La ha acabado armando
En su ignorancia sobre las sociedades y religiones del mundo, Trump la ha acabado armando. Envanecido por su éxito al hacerse con Venezuela secuestrando a su odioso líder, para luego negociar con los dirigentes atemorizados, quiso repetir a lo grande la jugada en Irán. Si se hubiera limitado a bombardear otra vez, y con más éxito, las instalaciones de energía nuclear, hubiera cabido una respuesta proporcionada. Pero todo poder omnipotente acaba sucumbiendo al capricho. No es lo mismo «extraer» y «juzgar» a un mandamás contrario que asesinarlo –por abyecto que sea– junto a los suyos mientras se fingía negociar. Tampoco es igual un dirigente político que si, para colmo, sus devotos lo consideran también «espiritual» (aunque no sea el líder supremo). Ahora todos vaticinan una guerra larga, una crisis de petróleo y una ola inflacionaria. Ojalá haya modo de pararla cuanto antes.
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