El 94% de la supuesta reducción del paro con Sánchez es puro maquillaje estadístico
España cerró el año 2025 con la tasa de paro «oficial» más baja desde antes de la Gran Recesión. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el paro se sitúa en el 9,9%. Sin embargo, esa cifra es profundamente engañosa. La reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz ha alterado la forma en que se computa el desempleo, hasta el punto de que una parte sustancial de la supuesta mejora no responde a un mayor empleo real, sino a un cambio estadístico ligado a la expansión del contrato fijo discontinuo.
El núcleo del problema es simple: decenas de miles de personas que no están trabajando están registradas en las oficinas de empleopero no se cuentan como desempleados, simplemente porque mantienen una relación laboral formal como empleados permanentes discontinuos. Es decir, se encuentran sin empleo efectivo, pero sí fuera de las estadísticas oficiales de desempleo.
El Ministerio de Trabajo no publica claramente cuántos de estos demandantes corresponden exactamente a puestos permanentes discontinuos que se encuentran inactivos. Sin embargo, los datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) permiten hacernos una idea bastante aproximada de su magnitud. El Anuario estadístico del SEPE ofrece, por un lado, el número de trabajadores fijos discontinuados que permanecen inactivos y no figuran como parados y, por otro, el número total de demandantes de empleo con relación laboral.
En 2024 ambas cifras eran prácticamente coincidentes: alrededor de 690.000 trabajadores fijos inactivos discontinuos de media mensual frente a unos 713.000 solicitantes con relación laboral. Esta coincidencia no es puntual, sino estructural, y se ha repetido con gran estabilidad en los últimos años, salvo durante los meses excepcionales de la pandemia. En la práctica, esto indica que la gran mayoría de los solicitantes con relación laboral que no figuran como desempleados son trabajadores permanentes discontinuos que no están trabajando.
Sobre esta base, y aplicando un criterio prudente y conservador, se puede estimar que a finales de 2025 Había alrededor de 850.000 empleados fijos discontinuos inactivos inscritos en las oficinas de empleo, cifra que también crece respecto al año anterior. De media anual, el volumen de estos trabajadores sin actividad efectiva ronda las 760.000 personas.
La comparación con los datos de afiliación a la Seguridad Social refuerza la magnitud del fenómeno. A finales de 2025, el número de empleados fijos discontinuados que realmente estaban trabajando apenas superaba los 790.000. En los meses de menor actividad, como diciembre o enero, el número de Los empleados fijos discontinuos inactivos registrados en el SEPE pasan a ser superiores al de empleados fijos discontinuos activosuna situación que ya se había producido en 2024 y que se ha consolidado tras la reforma laboral.
Aunque los empleados fijos discontinuos representan menos del 5% de los afiliados al Régimen General, concentran aproximadamente una quinta parte de todos los solicitantes de empleo. Si estas personas sin trabajo efectivo se contabilizaran como parados registrados, el volumen total de desempleo aumentaría de forma muy significativa, situándose claramente por encima de los tres millones de personas. Ésa es la verdadera dimensión de la estructura estadística introducida por la llamada «contrarreforma laboral».
Otro dato revelador es la enorme brecha entre el número de afiliados y el número de beneficiarios de prestaciones. En 2025, Sólo unas 125.000 personas con contrato indefinido discontinuo recibieron prestaciones por desempleo de media mensual, frente a los más de 760.000 registrados como demandantes con relación laboral en situación de inactividad. La diferencia se explica por el agotamiento del derecho a las prestaciones en periodos cortos de actividad, la interrupción de las ayudas al reincorporarse al empleo, la pérdida de la subvención en caso de rechazo de la convocatoria y el incentivo administrativo para mantener activa la reclamación aunque no se perciba ninguna prestación.
Así se «maquilla» el paro
Según la EPA, España cerró 2025 con 2,48 millones de parados y una tasa de paro del 9,9%. Sin embargo, si se suman los demandantes con relación de trabajo que no se encuentran trabajando, el El número real de desempleados asciende a unos 3,37 millones.lo que eleva la tasa de desempleo a alrededor del 13,5%, muy por encima del 9,9% reportado por el gobierno en sus boletines oficiales.
Entre 2022 y 2025, el desempleo oficial se redujo en más de 700.000 personas. Sin embargo, si las estadísticas se corrigen para tener en cuenta el efecto de la Trabajadores inactivos fijos discontinuos, la caída real del paro apenas supera las 130.000 personas. Dicho de otra manera: más de cuatro de cada cinco «empleos» que explican la mejora oficial del desempleo no corresponden a personas que están trabajando regularmente, sino a trabajadores que aún están sin empleo efectivo pero que han dejado de contabilizarse como desempleados.
Los datos sobre la membresía también muestran la naturaleza estructural del cambio. En julio de 2019 hubo un poco más 300.000 contratos indefinidos discontinuados. En julio de 2025, la cifra superaba con creces los 900.000. Paralelamente, el peso del empleo temporal se ha reducido drásticamente. En la práctica, el contrato indefinido discontinuo ha sustituido al contrato temporal como mecanismo de ajuste, pero con una evidente ventaja política: el desempleo «desaparece» de las estadísticas.
El resultado es claro. Si se compara el nivel de desempleo efectivo de 2025 con el de 2021, la mejora real es prácticamente inexistente. Ante una caída de más de tres puntos de la tasa oficial de paro, el desempleo real apenas ha reducido unas décimas. Esto implica que el 94% de la supuesta reducción del paro que vende el Gobierno responde exclusivamente a un cambio contable, no a una mejora sustancial del mercado laboral español.
En resumen, España no ha resuelto su problema de desempleo estructural. Simplemente lo ha escondido bajo la alfombra estadística.
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