Un cuerpo para toda la vida
En «Romanticismo», de Rüdiger Safranski, para ejemplificar que Goethe no era ajeno al espíritu politizado de los tiempos, cuenta que «incluso llegó a comprar una guillotina de juguete para su hijo August». Un gran amigo mío sornón, zumbón, escritor y leal me apostilló con penita: «Caray, pues yo nunca vi ni tuve una Bastilla de PlayMobil».
[–>[–>[–>Tengo una amiga −más puntillosa y escogidita que es Carlos Boyero y era Carlos Pumares− que no sale de casa apenas. Se la pasa viendo series y pelis. Es mi gran fuente de información al respecto, pues no se enrolla y va al grano con la brevedad que cada día más ansío en este mundo de rollos. Cuanto más breves sean los críticos hodiernos, menos patadas darán al español. Le guasapeo para ponerme comprobar que seguimos coincidiendo bastante. ¿»El cautivo»? Mucho plano cenital, poca chicha; nada me interesa si Cervantes era gay, hetero, bi o alcarreño. ¿La serie «Romi»? Entretenida, larga, visible, pelín intensita María Cerezuela. ¿»Anatomía de un instante»? Me gustó más el libro. ¿»Mentiras pasajeras»? Divertida serie, encantará a los milenials. ¿»Salvador»? Ojalá le hubiesen explicado a Luis Tosar de qué (nazis) iba la peli. ¿»Land man»? Solo aguanté tres episodios (gente de confianza me la pondera muy mucho). ¿»Innato»? No me la creí. ¿»Dos tumbas»? Las venganzas siempre me ponen. ¿»Muertos S. L.»? Astracanada en capítulos, se pasa el rato. ¿»Marbella»? No están nada mal sus dos temporadas, la compro. ¿»El fútbol y yo»? Los argentinos prefieren esa clase magistral de interpretación de Guillermo Francella (16 personajes borda el tipo) que es «Homo argentum». ¿»Empieza el baile»? El tango, sin más. «La cena» Costumbrismo español cañí recién inaugurada la victoria franquista.
[–> [–>[–>Acaba de salir la segunda edición de «Vallekas 2084», de mi amigo Alejandro M. Gallo, cuya lectura no puedo por menos que recomendar vivamente no ya solo a quienes tengan gusto por la narración distópica (se harán fans de inmediato) sino a los amantes del entretenimiento con mala leche política de fondo (un servidor, por ejemplo). El mundo en poder de los trumpistas, nuevo orden, estado y religión, nueva realidad en definitiva (mejor «New Reality»). Solo Vallekas resiste y por ahí se sigue rebelando aquel inspector Da Costa que Gallo nos presentara hace ya, ay, tantos años (léase al respecto la nota al pie de la página 135, con las pertinentes autorreferencias a las anteriores obras del autor). Escojo catas al azar: un anuncio que reza «Clínicas Luthor: ‘cambios de sexo garantizados. Tres cambios anuales sin efectos secundarios’». Una cita de Philip K. Dick: «Si se puede poner en circulación suficiente desinformación, se puede abolir el contacto con la realidad de todo el mundo, y probablemente también del propio». Una alternativa: «Ecosexualidad, me meo de la risa. Ya no es hacer el amor en la naturaleza sino hacerlo con ella». Lo malo es que no sabe el lector si los pavores que anuncia la novela para 2084 no están ocurriendo ya, en 2026.
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Ojo, mucho ojo con el lenguaje que la extrema derecha usa y parece que tiene pensado seguir usando, dale que te pego (con perdón). Lean (con más perdón aún) a Álex Grijelmo: «En la Alemania nazi se llegó a proscribir el término ‘hercio’ (hertz), la unidad de medida de la frecuencia del sonido, porque rendía homenaje a su investigador, el judío Heinrich Rudolf Hertz». A ver si les va a resultar que…
[–>[–>[–>Tranquilizo a un vecino que va nervioso, inquieto y aprensivo al Centro de Salud. Le hablo de los avances de la ciencia médica, del buen aspecto que presenta… Acaba por tranquilizarme él a mí proporcionándome la divertida máxima con que hoy termino. Tras mirarme tratando de animarse, susurró: «Vas tener razón. Lo bueno que tien el cuerpu ye que, por malu que salga, dura tola vida». Como dice una tía mía, es una frase tan buena «que la comían los ángeles».
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