el vinilo azul vuelve a rayarse
El futbolista avilesino Laura Díaz GonzálezApasionada seguidora del Real Oviedo, comenzó la pasada temporada a enviar desde Hong Kong sus análisis sobre la evolución del equipo azul para la edición «Asturias Exterior» de LA NUEVA ESPAÑA. Con su sección «Los más lejanos a tu lado» debutó como cronista del Oviedo justo en la temporada del sueño, el de volver a Primera División. En China estudió Relaciones Internacionales, continuó su formación en Bruselas y ahora emprende una nueva etapa laboral desde Madrid. Ella, que pertenece a la llamada «generación del barro», que acompañó al Oviedo en sus peores momentos, analiza desde la capital de España la marcha del Oviedo compitiendo con los mejores del fútbol español.
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El fútbol, como la música, tiene una extraña capacidad para quedarse atrapado en un estribillo. Hay temporadas que suenan como una sinfonía: cambian de ritmo, suben, bajan y sorprenden. Y luego están las que parecen un vinilo rayado, condenado a repetir la misma frase. El Real Oviedo lleva semanas escuchando esa canción.
[–>[–>[–>Una melodía irregular, desconcertante, capaz de tocar momentos de fútbol brillante —como el recital competitivo ante el Atlético— y, apenas unos días después, sonar completamente desafinada en Vallecas. Allí llegó el último acorde: un 3-0 seco, sin matices, con el que el Rayo Vallecano volvió a recordar a los azules en qué punto de la partitura están ahora mismo.
[–> [–>[–>La música de esta temporada
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Lo desconcertante del Oviedo no es solo que pierda. Es cómo pierde. Este equipo compone estrofas prometedoras. Hay momentos en los que suena compacto, competitivo, incluso emocionante. El Tartiere se engancha, la melodía parece crecer y uno piensa que el disco por fin empieza a sonar bien. Pero justo cuando la canción debería explotar… llega el silencio. Un error atrás. Un rebote que cae donde no debe. Un penalti evitable que rompe el partido. Un par de minutos de desconexión. Y todo se viene abajo. La temporada del Oviedo es un álbum lleno de buenas ideas y finales torcidos, empieza muchas canciones con ritmo… y acaba siempre con el mismo acorde menor. En Vallecas ocurrió exactamente así: el primer golpe justo antes del descanso, el segundo nada más empezar la segunda parte, el tercero cuando el equipo ya caminaba sin ritmo por el partido.Tres notas seguidas y la canción se acabó.
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El disco rayado
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Pero esta historia ni siquiera empezó en el césped. Empezó hace casi un mes, cuando el partido se suspendió apenas cuatro horas antes de disputarse porque el terreno de juego de Vallecas no reunía “las garantías necesarias”. Una de esas escenas que solo pasan en nuestro fútbol: entradas vendidas, equipos preparados, aficionados viajando… y de repente alguien descubre que el césped no está para jugar. LaLiga decidió aplazar el encuentro y reprogramarlo semanas después, en una gestión que dejó la sensación de improvisación permanente.Y así, el Oviedo llegó a Vallecas, para tocar una canción que llevaba un mes desafinando antes de empezar. Cuando por fin empezó el partido, el guión fue simple: el Rayo dominó, golpeó en el momento justo y el Oviedo apenas generó peligro.
[–>[–>[–>Pero la música no falla sólo en el escenario, sería demasiado fácil culpar solo al partido o a la liga, sino que el vinilo también está rayado dentro del propio club. El Oviedo se encuentra en una situación crítica, colista con apenas 17 puntos, y la pregunta empieza a sonar cada vez más fuerte en la grada: ¿dónde está el dinero del límite salarial?¿En qué se ha traducido la subida de los abonos?¿En qué se ha invertido todo lo que entra por marketing, camisetas y campañas de temporada? Porque da la sensación de que el club ha aprendido a vender el disco… pero se ha olvidado de grabar buenas canciones.
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Cambiar la partitura
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Quedan doce partidos. Doce oportunidades para cambiar la música de la temporada. Almada necesita ajustar la mezcla: menos errores atrás, más frescura arriba, más continuidad en el juego. Porque el problema del Oviedo no es que no tenga fútbol, es que lo pierde demasiado rápido. Y mientras tanto, el Tartiere seguirá haciendo lo que siempre ha hecho: cantar, porque la afición azul nunca abandona el concierto, aunque la banda encadene canciones tristes. Pero incluso los más fieles empiezan a sentir que la temporada lleva demasiado tiempo repitiendo el mismo estribillo, y en Vallecas volvió a sonar. ¿Saltará el vinilo al fin? Por ahora, tócala otra vez.
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