La confusión europea ante la guerra de Irán
El reciente bombardeo masivo de Irán por los EEUU e Israel no ha sido una sorpresa, aunque haya abortado unas negociaciones que probablemente nunca fueron más que una cortina de humo. Con el objetivo declarado de cambiar el régimen y la excusa de prevenir un peligro inminente, (pero, ¿no se habían ya destruido en junio pasado las capacidades nucleares de Irán?), se ha lanzado una guerra peligrosa para la estabilidad mundial que no cuenta con el respaldo del Congreso de EEUU, ni de su opinión pública, ni del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y por tanto es contraria al Derecho Internacional, cuyo respeto forma parte de los Tratados europeos
[–>[–>[–>Debería por tanto haber sido condenada por Europa. En su lugar, nos hemos sumido en la desunión y el desconcierto, hemos perdido influencia política y credibilidad en nuestros proclamados principios.
[–> [–>[–>Las pasadas experiencias de Afganistán, Irak, y Libia ya han mostrado la enorme dificultad de «nation-building» a base de ataques exteriores, y más aún si se pretende hacerlo a distancia. La razón real de los ataques parece haber sido no ir a remolque de Israel que en cualquier caso iba a atacar en un momento muy propicio. E Irán está respondiendo a la agresión, desestabilizando la región y con consecuencias graves para Europa en cuanto al suministro del petróleo y gas.
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Pero ningún líder europeo, salvo Pedro Sánchez, ha sido capaz de decir las cosas como son. Si un extraterrestre leyera las declaraciones de algunos líderes europeos no se habría enterado de los ataques iniciales de EEUU e Israel y creería que Irán ha iniciado la guerra bombardeando sin ton ni son a sus vecinos
[–>[–>[–>Países como Francia, Alemania y el Reino Unido, por no incomodar a Trump y no parecer que se está de parte de los ayatolás, incluso se han ofrecido a contribuir a destruir los misiles balísticos iraníes. Al canciller alemán le parece que no es el momento de recordar al amigo americano eso del Derecho internacional. Von der Leyen por su parte hace las típicas llamadas a la contención, con carácter general, como podría hacer cualquier ciudadano, pero reclamando a Irán que cese sus ataques y obviando la agresión inicial de Israel y Estados Unidos. Además de arrogarse, como viene siendo habitual un papel que no le corresponde porque la Comisión no representa a la UE en materia de política exterior y defensa.
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No podemos obligar a Trump y Netanyahu a parar su ofensiva, pero sí debiéramos tener una posición moral y política clara. El resto de líderes, o apoyan abiertamente a Trump, o se escabullen, esperando a que escampe. Pero Europa no puede pretender quedarse al margen de lo que está ocurriendo.
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[–>Ante esta guerra, la UE debe reivindicar con claridad el respeto al Derecho y el orden multilateral, sin que esto se confunda con simpatía ni apoyo alguno al régimen teocrático iraní, cuyas atrocidades represivas el gobierno español conoce y condena. Y debe hacerlo, primero, porque la prohibición del uso de la fuerza para resolver las controversias no depende de la naturaleza política del Estado agredido. Segundo porque, cuando el futuro de Europa depende de parar la agresión rusa en Ucrania, la relativización de estos principios nos debilita frente al resto del mundo que nos acusa con razón de practicar el doble rasero. Tercero, porque si no se respetan las reglas, seremos los principales perjudicados. Las grandes potencias imperialistas no necesitan el Derecho, le basta con el uso de la fuerza. Nosotros, construimos nuestra Unión precisamente desde el rechazo al uso de la fuerza para aplicarla con la brutalidad de otros. Y, finalmente, porque la inestabilidad en Oriente Medio nos afecta directamente, desde la generación de nuevos flujos migratorios a amenazas terroristas, pasando por los suministros de energía y su coste. Una guerra civil, o un Estado fallido en Irán, nos coloca en un escenario de pesadilla.
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Ciertamente, no podemos obligar a Trump y Netanyahu a parar su ofensiva, pero sí debiéramos tener una posición moral y política clara, y sobre esa base, utilizar todo nuestro capital diplomático para buscar una solución negociada. A fin de cuentas, es lo que se consiguió ya con el Pacto nuclear del 2015 y que Trump abandonó para llevarnos a otra guerra ilegal, ineficaz y peligrosa.
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