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la guerra del futuro se decide en el Golfo Pérsico

la guerra del futuro se decide en el Golfo Pérsico
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  • Publishedmarzo 8, 2026



Cuando Rusia atacó Ucrania en febrero de 2022, la ‘operación militar especial’ ordenada por Vladímir Putin tomó la forma de una guerra convencional: columnas de blindados, artillería y costosos misiles balísticos. Hoy, esas batallas se libran casi íntegramente con drones. La operación ‘Furia Épica‘, lanzada el 28 de febrero de 2026 por Estados Unidos e Israel contra Irán, está demostrando que no todos han tomado nota de cómo el conflicto ucraniano ha cambiado el mundo para siempre.

La primera fase de ‘Furia Épica’, en coordinación con su contrapartida israelí ‘Rugido del león‘, fue un éxito instantáneo tanto para Trump como para su aliado Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. Medio centenar de altos cargos del régimen de Teherán, incluido el líder supremo Alí Jamenei, perdieron la vida debido a bombardeos relámpago sustentados en años de trabajo de inteligencia.

La represalia iraní, no obstante, ha demostrado que su inversión en enjambres de drones es más que suficiente para sembrar el caos en el golfo Pérsico. Según el Centro para Resiliencia Informativa, una organización de análisis independiente fundada por el Foreign Office británico, Irán tendría capacidad para producir 10.000 drones al mes. Se ignora si los bombardeos han afectado a la producción.

En paralelo, los daños en las bases militares que mantiene EEUU en países del Golfo dan cuenta de cierta falta de preparación frente al contraataque. No solamente los sistemas defensivos están optimizados para contrarrestar ataques balísticos más que de drones, sino que se agotan con mucha rapidez. Para garantizar la destrucción de un proyectil entrante, las defensas suelen disparar dos interceptores por misil enemigo.


Ataques y vías afectadas en el golfo Pérsico.

Aunque Trump presumiera de tener un arsenal «ilimitado», el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, pintaba antes incluso del comienzo de la operación un panorama más sombrío. El alto mando trasladó su preocupación ante el riesgo de quedarse sin reservas antimisiles, ya de por sí comprometidas por la operación de defensa desplegada en la ‘guerra de los doce días‘ entre Israel e Irán el pasado verano.

Esta carestía ya habría tenido consecuencias trágicas para EEUU: los seis soldados fallecidos en bases militares habrían sido víctimas de estos ‘agujeros’ en los sistemas de defensas. Además, aliados de Irán también utilizan estos drones fabricados por Teherán para extender el conflicto. Es el caso del ataque contra la base británica de Akrotiri en Chipre, realizado con un dispositivo lanzado por Hezbolá desde Líbano.

El círculo se cerraba el jueves, cuando el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, anunciaba que EEUU les había solicitado ayuda para prepararse mejor contra los drones iraníes. «He dado instrucciones para proporcionar los medios necesarios y los especialistas ucranianos que puedan garantizar la seguridad», declaraba, en un cambio de tornas inimaginable hace cuatro años.

Cuánto cuesta cerrar el cielo

Los sistemas de defensa aérea son una de las tecnologías militares más sofisticadas para el campo de batalla contemporáneo. Integran radares de alta precisión, sensores múltiples y software avanzado al que se le incorpora Inteligencia Artificial capaz de detectar, clasificar y priorizar amenazas en segundos. Todo ello, sin embargo, implica costes exorbitantes.

Así, cada misil interceptor puede costar entre cuatro y doce millones de dólares. Una batería completa —que incluye radar, lanzadores y centro de mando— puede superar los 1.800 millones de dólares. En contraste, los misiles de corto alcance y los drones kamikaze a los que se enfrentan ahora tienen un precio de entre 20.000 y 50.000 dólares.

El sistema Patriot, uno de los pilares de la defensa antimisiles occidental desde la primera Guerra del Golfo, ilustra bien este problema. Cada misil tiene un coste aproximado de cuatro millones, con una producción anual de unas 600 unidades. La Casa Blanca aspiraba a fabricar 2.000 al año para 2028 tras firmar un acuerdo con Lockheed Martin para incrementar la producción.

Batería Patriot


Batería Patriot

Raytheon

Su radar de matriz en fase puede rastrear más de un centenar de objetivos simultáneamente, priorizar automáticamente las amenazas y guiar los interceptores hacia misiles balísticos, de crucero o aeronaves hostiles. Además, puede integrarse en malla con el resto de sensores desplegados, incluidos los pertenecientes a aliados de la OTAN.

Para destruir amenazas a gran altitud y a distancias mucho mayores que el Patriot, EEUU posee el sistema THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), diseñado para interceptar misiles balísticos. Se suman interceptores estratégicos SM-3 (Standard Missile-3) desplegados en buques y sistemas Aegis Ashore. Fueron los que involucraron a España recientemente en el derribo de un misil que se dirigía hacia Turquía.

Los sistemas de misiles interceptores SHORAD (Short Range Air Defense) como el NASAMS, y la artillería CIWS de punto añaden una capa final. Pero esta complejidad tecnológica eleva el coste de cada interceptor THAAD hasta cifras que pueden superar los 12 millones de dólares. En cuanto a los de tipo SM, cada unidad cuesta entre cuatro y cinco millones.

Los misiles iraníes: un arsenal menguado

Irán lleva décadas tratando de compensar su debilidad aérea con un formidable arsenal balístico. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) señala como sus principales proyectiles al Sejil, con un alcance de 2.000 km; el Emad, de 1.700 km; el Ghadr, de 2.000 km; el Shahab-3, de 1.300 km; el Khorramshahr, de 2.000 km; y el Hoveyzeh, de 1.350 km.

El think tank Arms Control Association (Asociación de Control de Armas) añadía entre sus estimaciones al Shahab-1, con un alcance estimado de 300 km, y el Zolfaghar, de 700 km. Un nuevo modelo del Sejil se encontraría también en desarrollo, con un alcance de entre 1.500 y 2.500 km. Y en junio de 2023, Irán presentó su primer misil balístico hipersónico, capaz de superar en cinco veces la velocidad del sonido y seguir trayectorias complejas.

El Comando Central del Ejército de Estados Unidos (Centcom) informaba esta semana que habían alcanzado 2.000 objetivos militares iraníes desde el comienzo de la operación ‘Furia Épica’. El almirante Brad Cooper mencionaba a los lanzadores de misiles, a cuya destrucción atribuía la drástica reducción de proyectiles balísticos lanzados desde posiciones de Irán.

Comparativa visual del alcance operativo y la capacidad de carga de los principales misiles de Irán


Comparativa visual del alcance operativo y la capacidad de carga de los principales misiles de Irán

Ministerio de Defensa de Irán

Así, según datos del think tank JINSA, Teherán lanzó 428 misiles el primer día como represalia, pero al día siguiente fueron 170. Los lanzamientos se mantuvieron en 186 el tercer día, pero el cuarto cayeron a 108, y el quinto, a 42. En paralelo, Irán habría perdido cerca del 80% de sus lanzadores. Empezó la guerra con 400, y habrían quedado en apenas 70.

El razonamiento estratégico es clásico: de poco sirve tener un arsenal de hasta 2.000 misiles balísticos de alcance medio almacenados en las ‘ciudades de misiles’ subterráneas si Irán no tiene de dónde lanzarlos. El veterano bombardero estratégico B‑52 Stratofortress de EEUU ha entrado en combate para ejecutar bombardeos de precisión contra el ‘sistema nervioso‘ de la fuerza balística iraní.

La baza de Irán: los drones ‘low cost’

Pero esto no aplica a los drones: no se lanzan desde plataformas visibles para la aviación y alcanzan sus blancos en el Golfo en cuestión de minutos. Bases militares, instalaciones de petróleo y gas o rutas marítimas estratégicas quedan a su merced. Y el régimen de los ayatolás podría haber empezado la guerra con 80.000 de ellos, según Defence Security Asia.

El Shahed-136, uno de sus modelos más exitosos, es un dron de ataque relativamente simple de 3,5 metros de longitud, 2,5 de envergadura y unos 200 kilos de peso. Pero es extraordinariamente eficaz en términos de coste-beneficio. Su precio se estima entre 20.000 y 50.000 dólares. La estrategia es evidente: un adversario puede lanzar centenares de drones baratos para obligar a su rival a gastar millones en interceptarlos.

Además, estos drones suelen emplearse en enjambres, saturando radares y sistemas de defensa. Con frecuencia se combinan con misiles de crucero o balísticos en el mismo ataque, complicando aún más la respuesta defensiva. En una guerra prolongada, esa diferencia de costes puede resultar decisiva.

El dron iraní Shahed-136.


El dron iraní Shahed-136.

EL ESPAÑOL

Los drones ‘depredadores’ de EEUU

Aunque Estados Unidos ha sido pionero en este campo, la estrategia del Pentágono ha seguido un camino diferente: plataformas de gran tamaño, tecnológicamente muy sofisticadas y capaces de operar durante largas horas a gran altitud. Los MQ-9 Reaper o los RQ-4 Global Hawk han sido los drones de combate que han sembrado el terror en Oriente Medio desde inicios del siglo XXI.

El MQ-9 Reaper es el principal dron armado de la Fuerza Aérea estadounidense. Es capaz de permanecer más de 27 horas en vuelo y operar hasta unos 15.000 metros de altitud. Transporta cerca de 1.700 kg de sensores, y armamento como misiles Hellfire y bombas guiadas de precisión. Su coste unitario es de decenas de millones de dólares.

UAV MQ-9 Reaper


UAV MQ-9 Reaper

LT. Col. Leslie Pratt

Wikipedia Commons

El RQ-4 Global Hawk es un dron estratégico de reconocimiento del tamaño de un pequeño avión comercial. Puede volar a 18.000 metros de altitud y recorrer distancias superiores a 22.000 kilómetros, permaneciendo en el aire alrededor de 30 horas. Su precio puede superar los 100 millones de dólares por unidad.

El Pentágono también está apostando por enjambres autónomos de drones controlados mediante IA. En paralelo, el concepto ‘loyal wingman‘ diseña drones para acompañar a cazas tripulados. Programas como el Collaborative Combat Aircraft emparejan al F-35 Lightning II o al F-22 Raptor con aeronaves que amplían sensores, armamento o capacidades de guerra electrónica.

¿Puede EEUU sumarse al ‘low-cost’?

La evidencia de la descompensación de fuerzas llevó a Pete Hegseth, secretario de Guerra de EEUU, a lanzar el proyecto LUCAS (Low-Cost Uncrewed Combat Attack System). Estas aeronaves buscan competir con el Shahed-136, y se han desplegado, aunque en medida mucho menor que sus adversarios, durante ‘Furia Épica’.

Con un coste aproximado de 35.000 dólares por plataforma, LUCAS se presenta como un sistema escalable que ofrece capacidades de vanguardia a una fracción del precio de los sistemas estadounidenses tradicionales, según explicó un capitán del Mando Central a TWZ. Pero su producción todavía está en fase preliminar.

The New York Times ponía la lupa este fin de semana sobre otro proyecto: el sistema Raytheon Coyote, mediante el que se lanzan drones cazadores de otros drones. Sin embargo, se calcula que cada interceptor costaría más de 125.000 dólares, por lo que enfrentarse con ellos a los Shahed sigue suponiendo una sangría económica.

El propio almirante Cooper trataba en su última comparecencia de cambiar el relato sobre las desigualdad de fuerzas, insistiendo en que Irán también ha perdido dispositivos más caros bajo fuego de armamento convencional. «Estamos derribando drones de 100.000 dólares con armas de 10.000 dólares«, prometía el jefe del Comando Central. Subrayaba así lo evidente: el futuro de la guerra basculará en función del balance económico, no el de fuerzas.



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