ya están volando a Asturias, las jóvenes asturianas Carolina García Martínez, ovetense, y Adriana Mencía Fernández, langreana, empiezan a darse cuenta de la apurada situación que vivieron desde el pasado sábado, cuando se vieron atrapadas en medio de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán. No ha sido fácil encontrar un avión de vuelta a casa. «Todavía no nos creemos lo que nos pasó. Hace unos días éramos un grupo de amigos tomando el sol y hablando en una playa y, de repente, bomba tras bomba tras bomba», comentaban en conversación telefónica con LA NUEVA ESPAÑA desde el aeropuerto de Burdeos.
[–>[–>[–>Estas dos alumnas de Comercio y Marketing de la Universidad de Oviedo formaban parte del grupo de 27 estudiantes españoles que están de Erasmus en Bolonia que decidieron hacer una escapada a Jordania a principios de esta semana. Llegaron a Ammán el jueves 26 de febrero y el 28 “empezó el caos”. En este grupo había cinco asturianos, cuatro alumnos de la universidad de Oviedo y otro que estudia en Madrid. Una semana antes había estado un grupo de amigos sin ningún problema. Nada podía salir mal.
[–> [–>[–>Nada excepto la voluntad de Donald Trump. El conflicto sorprendió a este grupo en el Mar Muerto, al lado de Israel. Desde allí pudieron ver, y sobre todo oír, cómo el sistema antimisiles de Israel interceptaba los proyectiles que explotaban en el aire. Por las noches era un poco más impresionante. Las explosiones iluminaban el cielo.
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La bombas les cerraron el camino de vuelta. Casi de inmediato, les anunciaron que su vuelo, previsto para el lunes 1, quedaba suspendido. Buscaron otro para el jueves, que también sería suspendido días después. Como no podían salir del país, decidieron mantener el itinerario previsto para aprovechar los alojamientos y la manutención que tenían contratada.
[–>[–>[–>Un tour operador que se portó como un padre
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Carolina y Adriana quieren destacar el papel del responsable del tour operador que los acompañaba. Desde el primer momento se mantuvo cercano y disponible. Les transmitió tranquilidad y llegó a decirles que haría por ellos lo que le gustaría que hicieran con sus hijos en una situación similar. Esa actitud fue decisiva para contener el nerviosismo y sostener el ánimo colectivo. Incluso se preocupó por ellos cuando comenzaron a dividirse en grupos más pequeños en busca de una salida a la situación.
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Crecía el nerviosismo entre las familias de estos jóvenes universitario a medida que se desarrollaban nuevo acontecimientos bélicos: en Jordania cayó más de un centenar de artefactos en dos días (principalmente, misiles y drones iraníes abatidos por el escudo israelí y también por las defensas jordanas). Y, también, era prácticamente imposible buscar una salida única para todos. Para entonces, algunos ya tenían las webs de los medios de comunicación “Jordan Times” y “Al Jazzera” en sus favoritos en el móvil.
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[–>Desde el Mar Muerto descendieron paralelos a la frontera con Israel hasta Petra, el gran enclave arqueológico de Jordania y una de sus grandes atracciones turísticas. Por las noches, Carolina y Adriana seguían viendo destellos y escuchando detonaciones en el aire en medio de la oscuridad del desierto. La tensión crecía y en Petra el grupo empezó a dividirse, forzados también por la imposibilidad de encontrar billetes para todos en un mismo vuelo de Royal Jordania, la única aerolínea que mantiene vuelos durante algunas ventanas horarias.
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Parte del grupo regresó a Amann, otra parte continuó a Aqaba, donde también hay aeropuerto internacional. También barajaron salir por mar hasta Nuweiba, en Egipto. La compañía de ferries reforzó servicios para atender a las miles de personas, principalmente turistas occidentales, que seguían esa ruta. Allí, el grupo volvió a fragmentarse: unos quedaron en Áqaba esperando un vuelo y otros, como fue el caso de Carolina y Andra, regresaron a Amann. Tuvieron que cruzar de nuevo todo el país. En Amann, donde el tour operador les dio alojamiento y algunas comidas, fueron repartiéndose para salir como pudieran. Unos consiguieron billetes hacia El Cairo, otros hacia Casablanca, otros hacia Túnez… La salida no fue conjunta ni inmediata, sino escalonada y condicionada por las oportunidades que iban apareciendo.
[–>[–>[–>El grupo de estudiantes españoles Erasmus en Italia que viajaron a Jordania, donde quedó atrapada la ofensiva estadounidense-israelí sobre Irán / .
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En cuanto a la respuesta institucional, padres y chavales se pusieron en contacto tanto con Ministerio de Asuntos Exteriores como con la Embajada. Las respuestas, refieren los protagonistas de esta peripecia, tuvieron diferentes grados de implicación. Muchas veces dependía sólo de la empatía de la persona que atendiera al teléfono. En la embajada trataron de orientarlos, les pidieron identificarse y registrarse en el Ministerio de Asuntos Exteriores y fueron incorporados a un grupo de WhatsApp para centralizar información. Desde el Ministerio, bastante más fríos, les trasladaron que se trataba de un problema global y que, en un primer momento, no había soluciones específicas. Los chavales aseguran que se sintieron un poco abandonados, sin más tutela que las de sus familias, y que a falta de soluciones institucionales y un criterio definido por parte de las autoridades, se buscaron la vida.
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El Principado de Asturias abrió también un registro informativo para asturianos en la zona, en el que varios se inscribieron. Barbón llamó a uno de ellos que les había escrito para informarse.
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Vuelos de 200 a 1.000 euros
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Si algo les resultó especialmente frustrante fue la relación con algunas compañías aéreas. Con los vuelos cancelados, contactar con ellas implicaba superar formularios, redirecciones y chatbots que exigían reiteradamente datos. En plena situación de tensión, el proceso se percibía más como una barrera que como una ayuda. Además, observaron cómo los precios de los billetes aumentaban rápidamente desde el inicio del conflicto, lo que interpretaron como una reacción puramente comercial en un contexto de emergencia. Había vuelos de 200 euros que pasaron a 1.000 euros.
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La salida definitiva llegó en una de las ventanas de calma. De madrugada les avisaron de que a primera hora de la mañana de este martes habría un margen sin bombardeos que permitiría operar algunos vuelos. “No había garantías, pero hubo una oportunidad y la aprovechamos. Con un poco de miedo a volar entre misiles, pero…”, dicen estas dos estudiantes. Ese mismo día Estados Unidos ordenó la salida de todos sus ciudadanos del país. Carolina y Adriana volaron primero a Túnez. Desde allí enlazaron con otro vuelo hacia Burdeos. De ahí, a media tarde de este martes volaban hacia Madrid. Luego a Asturias..
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El relato de Pablo Martín Pardo: «En la mañana del día 28 empezó el caos, estábamos en la playa cuando empezamos a escuchar explosiones»
Pablo Martín Pardo es otro de los asturianos que integraban el grupo de Erasmus. Escribió en un correo, remitido al Principado, su desagradable experiencia de un viaje a Jordania que se convirtió en una incursión en el teatro bélico de la guerra Estados Unidos-Israel contra Irán. Este es su relato remitido desde Jordania:
“Estamos de Erasmus en Bolonia y hemos venido a Jordania a pasar unos días juntos. Llegamos a Ammán el jueves 26 de febrero y el 28 empezó el caos. Habíamos reservado un hotel en el Mar Muerto para pasar allí la mañana del sábado 28. Cuando estábamos en la playa sobre las 11:30 horas, empezamos a escuchar explosiones”.
“En ese momento nos enteramos por las noticias de que Irán estaba respondiendo a los ataques de Israel. Después de las explosiones vimos algunos misiles sobrevolando la playa donde nos encontrábamos y eso nos preocupó aún más, sumado al hecho que en el cielo llegamos a ver el humo de los misiles interceptados. De inmediato nos pusimos en contacto con nuestros familiares y con la embajada española para saber qué es lo que debíamos hacer ante esta situación. La embajada nos facilitó varios teléfonos en caso de emergencia”.
“Pasada la tarde nos llegó la notificación de la cancelación del vuelo de vuelta, al igual que otros muchos jóvenes españoles que se encontraban en nuestra misma situación. Algunos integrantes del grupo se alarmaron por el miedo y la incertidumbre de lo que estábamos viviendo, y cogieron un vuelo de vuelta de una aerolínea jordana. Los precios llegaron a superar los 900 euros. Estos vuelos solo se dirigían a el aeropuerto de El Cairo, y una vez allí había que buscar un vuelo a una ciudad europea”.
“El grupo se quedó reducido y pasamos a ser 18 integrantes. Continuamos con nuestro plan, ya que las autoridades jordanas nos dijeron que Jordania era un espacio seguro para nosotros, y que no se iba a ver afectada por los misiles. Buscamos una solución para cambiar el vuelo del día 2 de marzo al 5 de marzo. Pasado el día nos llegó una noticia que cerraban el espacio aéreo y que existía la posibilidad que ese vuelo también iba a ser cancelado y no pudiéramos salir del país. Ante esta noticia, buscamos otras opciones. La embajada nos comentó que lo más seguro iba a ser el espacio marítimo que el aéreo, debido a los misiles. Empezamos a mirar ferries para llegar a Egipto y de ahí buscar soluciones para llegar a Europa. Decidimos que no era una opción viable, ya que no queríamos separarnos y nos informaron que esas zonas de Egipto no eran del todo seguras. Nos desplazamos al sur, ya que nos comentaron que sería más seguro estar alejado de la capital, que la queríamos evitar a toda costa”.
“La noche del domingo al lunes dormimos en el desierto de Wadi Rum. Pese a que las condiciones eran muy malas y seguíamos preocupados, nos consolaba saber que estábamos más alejados del peligro. Esa noche en el desierto empezamos a ver misiles colisionar tras unas montañas cerca de nuestro campamento, es decir hacia la zona de Israel. Esto nos empezó a alarmar más. Estábamos incomunicados debido a la falta de cobertura y no podíamos hablar con nuestros familiares. Esa misma noche escuchamos y vimos muchos cazas sobrevolar la zona, lo que nos dificultó mantener la calma”.
“Al día siguiente, cuando tuvimos cobertura , nos llegó un comunicado de la embajada que había riesgo de bombardeo a Ammán y debíamos de abandonar el país cuanto antes. Debido a eso tuvimos que mirar opciones para salir. Nuestra idea principal era ir juntos en todo momento, pero no era posible ya que los vuelos estaban muy saturados y esto conllevó a separarnos. Unos volaban a Él Cairo desde Aqaba y otros desde Ammán. Nuestro grupo volaba desde Ammán a Casablanca haciendo escala en Túnez”.
“Creíamos que ya lo habíamos resuelto todo, cuando horas después al grupo que volaba desde Aqaba a El Cairo les cancelaron el vuelo ya que dijeron que el espacio aéreo cerraba desde las 18:00 hasta las 9:00 como medida preventiva. Este fue el mayor momento de desesperación, sumado a la angustia de no saber qué nos pasaría a nosotros y a nuestros amigos. La buena noticia fue que después de hablar con la compañía, a nuestros amigos les pudieron cambiar el vuelo a las 9:00 desde Ammán. A nosotros nos comunicaron que nos adelantarían el vuelo a las 9:00 también, ya que era urgente la salida del país, por lo que nos alegró saber que nos volveríamos a encontrar, aunque fuera en el aeropuerto que intentamos evitar desde el principio. Ahora todos estamos a punto de despegar a nuestros destinos desde Ammán, y al llegar veremos cuál es la mejor solución para poder llegar a Bolonia”.
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