esperas, dudas y rodeos que traen a los vecinos de cabeza
Las obras de rehabilitación del puente de Ribadesella, iniciadas en marzo de 2023 y retomadas en junio de 2025 tras una larga interrupción para modificar el proyecto por el deterioro de las pilastras y las discrepancias entre el Ministerio y la empresa constructora, están alterando la movilidad diaria entre las dos orillas del Sella.
[–>[–>[–>El puente conecta la zona de la playa con el casco antiguo y la zona comercial. Mientras continúan los trabajos, el tráfico se regula mediante semáforos y cortes periódicos. El cierre total al tráfico rodado, que inicialmente se anunció para septiembre del pasado año, se prevé ahora después del verano de 2026, aunque sin fecha concreta. La finalización de la obra tampoco tiene aún calendario cerrado y las últimas previsiones apuntan a comienzos de 2027.
[–> [–>[–>Vecinos, comerciantes y trabajadores que dependen del paso diario han tenido que reorganizar horarios y rutas para adaptarse a la situación actual y a la incertidumbre sobre el futuro cierre completo.
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Repartidores y transporte
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El repartidor José Angulo explica que las obras son motivo habitual de conversación entre quienes pasan a diario por la zona. “La verdad es que todo el mundo se queja. A mí ahora no me afecta mucho, ya tengo el semáforo calculado y aprovecho para descargar en este lado cuando está cerrado”, comenta mientras descarga mercancía en la Calle del Comercio. Sin embargo, su principal preocupación está en el momento en que el puente se cierre por completo. “Cuando lo corten por completo, sí que me afectará porque me va a suponer 40 minutos más en desplazamiento para repartir en la zona. Tendré que dar la vuelta por Bones”.
[–>[–>[–>Una situación similar vive el repartidor Nacho Méndez, de GLS, que cruza varias veces al día. “Pierdo mucho tiempo, porque paso varias veces al día repartiendo”, explica. La situación ha tenido incluso consecuencias empresariales: “Estamos en proceso de abrir una agencia de reparto. Íbamos a abrir aquí en Ribadesella, pero con esto del puente decidimos abrirla en Llanes porque los dos primeros años son muy importantes”. También teme el impacto en el tráfico cuando llegue el cierre total. “Cuando lo corten por un tiempo, se va a generar un atasco increíble en las curvas del Pando, desde la rotonda de la autovía hasta el cruce entre Calabrez y El Carme”. Además, considera que los avisos sobre los cortes deberían mejorar. “El único aviso que se pone es el de la rotonda y lo ponen el día antes. Tendrían que poner avisos en las dos salidas de la autopista para no encontrarte el cierre cuando ya no puedes tomar otra alternativa”.
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El taxista Óscar Bode también nota el impacto en su jornada laboral. “Con las obras estoy más rato parado que lo que tardo en hacer una carrera. Pierdes mucho tiempo en el semáforo”, afirma. En su caso, el problema se agravará cuando el puente quede cerrado al tráfico. “Cuando corten tendremos que bajar a la autovía. Son 20 kilómetros más que no podemos repercutir al cliente”. Reconoce que la actuación es necesaria, aunque le gustaría que se tuviera más en cuenta a los vecinos. “La obra hay que hacerla pero tendrían que minimizar el impacto en los vecinos. Los chavales del instituto tendrán que cruzar a pie cuando esté cortado”.
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[–>Comercios y actividad económica
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En el ámbito comercial, los negocios que necesitan desplazarse entre las dos zonas de la villa son los que perciben más directamente las consecuencias de las obras.
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La agente inmobiliaria Carmen Foubelo Díaz, de Veri Corral, explica que los cortes afectan directamente a su trabajo. “A mí me afectan mucho los cortes, porque si tengo que enseñar algo, tengo que tenerlo en cuenta, por si va a estar cerrado el puente o no”. Cuando el paso se interrumpe, el recorrido se multiplica. “Cuando está cerrado, tienes que dar una gran vuelta para un trayecto de 2 kilómetros”. Además, teme que el problema se agrave en los meses de mayor afluencia. “La regulación por semáforos ahora que hay poca gente bien, pero en Semana Santa y verano ya veremos cómo nos arreglamos con las colas de coches”. Si el puente se cierra totalmente, advierte, “me afectará muchísimo para trabajar. Es un gasto mucho mayor en tiempo y en gasolina”.
[–>[–>[–>En la panadería La Espiga de Oro, Juan Gonzalo Fernández y María Jesús Domínguez también se han adaptado a los tiempos del semáforo. “Entendemos que hay que hacerlo, pero nos afecta porque repartimos en la otra zona. El semáforo dura una canción y media que lo tengo controlado”, comenta Juan, con humor resignado. Sin embargo, el cierre total genera incertidumbre sobre la viabilidad de algunos repartos. “Si para recorrer 200 metros tengo que hacer 20 kilómetros, cuando corten totalmente igual no puedo repartir porque pierdo dinero. Todavía no pensé en ello, cuando llegue el momento ya veremos”.
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Algo parecido ocurre en la frutería de Ramón, donde Ramón Martínez realiza repartos frecuentes al otro lado del río. “Yo reparto en un sitio en el lado de la playa dos veces al día y en verano más veces, así que imagínate si me afecta”, señala. Para reducir el tiempo de espera intenta calcular los ciclos del semáforo. “Yo intento calcular para pillarlo abierto o ir a horas con menos circulación”. Aun así, se muestra escéptico sobre el cierre total anunciado. “Todavía no me creo que lo vayan a cerrar por completo. Dicen que será en septiembre pero todavía no me planteé qué haré cuando ocurra”. Martínez también critica la gestión del proyecto. “La obra hay que hacerla pero hay que saber hacerla, hay que pensar las cosas y tenían que haber tomado decisiones antes. Además llevan retraso y ya escuché que están gastando más que en uno nuevo”.
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En el sector hostelero también se percibe el impacto, especialmente en temporada alta. Guillermo Somoano, del restaurante El Ancla, señala que la situación se complica cuando aumenta la afluencia de visitantes. “Las obras del puente se notan más cuando hay puentes y en verano, porque hay muchos más coches y se complica”. En su opinión, los profesionales del reparto son los que más sufren la espera. “Tienen que esperar diez minutos en el semáforo”. Y cuando el puente se cierre totalmente, cree que el efecto será aún mayor. “Se notará más, porque la gente que vive en el otro lado solo podrá pasar a pie, y en este lado lo notaremos”.
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Adaptación de los vecinos
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Entre los residentes que cruzan el puente a diario, la estrategia más común ha sido modificar horarios y desplazamientos.
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Las vecinas Ana Isabel López Arroyo y Nuria García, que viven en Montesomos, explican que han aprendido a planificar los trayectos con más holgura. “Hemos salido de casa hace media hora. Te acostumbras a salir de casa con más tiempo, y si tienes que ir al Centro de Salud o a una gestión con hora asignada en esta parte del pueblo, con más margen, por si acaso”, comentan. En su opinión, el sistema actual de semáforos funciona razonablemente bien. “La regulación del semáforo está bien, porque aunque haya muchos coches, pasan todos los que están esperando a la vez”. Sin embargo, consideran que la información sobre los cortes podría mejorar. “El Ayuntamiento solo avisa el día antes en redes sociales y en la radio y si no estás pendiente, no te enteras”.
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También Jhon Vargas vive la situación de forma indirecta a través del trabajo de su esposa. “Mi esposa trabaja en un hotel en esta parte y cruzamos todos los días. Tiene que tener en cuenta las obras para llegar a tiempo al trabajo, sobre todo los fines de semana que hay mucho más tráfico”, explica. Ante la posibilidad del cierre total, se muestra preocupado: “Cuando el corte sea total va a ser terrible”.
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Por su parte, Covadonga Sanmartín, que vive en la zona comercial y cruza varios días a la semana para trabajar como limpiadora al otro lado del puente, reconoce que la situación resulta incómoda pero necesaria. “Es latoso, pero no queda otra, hay que hacerlo porque las aceras eran muy estrechas y no cabían dos carritos o una silla de ruedas”. Aun así, considera que la obra debería haber terminado ya. “Lo que es cierto es que debería de estar hecho”. Cuando llegue el cierre total, prevé que el impacto será económico. “Va a suponer más tiempo y habrá que dar la vuelta. Yo no voy a ser de las más afectadas porque no cruzo todos los días, pero ya he avisado que cuando cierren tendré que cobrar un poco más en los sitios en los que trabajo, porque me costará más llegar”.
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Mientras continúan los trabajos, vecinos y profesionales siguen pendientes del calendario de una obra considerada necesaria por la mayoría, pero que está obligando a reorganizar la movilidad cotidiana de toda la villa.
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