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Por el pueblo azul de Chelva y el acueducto romano de Peña Cortada, una escapada perfecta para marzo | El Viajero

Por el pueblo azul de Chelva y el acueducto romano de Peña Cortada, una escapada perfecta para marzo | El Viajero
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  • Publishedmarzo 13, 2026



El azul no es un color muy utilizado en las ciudades españolas, y menos aún en las del interior. Pero hay tres excepciones notables. Está el azul índigo con el que tradicionalmente se decoran zócalos, fachadas, puertas y ventanas en La Mancha. Está Júzcar, en la Sierra de Ronda (Málaga), que se pintó de azul en 2011 para promocionar la película. Los pitufos y así quedó. Y está Chelva, capital de la comarca valenciana de Los Serranos o Alto Turia, una belleza milenaria y montañosa a la que cada vez acuden más viajeros atraídos por su ojos y su se afeita moretones.

Se dice que fueron los árabes quienes trajeron el sabor de este color a Chelva en el siglo XI desde su Chauen natal, la ciudad azul marroquí en las montañas del Rif. Si no es cierto, Chelva se esfuerza para que lo parezca. Azules son los antepechos, umbrales, jambas y dinteles de las casas de sus barrios históricos, los laberínticos y escarpados núcleos andaluces, cristianos, judíos y moriscos que se concentran en la parte más baja de la población. Azules son sus fuentes y sus lavabos. Incluso el ayuntamiento, construido entre 1870 y 1873, es azul.

La Ruta de las Tres Culturas

En la Plaza Mayor de Chelva, frente al Ayuntamiento, hay un cartel que explica cómo visitar los barrios mencionados siguiendo la ruta de las Tres Culturas. Es un corto paseo circular, de menos de un kilómetro y medio, pero que requiere dos o tres horas de máxima atención para fotografiar los cientos de rincones descubiertos y orientarse bien, lo cual resulta complicado a pesar de las numerosas señales. La Chelva medieval era y es muy confusa. Por si acaso, la oficina de turismo y su amable personal se encuentran al lado del ayuntamiento y, en la esquina de la Plaza Mayor con la calle José Manteca, donde comienza el paseo, hay un código QR para descargar la ruta oficial desde Wikiloc.

El primer distrito histórico a visitar es el barrio andaluz de Benacacira, donde se dice que se conserva intacto el diseño y la atmósfera de lo que fue una medina musulmana en los siglos XI y XII. ¿Así llamado? Sí, porque además de las casas azules y blancas, los pasajes oscuros, los pequeños terraplenes y las calles sin salida, hay rincones decorados con un gusto un poco anacrónico: altavoces que, cuando el transeúnte se acerca, emiten cantos de pájaros, setas alucinógenas pintadas en paredes y suelos de mil colores con graffitis tan poco andaluces que ponen paz y amor cualquiera poder de las flores. En el Callejón del Horno, que es uno de los espacios con más historia del barrio, donde se encontraba el horno comunal, hay incluso un pozo de la suerte para tirar monedas y pedir deseos. Quieres conseguir uno y esperar que prevalezca la moderación.

El sonido de una preciosa fontecilla azul en un rincón te da la bienvenida al barrio cristiano de Ollerías, un núcleo formado a lo largo del siglo XIV que debe su nombre a los numerosos hornos o alfarerías que allí se encuentran. No sólo es más espacioso y ordenado que el anterior. Más natural también: no parece ser producto de un concurso de embellecimiento, ni de que anoche hubiera tenido lugar una fiesta hippie.

Los judíos vivían en Azoque, una isla pequeña, aislada y misteriosa, con puertas de entrada y salida, en medio de un mar de goyimde los demás: los cristianos de Ollerías y los mudéjares de Rabal o Arrabal, a quienes se llega inmediatamente. En este último barrio, el más bonito de la antigua Chelva, se encontraba la mezquita de Benaeça, transformada en ermita de la Santa Cruz. En sus calles, calcadas del siglo XIV, resuena la dramática historia del vizconde de Chelva Francisco Ladrón y Pallás II, que murió de una herida de bala y varias puñaladas el 1 de octubre de 1584, asesinado por sus amores con un vasallo moro. La ermita de la Virgen de los Desamparados se construyó sobre la casa de un indefenso, un moro ejecutado por matar a este hombre. De aquí vinieron los primeros moriscos, expulsados ​​de España en 1609, y de aquí proceden las fotografías más bellas. instagrameable de Chelva, las que todo el mundo hace junto al paso de la calle Nuestra Señora de Loreto.

Un puente acueducto de 20 metros de altura

Otro lugar por el que todo el mundo pasa y fotografía es el acueducto romano de Peña Cortada, que hasta hace unos años se habría construido para llevar agua a Sagunto y del que ahora se sabe que ha muerto en Valencia. Sólo quedan 28,6 kilómetros de restos evidentes, pero su longitud era de casi 100, lo que lo convierte en el acueducto más grande de Hispania y el sexto más largo del mundo romano.

Su tramo más espectacular no está en Chelva, sino en el vecino distrito de Calles, pero como si así fuera, porque se llega en apenas 10 minutos en coche -o 45 minutos a pie- desde la plaza de toros. Allí, en plena montaña, rodeados de pinos carrasco, coscojas, madroños y enebros negros, descubrimos un puente acueducto o arcatura De 36 metros de largo y 20 metros de alto, que atraviesa el barranco de la Cueva del Gato en tres zancadas y le da un toque de vértigo y emoción al paseo. Acto seguido cruzamos la propia Peña Cortada, donde, para canalizar el agua, los romanos realizaron un corte vertical de 20 metros, como con un cuchillo gigante. Luego hay varios túneles con salidas de aire que ahora sirven como miradores y se respira, en uno de ellos, el inconfundible olor de las cabras montesas, que deben utilizarlo como madriguera.

Si somos caminantes largos, la alternativa a la anterior, que es un corto paseo de apenas una hora, es seguir desde Chelva las marcas blancas y amarillas del sendero PR-CV 92, pasando por el acueducto, continuando hasta Calles y regresando al primer pueblo por la abrupta ribera del río Tuéjar, afluente del Turia, viendo cuevas de época árabe, una antigua fábrica de luz, cascadas y piscinas como las de La Playeta que, con el buen tiempo, se perfecto para nadar. Es un recorrido circular de 15 kilómetros y una duración de unas cuatro horas, sin incluir paradas contemplativas ni aseos.

Callos Chelvano y Rolly Anís

Para descansar de ambos paseos, urbano y rural, en Chelva existen dos casas rurales ideales: La Antigua (693 00 36 08), en el distrito de Arrabal, y Casa Azul, en Benacacira. No hace falta decir de qué color son. Antes de estrellarse, el viajero puede y debe comer callos de Chelvano en la Tasca Plazi (Plaza Mayor, 6) y, de postre, unos rollitos de anís del horno de La Espiga (José Manteca, 4). En Chelva no existe ninguna especialidad gastronómica azul. Lástima.





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