EEUU – ISRAEL | Trump y Netanyahu abrazan la guerra en un año con elecciones cruciales para el futuro de ambos
Antes de abrir la guerra contra Irán junto a Israel, Donald Trump pidió durante semanas sesiones informativas a sus asesores para estudiar cómo la acción militar podía permitirle proyectar fuerza dentro de Estados Unidos. En ese tiempo recibió numerosas advertencias de las dificultades que tendría para contener una escalada y del riesgo que iniciar el conflicto podría representar para el Partido Republicano de cara a las elecciones legislativas de noviembre, en las que se renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado y donde, con el actual control de su partido del Congreso en la cuerda floja, está en juego el futuro de su propia agenda. Su aliado israelí, Binyamín Netanyahu, tras plegarse a un alto el fuego en Gaza, también ha optado por abrazar de nuevo la guerra en año electoral: en octubre están previstas las próximas elecciones legislativas en las que se jugará su puesto de primer ministro.
[–>[–>[–>La decisión que tomó Trump expone su cálculo político y su convicción de que no va a pasarle factura una guerra que no tilda como tal sino como «grandes operaciones de combate» y que, ha dicho esta semana, cree que militarmente puede resolverse en «cuatro o cinco semanas».
[–> [–>[–>La Casa Blanca y los republicanos, no obstante, en su mensaje tienen que lidiar con incógnitas que ni la confianza extrema en sí mismo que expresa Trump resuelven: cuánto puede alargarse el conflicto, cuál será el alcance de la respuesta iraní, cuántas víctimas estadounidenses se acumularán sobre los seis soldados ya fallecidos y el impacto que la guerra acabe teniendo sobre los precios de la gasolina y, en general, sobre el coste de la vida, la principal preocupación de los votantes estadounidenses.
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Las encuestas
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Las primeras encuestas desde que cayeron las primeras bombas en Irán no justifican, en apariencia, la tranquilidad de Trump. En una realizada en las 48 horas siguientes al ataque en Reuters solo el 27% de los estadounidenses daban su aprobación a la guerra y el 43% la rechazaban. En otro sondeo de ‘The Washington Post’ el apoyo se elevaba hasta el 39% pero también el rechazo subía al 52%. Y en otra encuesta de CNN la reprobación alcanzaba el 59%, incluyendo el del 68% de los votantes independientes.
[–>[–>[–>El mandatario y algunos de sus asesores y defensores, no obstante, ven importantes matices en esos sondeos. En el de CNN el 77% de los republicanos daban su respaldo a la decisión de Trump. Según uno de la cadena conservadora Fox News, el 98% de la base más fiel del republicano sigue apoyándole.
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En un año electoral que ya antes de la guerra no se planteaba con las mejores perspectivas para los republicanos hay quien teme que la posible ola azul (el color de los demócratas) se vuelva tsunami en noviembre, especialmente en la Cámara Baja, Trump y los suyos, no obstante, miran a precedentes históricos como el de 2002, cuando en las legislativas los republicanos ganaron escaños pese al inicio de la guerra de Afganistán (aunque en 2006 sufrieron una paliza por la oposición a la guerra de Irak).
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[–>Se apoyan también en el respaldo mayoritario que han mostrado desde el sábado congresistas republicanos, incluso los que pelean en distritos muy competitivos. Y algunos demócratas moderados, también en distritos muy en puja en noviembre, han mostrado públicamente un apoyo, aunque sea tibio, a la guerra.
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Brecha MAGA
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Trump y su Administración han pasado la semana negando la trascendencia de la brecha con el movimiento MAGA que su decisión de ir a la guerra ha profundizado. Esa fractura ya se había hecho evidente por el caso de los archivos de Jeffrey Epstein y ha vuelto a exponerse, intensificada, en algunas de las voces más influyentes de la derecha y ultraderecha. Y la tensión en la coalición MAGA es evidente.
[–>[–>[–>«Sea lo que sea la nueva perversión retorcida de MAGA de Trump, va a a perder en las legislativas», ha augurado Marjorie Taylor-Greene, la excongresista de Georgia que rompió con Trump públicamente tras choques intensos por el caso Epstein. Ella ha criticado tajantemente la guerra como una «traición» y ha avisado de que pasará factura en noviembre. Y también ha recordado que «el Partido Republicano ya tiene un problema de voto con las mujeres» que va a profundizarse por la falta de acción en el caso Epstein y por los insultos y ataques a la credibilidad que desde la derecha se lanzan contra las víctimas. «Buena suerte con el intento de que mujeres republicanas voten por ustedes en noviembre, payasos insensibles», escribió en X.
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El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, pasará más de la mitad de su mandato electoral sumido en varias guerras. Sus soldados arrasaron la Franja de Gaza, el sur del Líbano y, ahora, buscan acabar con Irán. Sólo el rey Bibi podría haber imaginado sobrevivir a un error histórico como fue el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, pero parece que la recién ofensiva contra el país persa, impulsada de la mano con Estados Unidos, le dibujará un camino tranquilo hacia la cita electoral de este octubre. Junto al presidente estadounidense Donald Trump, ambos líderes conservadores abrazan la guerra en año electoral. Sin embargo, las reacciones de la población no son las mismas en Israel que en Washington.
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Cierre de filas en Israel
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Igual que ocurrió tras el 7 de octubre, toda oposición a Netanyahu en las calles y en la política se ha disipado y han cerrado filas con la estrategia bélica del Gobierno más derechista de la historia de Israel. El 81% de los ciudadanos israelíes apoya los ataques contra Irán, mientras que el 63% cree que la campaña debe continuar hasta la caída del régimen iraní, según una encuesta publicada por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional del país esta semana. Esto se ha trasladado en un aumento de popularidad para el Likud de Netanyahu, aunque no en una supuesta victoria electoral. Su bloque no ganaría en escaños si las elecciones se celebraran hoy, ya que el ascenso del Likud parece producirse a expensas de otros partidos de la coalición, según una nueva encuesta realizada para Zman Yisrael.
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Los últimos dos años y medio en Oriente Próximo han demostrado que la realidad puede cambiar de un momento a otro. Queda mucho para finales de octubre, cuando están convocados comicios en Israel. Los rumores de un anticipo electoral siguen presentes, aunque una fuente de la coalición de Netanyahu reconoce en ‘The Times of Israel’ que es poco probable que el primer ministro anticipe las elecciones para capitalizar las ganancias de la guerra porque eso parecería «cínico» y es posible que esté esperando un mayor incentivo en el futuro. Expertos políticos israelíes afirman que, aunque la victoria israelí en la guerra contra Irán le daría un impulso en las encuestas, no podría garantizarle una victoria en las próximas elecciones nacionales.
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Sin embargo, si el régimen cayera y eso propiciara, a su vez, una expansión de los Acuerdos de Abraham con países árabes que también están recibiendo ataques de Irán, sus perspectivas mejorarían significativamente. El precedente de la anterior ofensiva con Irán no garantiza una victoria electoral. Durante la guerra de los 12 días del pasado junio, el bloque de Netanyahu obtuvo entre 48 y 54 de los 120 escaños de la Knesset, el Parlamento israelí, en las encuestas. Los analistas alertan de que es demasiado pronto para firmar el obituario político del primer ministro más longevo de la historia del país. La sociedad israelí sabe que su líder cuenta con un arsenal bélico y político capaz de volver a llevar a Israel y a la región a un punto desconocido.
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