DAVID MENESES HIJO FRANCISCA CADENAS
Tras nueve años de incertidumbre, dolor y búsqueda constante, la familia de Francisca Cadenas empieza a ver el final al largo camino que comenzó con su desaparición el 9 de mayo de 2017. David Meneses, sobrino de la víctima, atiende a este medio con la evidente emoción del momento y la voz entrecortada. Sus palabras evidencian el desgaste de casi una década marcada por la ausencia, las sospechas y la espera de respuestas.
[–>[–>[–>“La familia estamos muy apurados, la verdad”, comienza diciendo. “Estábamos deseando que llegase este momento y, por lo menos, vamos a poder descansar un poco, que se haga justicia y sobre todo darle a ella el descanso que se merecía”.
[–> [–>[–>Meneses recuerda, además, el dolor acumulado durante todos estos años dentro de su propia familia, especialmente el sufrimiento de la madre de Francisca. “Su madre muchas veces nos decía: ‘yo me voy a ir con la pena de no saber dónde está mi hija’”, relata. Y así ocurrió. “Se fue con esa pena”.
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En estos momentos, los sentimientos se multiplican en ellos: nervios, dudas y una parte de alegría. “El sentimiento ahora mismo es muy difícil de explicar”, afirma. “Han sido nueve años. Los asesinos han estado en su pompa, viviendo tranquilos, pero nosotros hemos estado aquí sufriendo y eso no se lo deseo a nadie”.
[–>[–>[–>Especialmente difícil, reconoce, ha sido convivir durante tanto tiempo con la sospecha mientras los presuntos responsables seguían haciendo vida normal en el pueblo. “Tú los veías por la calle con esa cara de ‘yo no he roto nunca un plato’”, afirma y recuerda que esta misma semana negaban cualquier tipo de vinculación con la desaparición: “El lunes estaban declarando que eran inocentes, que no habían hecho nada. Y el miércoles nos enteramos de que había sido allí, en su casa”.
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Mayor impacto por las circunstancias
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El impacto ha sido aún mayor por las circunstancias en las que se conoció la noticia. “Yo estaba en el hospital, ingresado, y ni siquiera podía estar aquí cuando lo supe”, cuenta con las lágrimas en los ojos. “Saber que la tenían enterrada allí, con macetas encima, en el patio donde han estado viviendo todo este tiempo es muy fuerte”.
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[–>Sobre el lugar exacto donde se hallaron los restos, David explica que la información aún es limitada. “Sabemos que es en el patio, eso sí nos lo han confirmado”. En el vecindario, comenta, se habla de una zona con cemento y baldosas.“La gente dice que tenían macetas arriba, incluso que había una lavadora cerca o algo así”.
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Mientras tanto, los agentes continúan trabajando en el interior de la vivienda y en otras propiedades relacionadas. “La UCO sigue haciendo labores dentro del domicilio y también en fincas y corralones”, explica. E imagina “que estarán buscando más restos que puedan aparecer”.
[–>[–>[–>David reconoce que la familia vive con incertidumbre la falta de confirmación por saber si todos los restos están ya localizados. “No lo sé, de verdad que no lo sé”, responde con sinceridad. “No sé si tuvieron la sangre fría de enterrarla entera o de haberla hecho trozos”.
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“Ahora viene lo duro: el juicio”
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La familia, admite, está ahora enfrentándose a otra etapa difícil: el proceso judicial. “Estamos destrozados”, dice. “Queríamos que llegara este momento, pero ahora viene lo más duro: el juicio”. Y es que tendrán que escuchar el relato de lo ocurrido. “Vamos a tener que oír a esa persona que mató a mi tía aquella noche”, explica. “Escuchar esa declaración va a ser muy duro para todos”.
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Especialmente afectado está José Antonio, hijo de Francisca, quien desde el primer momento sospechó de la casa donde finalmente se hallaron los restos. “Él sospechó desde el primer día”, recuerda David. “La noche que desapareció fue allí, llamó a la puerta y le abrió J. G. muy agitado. Le dijo: ‘tu madre aquí no está’ y le cerró la puerta”.
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Pero lo que ocurrió después nunca dejó de perseguirle. “Mi primo dice que escuchó una voz dentro de la casa”, relata. “Decía que su madre estaba allí, que la oía decir: ‘mi madre está ahí, mi madre está ahí’”. Ahora, la familia intenta afrontar los próximos días con la mayor entereza posible. El objetivo: cerrar por fin una herida que lleva demasiado tiempo abierta.
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“Lo único que queremos es que pase todo cuanto antes”, concluye David Meneses. “Descansar, que se haga justicia y poder darle a mi tía una sepultura como se merece”.
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