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Viaje a Annecy, un sueño de la Edad Media en la Alta Saboya francesa | El Viajero

Viaje a Annecy, un sueño de la Edad Media en la Alta Saboya francesa | El Viajero
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  • Publishedmarzo 4, 2026



Annecy es una localidad a la que el viajero español no suele ir expresamente. La descubre cuando se dirige a los Alpes o a Suiza, y entonces le causa una más que grata impresión. Especialmente cuando se asoma a su casco viejo y, desde el puente Perrière, ve uno de los rincones más fotografiados de Francia: un peculiar fortín en forma de barco, el Palais de l’Île, rodeado por las aguas del río Thiou sobre las que emergen casas centenarias de coloridas fachadas en cuyos bajos hay todo tipo de animados bares y restaurantes.

El encanto se incrementa cuando, tras pasar el romántico puente de los Amores y cruzar la pradera del Campo de Marte, va apareciendo progresivamente el incomparable marco del lago de Annecy, de aguas de intenso azul turquesa, enclaustrado entre boscosas montañas de verdes laderas y blancas cimas, bajo la mirada de la imponente fortaleza medieval de la ciudad. Panorama que hizo que se le saltaran las lágrimas al escritor Mark Twain, como cuenta en su Travel Letters: “Te afecta de la misma manera que todo lo que es perfecto”. Tuvo la sensación de estar ante “una revelación, un milagro”, de vivir “un sueño de la Edad Media”.

Annecy es una de las principales y más antiguas ciudades de la Alta Saboya francesa. Sus orígenes se remontan al siglo I antes de Cristo, a los tiempos de galos y romanos. Adquirió relevancia en el medievo al elegirla como residencia los condes de Ginebra. Su casco viejo es un enjambre de callejuelas, arcos, pasadizos y puentes floridos que cruzan el Thiou y los canales del Vassé y Saint-Dominique. Es la “delicada, amable, humilde Venecia” que cantó Anna de Noailles, y por lo que es conocida como “la Venecia de los Alpes”. Las aguas vienen del lago y, a través del Thiou, de los ríos más pequeños de Francia con algo más de tres kilómetros de largo, desembocan en el Fier, afluente del Ródano.

Lo más recomendable es dejarse llevar por el casco viejo para ir descubriendo sus casas de fachadas piamontesas, de ventanas y pórticos renacentistas, con soportales sobre amplios pilares en las calles Sainte-Claire y Paquier; iglesias como la capilla de los benedictinos dedicada al santo de más devoción en Saboya, la de San Mauricio, del siglo XII, la más antigua de Annecy; o el mencionado Palais de l’Île, de la misma época, sobre un islote del río, que fue cárcel, fábrica de monedas, cuartel y hoy sala de exposiciones.

Gran parte de los monumentos de Annecy fueron testigos de su momento de más esplendor cuando en el siglo XVI la vecina Ginebra apostó por el calvinismo y su obispo católico se tuvo que refugiar aquí con un séquito de eclesiásticos y burgueses cultos y adinerados, por lo que fue apodada como la “Roma de los Alpes”. Uno de aquellos clérigos era el futuro San Francisco de Sales, nacido en el cercano castillo de Thorens, patrón de periodistas y escritores. En los 20 años que vivió en Annecy fundó, junto a Juana de Chantal, la Orden de la Visitación en la iglesia de San Francisco, a orillas del Thiou, y, con el jurista Antoine Favre, la Academia Florimontana que reunió a la élite intelectual y artística regional con el objetivo de extender la educación. Tuvo su sede en el Hotel Favre o Bagnorea, en la calle Sainte-Claire, cerca de la puerta medieval homónima, un edificio del siglo XVI de inspiración renacentista italiana sobre arcadas de grandes pilares en el que residía Francisco de Sales. La Florimontana sirvió de modelo para que, años después, Richelieu creara en París la Academia Francesa.

Otros palacetes en los que residió Francisco de Sales son el Hotel Lambert, del siglo XVI, su primera residencia donde vivió ocho años, en la calle Jean-Jacques Rousseau, cerca de la iglesia de los Cordeliers. En el Hotel de Charmoisy, en la calle de L’Ile, con sus viejas argollas en su fachada para atar las barcas, ejerció de consejero espiritual de Louise Charmoisy, la Filotea a la que dedica su Introducción a la vida devota. El Hotel de Sales, en la calle Paquier, es posterior, del siglo XVII, lo construyó un sobrino nieto y fue residencia de los reyes de Cerdeña. Cuando murió Francisco de Sales, sus restos fueron depositados hasta la Revolución en la iglesia de San Francisco y hoy reposan junto a los de santa Juana de Chantal en la moderna basílica de la Visitación, que cuenta con un museo del santo y de la orden.

Situada en la parte alta de Annecy, desde la basílica se puede uno dirigir al castillo, al que también se accede desde el casco antiguo subiendo por una empinada cuesta tras pasar el viejo puente Morens. Con orígenes en el siglo XI, conserva su aspecto medieval con su cuadrangular Torre de la Reina. Fue residencia de los condes y duques de Ginebra en los siglos XIII y XIV y cuartel castrense desde el XVII. Un aspecto poco conocido es que entre 1742 y 1749 fue cuartel español, de las tropas de Felipe V que ocuparon la Alta Saboya durante la Guerra de Sucesión de Austria. Hoy es un museo de etnografía y arte popular.

Francisco de Sales llegó a ser obispo de Ginebra en Annecy. Como sus antecesores, tuvo su sede en la austera catedral de San Pedro. Iglesia de los franciscanos construida en 1535, de estilo gótico y renacentista, en su interior destacan los cuadros La liberación de san Pedro, de Mazzola, y un Descendimiento de la cruz inspirado en el de Caravaggio (que algunos también le atribuyen). Uno de los miembros más famosos del coro de la catedral fue un joven llamado Jean-Jacques Rousseau. Tras dejar su Ginebra natal, según cuenta en Las confesiones, cerca de la catedral conoció a la baronesa Françoise-Louise de Warens, de quien se enamoró locamente. Rousseau tenía 16 años, la baronesa, 28. Vivieron juntos durante 14. La baronesa, empresaria y espía del duque de Saboya, fue su protectora y a quien Rousseau debe su formación. Influyó en sus ideas sobre la desigualdad de las mujeres con respecto a los hombres y le sirvió de inspiración para el personaje de su novela Julia, o la nueva Eloísa. El filósofo manifestó su deseo de que en el lugar donde la conoció el 21 de marzo de 1728 se hiciera un monumento con una barandilla dorada. Cerca de la catedral, una fuente con un busto del filósofo y una barandilla formada por corazones recuerda aquel primer encuentro. Se construyó en 1928, doscientos años después.

La residencia de la baronesa en la que habitó con Rousseau estaba donde se halla el antiguo palacio episcopal, de 1786, hoy conservatorio. En la calle Jean-Jacques Rousseau se halla la Maison de la Maîtrise, donde el joven filósofo se inició en la música.

Siguiendo las descripciones de la región alpina en las obras de Rousseau pasó por Annecy Lord Byron. Se dice que esbozó algunos de sus poemas mirando al lago. Otros escritores a los que impresionó este lugar fueron Alejandro Dumas padre, Paul Claudel y Pierre Drieu La Rochelle. El Nobel de Literatura Patrick Modiano pasó aquí su adolescencia; y sus últimos años el escritor Eugène Sue, exiliado por oponerse a Napoleón III. Sus restos reposan en el cementerio de Loverchy, a orillas del Thiou.

Annecy también atrajo a un buen número de pintores. El más destacado es Paul Cézanne, quien pintó en 1896 su cuadro El lago de Annecy o El lago azul en el que, con esta tonalidad dominante, reflejó la suavidad de sus aguas rodeadas de montañas y el castillo de Duingt en sus orillas. Cézanne lo pintó desde la antigua abadía de Talloires, un priorato benedictino del siglo XI, a orillas del lago, cerca de Annecy, convertido hoy en un hotel. Aquí se han alojado Napoleón III, Eugenia de Montijo, Mark Twain, Winston Churchill, Richard Nixon y Bruce Willis, entre otros. Gabriel Lippmann, inventor de la fotografía en color, realizó su primer cliché en 1902 en el claustro de la abadía. Las vistas del lago y de las montañas que lo rodean desde su terraza y restaurante son impresionantes.

Excursiones cercanas

Acercarse al hotel de Talloires es un aliciente para seguir descubriendo las orillas del lago en coche, bici o practicando senderismo. Verlo desde distintos ángulos, disfrutando (si es temporada) de un buen baño en sus playas y visitando la cascada de Angon o pueblecitos medievales como Menthon y Duingt. En el terreno del castillo de Menthon, que sigue en manos de la misma familia desde el siglo XII, nació San Bernardo, fundador de la orden que atendía a los peregrinos con la ayuda de perros san bernardo. Walt Disney visitó este castillo de cuento de hadas, se dice que inspiró el de sus películas.

Desde Menthon se puede acceder por carretera al Col de La Forclaz. Las vistas panorámicas del lago son inmejorables, al igual que las que se pueden admirar en la orilla opuesta, subiendo a la boscosa cresta de Le Semnoz y del Chatillon, y al Col de Leschaux. Los alrededores de Annecy son un paraíso para los montañeros, pues pueden disfrutar de otras emblemáticas crestas que se aprecian desde el lago como La Tournette, la montaña más alta que lo circunda, o el Veyrier. En invierno, Annecy es un lugar privilegiado para practicar deportes de nieve subiendo a las cercanas estaciones de esquí de Le Semnoz, La Clusaz, Le Grand Bornand, Sambuy y Manigod; y, a un centenar de kilómetros, las de Chamonix –en el incomparable marco del Mont-Blanc–, Avoriaz o Megève.

El lago de Annecy es de origen glaciar, de 14 kilómetros de largo y una media de más de uno de ancho. Se puede recorrer en barco, incluso disfrutando de una cena a bordo. Otro de sus atractivos turísticos es el buceo en las zonas de Menthon y Duingt, pueblos que conservan sus leyendas medievales. Entre Menthon y Talloires se halla La Roc de Chère, un saliente montañoso que se adentra en el lago con acantilados de 70 metros de altura. Según la leyenda, desde aquí se arrojó al lago Bernoline, la joven dama del cercano castillo de Angon, tras perder a su marido por una trampa tendida por el Diablo. Se dice que esta Dama del Lago arrastra al fondo a los jóvenes ahogados con la esperanza de que alguno sea su marido. Al no encontrarlo, se la oye llorar en la noche.

La leyenda de Duingt, en la orilla opuesta, cuenta que una Nochebuena las aguas del lago se tragaron una población después de que los aldeanos no dieran cobijo a una anciana y a su perro. Cada 24 de diciembre se oyen repicar las campanas de su iglesia desde el fondo del lago como lamento desesperado de sus habitantes allí atrapados.

Otra cosa a destacar de Annecy es su vida cultural. Organiza anualmente cada mes de junio el festival internacional de cine de animación más importante del mundo, cuyas películas y conferencias se suelen proyectar de nuevo en invierno. Por otro lado, cada primer sábado de agosto tiene lugar la Fête du Lac, una espectacular fiesta pirotécnica que atrae a numerosos turistas para ver cómo se iluminan las aguas del lago. Su origen es una “fiesta veneciana” que tuvo lugar en 1860 ante Napoleón III y Eugenia de Montijo para celebrar que Saboya pasara a formar parte de Francia.

La ubicación de Annecy lo hace un lugar idóneo para visitar otras localidades de la región como Aix-les-Bains y Chambéry. Merece la pena acercarse a las impresionantes gargantas que el río Fier ha excavado en la roca, con un puente colgante decimonónico que las atraviesa; así como al castillo medieval de Montrottier, sede actual de la academia Florimontane, con importantes colecciones de armas y obras de arte; y al de Thorens, hoy hotel propiedad de la familia de San Francisco de Sales, que guarda obras de Van Dyck. Y si se dispone de tiempo, Ginebra, puerta del lago LemÁn y de Suiza, está a solo 45 kilómetros. También se puede ver el lago Leman desde la orilla francesa, visitando localidades como Evian y Thonon.

Y, sobre todo, no se puede uno ir de Annecy sin probar la gastronomía de Saboya, a base de excelente carne de reses locales, pescados del lago (carpas, percas, truchas…) y quesos regionales como los Reblochon, Chevrotin, Abondance, Beaufort o Tome des Bauges, hechos con leche de vacas y cabras autóctonas, y elemento principal de platos típicos como la tartiflette, la fondue o el gratinado saboyano. Se pueden disfrutar tanto en restaurantes tradicionales del casco antiguo como Chez Mamie Lise, Le Freti, Le Chalet, Le Ramoneur Savoyard y L’Abbaye; como en los que rodean el lago y sus montañas. Regados con un buen vino de Saboya o una cerveza artesanal. Una buena manera de despedirse de Annecy y su lago.



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