ACCIDENTE DE TREN DE CÓRDOBA
La tarde del 18 de enero pasado se prolongó hasta últimas horas de la madrugada para los trabajadores del tren Iryo siniestrado en Adamuz (Córdoba). Después de asistir y evacuar a los pasajeros (viajaba hacia Madrid con 289 personas), estos profesionales realizaron unas primeras declaraciones en la comandancia de la Guardia Civil de Córdoba, para contribuir a esclarecer el origen de la catástrofe.
[–>[–>[–>Su testimonio aborda las circunstancias que la rodearon y cómo se vivió la tragedia desde el interior del convoy. Así lo recoge un informe remitido, apenas cuatro días más tarde, por el equipo de Homicidios y Desaparecidos de la Policía Judicial al Tribunal de Instancia de Montoro, que dirige la investigación.
[–> [–>[–>Pudieron ocurrir «mil cosas»
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Los dos maquinistas presentes en el tren descarrilado, el conductor y otro que viajaba como pasajero, afirmaron que el accidente pudo ser provocado por «mil cosas». Sin embargo, el conductor apuntó la hipótesis de la «rotura de carril», que ahora se baraja con fuerza como una posible causa, en relación con la fractura de una soldadura.
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«Por la posición en que ha visto su tren, entiende que éste ha recibido un impacto y se ha salido (…) Que ha podido haber una rotura de carril, que el otro tren viniese ya descarrilado», detallan los agentes sobre la declaración del conductor. A la altura de la estación de Adamuz, «notó unos tirones y pudo ver cómo el cable de la catenaria empezó a moverse, pensando que había enganchado el pantógrafo (pieza superior del tren que hace contacto con la catenaria y que trasmite la tensión eléctrica)». Por ello, provocó un frenado de emergencia. El ordenador de a bordo «tenía muchísimas alarmas y avisos», entre otros, un incendio en el coche 6.
[–>[–>[–>Cuando su compañero le indicó que había descarrilado el coche 6 y que invadía el gálibo contrario, solicitó que se enviasen los servicios de emergencia y que cortaran de urgencia el tráfico en ambas vías. Desde el puesto de mando le informaron de que había descarrilado otro tren dentro del túnel y comprendió que se referían a un tren blanco (el Alvia), con el que se había cruzado. Tras solicitar permiso, abandonó su puesto para reconocer el tren y para ayudar en la evacuación de los pasajeros, y entonces tuvo noticia de la primera fallecida, que se hallaba en el coche 6.
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El tren Alvia se estrelló en Adamuz, en la zona cero. / Manuel Murillo
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Intentaron revisar la vía
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El segundo maquinista viajaba como pasajero tras realizar el recorrido contrario, Madrid-Málaga. En su declaración, sobresale la recogida de «todos los martillos rompecristales» para ayudar a los pasajeros a salir del tren. El coche ocho (el último) se hallaba completamente volcado y recogió unos pallets de las proximidades para, junto a otro hombre, subir al techo (en realidad, un lateral del tren), comenzar a romper cristales y sacar a todas las personas que podían valerse por sí mismas. Cuando llegaron los equipos de emergencia, inició una revisión de la vía con su compañero, pero fueron retirados por la Guardia Civil y sometidos a pruebas de alcohol y drogas.
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[–>«Mucha gente golpeaba los cristales intentando salir»
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Un auxiliar se hallaba con el carro de venta a bordo en el coche 6 cuando comenzaron los primeros signos del accidente. Percibió un golpe en la parte izquierda del tren, el coche comenzó a bandear y se quedaron sin luz desde este punto hasta el final del convoy. «Cuando notó que el tren se detenía, la gente se encontraba gritando y pidiendo auxilio». En ese momento, sus compañeros estaban en el coche 1 atendiendo la cena de los pasajeros de primera. Un policía y dos compañeros le ayudaron. Observó a «mucha gente que golpeaba los cristales intentando salir» e incluso «el cuerpo de un hombre con la cabeza en el cristal», ya fallecido.
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Cuatro minutos de sacudidas
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«De pronto, el tren tuvo un frenazo y comenzó a tener sacudidas hacia delante (…) Las sacudidas eran cada vez más violentas y las bandejas se estaban cayendo hacia los pasajeros», recordó en su declaración la azafata que ejercía aquella tarde como jefa de tren. «Cree que desde que el tren comenzó a frenar hasta que pararon las sacudidas pasarían, al menos, 4 minutos», recogió la Guardia Civil.
[–>[–>[–>A ella le correspondía revisar todos los coches. Entre otros detalles de la tragedia, mencionó cómo al final del vagón 6 «había una chica tumbada, junto a la cual había una médica o sanitaria de pie, que le indicó que no había nada que hacer». La jefa de tren «dirigió a los pasajeros para que se trasladasen de manera ordenada a los coches 1, 2 y 3, y comprobó que no se podía acceder al coche 7 (…) después pudo ver que su compañero trataba de acceder por las ventanas a ese coche, que estaba medio volcado».
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Varios pasajeros habían abierto ya dos puertas y entonces decidió evacuar el tren. Para ello, montaron dos escaleras de emergencia, una en el coche 1 y la segunda, entre el coche 2 y 3. Después de esto, comprobó que ya había guardias civiles en el lugar. Desde allí fue dirigiendo a los pasajeros hacia el apeadero.
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El atropello de un jabalí
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De su parte, un tripulante, coincidiendo con otra compañera, asoció el impacto en las ruedas al atropello de algún animal como un jabalí. Tanto este profesional como la azafata de cafetería (quien se agarró a una barra «porque pensaba que iba a salir volando») coincidieron en subrayar el fuerte frenado del tren. Esta última narró que, al abandonar el convoy, se percataron de la magnitud de lo ocurrido y se pusieron «a repartir bebida y comida con los pasajeros».
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El relato de los trabajadores del Iryo forma parte de la investigación de los hechos, que avanza en las últimas semanas con la práctica de otras pruebas. Por el momento, la Policía Judicial y la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) continúan trabajando con diligencias clave como el volcado de información de las cajas negras, que tuvo lugar este jueves en Madrid (ahora hay que estudiar los datos obtenidos), y los análisis de laboratorio. Inicialmente, la CIAF dispone de un año para emitir su informe final sobre el origen del siniestro.
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